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sábado. 03.12.2022

El «derecho a decidir» en el interior del sindicato

Los primeros espadas del sindicalismo confederal catalán se han expresado a favor del «derecho a decidir» en Cataluña...

Los primeros espadas del sindicalismo confederal catalán se han expresado a favor del «derecho a decidir» en Cataluña. Al hilo de tan importante e inequívoca posición se me ocurren las siguientes meditaciones.

¿Se puede mantener esta posición con relación a la ciudadanía y, simultáneamente, dejar las reglas internas del sindicalismo tal como están en la actualidad? Aclaro que las reglas del sindicalismo son impecablemente democráticas. Por lo tanto, nada que objetar al carácter democrático de las mismas. Ahora bien, cuando se plantea el «derecho a decidir» para el conjunto de la sociedad en un acontecimiento eminentemente político –esto es, el futuro de las relaciones entre Cataluña y el (todavía) resto de España-- ¿puede el sindicalismo no hacer lo mismo en el interior de sus responsabilidades de representación, directa e indirecta de los trabajadores, incluidos sus propios afiliados? Evidentemente, se puede reclamar para otros lo que no se tiene en el interior del campo propio, pero eso (siendo legítimo) sería chocante. Porque, ¿bajo qué argumento descansaría dicha paradoja?

Así las cosas, ¿de qué manera entiendo que se puede resolver esta asimetría? Permítaseme una premisa: el sindicalismo confederal necesita avanzar en lo que podríamos definir dónde está la «soberanía», esto es, quién y cómo decide su acción sindical: la elaboración de sus plataformas reivindicativas a todos los niveles y el ejercicio del conflicto social? Sobre esto he planteado algunas cuestiones.

La primera conclusión es que la decisión soberana en el sindicalismo sigue estando en los grupos dirigentes de los ámbitos respectivos de aquello que hay que dilucidar. Es lo que se desprende de la tradición y lo que sanciona la norma estatutaria. Cuando, por unas u otras razones, se procede a un referéndum en el centro de trabajo es como fruto de una concesión del grupo dirigente de dicho ámbito, el del centro de trabajo. Pero una «concesión» que viene desde arriba no es un derecho que gozan los que, para entendernos, están abajo: es algo concedido que se otorga esporádicamente. Y, por lo general, se hace cuando hay que desembozar una situación. De donde, seamos claros, el referéndum es un mecanismo contingente para resolver un problema, pero no es un instrumento para que no haya problemas, esto es, como parte inseparable y lógica de la democracia deliberativa de la acción sindical.  De una acción sindical que, además, tiene el monopolio de la negociación colectiva (erga omnes) que determina una serie de concreciones socioeconómicas que afectan a las cosas públicas. De manera, estando así las cosas, parecería de cajón que el sindicalismo confederal  resolviera normativamente la asimetría entre tener el monopolio de la negociación (y ser responsable de sus consecuencias) y contar con unos niveles afiliativos muy distanciados del gran número de afectados (el erga omnes) de aquello que negocia.

Así pues, entiendo que hay que partir de lo siguiente: a) el sindicalismo debe dar un paso adelante en la concepción de qué se entiende por democracia interna; y b) cómo se plasma esa novedad en sus normas estatutarias. O lo que es lo mismo: situar la soberanía, como primer paso, en el conjunto de la afiliación; sería un primer paso que, aunque limitado, sería ya importante; establecer el mecanismo de la participación a través de una práctica refrendataria en cada ámbito concreto, el referido a la cosa que se trata.

En todo caso, es exigible que si se plantea el «derecho a decidir» para asuntos no directamente sindicales no te puedes llamar Andana en tu propia casa. A menos que se entienda que en casa propia mandan unas reglas diferentes de las que tu exiges a tu prójimo.

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