domingo. 21.04.2024

Democracia y medios de comunicación

En un largo artículo titulado Retos de la democracia Oscar Iglesias realiza un estudio sobre el impacto que están teniendo en el deterioro del funcionamiento de la democracia una serie de fenómenos: la concentración de los medios de comunicación, el papel de los partidos políticos, la distribución cada vez mayor de la riqueza en menos manos, el incremento de las desigualdades, la hegemonía del capitalismo

En un largo artículo titulado Retos de la democracia Oscar Iglesias realiza un estudio sobre el impacto que están teniendo en el deterioro del funcionamiento de la democracia una serie de fenómenos: la concentración de los medios de comunicación, el papel de los partidos políticos, la distribución cada vez mayor de la riqueza en menos manos, el incremento de las desigualdades, la hegemonía del capitalismo financiero con la correspondiente subordinación de la política a la economía, la expansión de los hiperliderazgos democráticos y las prácticas presidencialistas en los sistemas parlamentarios. Cualquiera de ellos es interesante y podría servir para redactar no solo un artículo, sino también libros muy extensos. En las líneas que siguen hablaré sobre el primero de los fenómenos, el del papel de los medios de comunicación en una democracia.

Desde la década de los 80 ha habido un proceso de concentración en grandes empresas de comunicación tanto de prensa, radio, televisión e Internet. La mayoría de medios pequeños e independientes han sido absorbidos por conglomerados muy centralizados. Otros los más críticos han desaparecido, como la edición en papel de Público. Las sedes de los principales veinte grupos mediáticos del mundo están en países industrializados. La mayoría en Estados Unidos, como Time Wagner, Disney/ABC, Viacom o News Corporation, la empresa del magnate Rupert Murdooch que engloba los periódicos The Sun y The Times y los conglomerados de cadenas vía satélite Fox y Sky. En España ha ocurrido también este proceso de concentración de medios con los grupos de Prisa, Unidad Editorial, Planeta, Vocento, Grupo Godo… En ellos los principales accionistas son las entidades financieras, por lo que estas están en sus consejos de administración. La crisis económica ha acelerado la “financiarización de las empresas periodísticas”. El sector financiero ha tenido siempre una gran influencia sobre los medios por una doble vía: mediante la contratación de publicidad -los bancos suelen encontrarse entre los principales anunciantes- y la concesión de créditos. Pero la reciente crisis disparó la deuda de las grandes empresas de comunicación españolas y, al no poder afrontarla, la banca ha venido en su ayuda. Esta concentración ha sido posible gracias a las políticas públicas caracterizadas por una ideología dominante de la liberalización, la privatización y la desregulación que responden a las exigencias del mercado.

Este fenómeno de concentración nos conduce inevitablemente a preguntarnos si ¿Estamos en una democracia que tiene en los medios de comunicación un aliado para su fortalecimiento o en una democracia de la que se sirven los medios de comunicación para sus propios intereses? La cuestión planteada es crucial. Según sea el papel de los medios de comunicación se podrá hacer una valoración de esta.

Lo que parece claro que esta excesiva concentración va en detrimento del pluralismo, ya que disminuye claramente la oferta informativa. Por otro lado siguiendo a Montesquieu, el poder excesivo no es bueno, ya que “el poder corrompe y si es absoluto corrompe absolutamente”. Tanto poder concentrado en pocas manos propicia una serie de fenómenos muy perjudiciales para el buen funcionamiento de un sistema democrático. Las instituciones públicas y los partidos políticos pueden llegar a ser muy dependientes de la información de los medios de comunicación. Estos comienzan a gobernar la cosa pública al servicio de sus propios intereses sin haber sido votados para ello. La ciudadanía empieza a escuchar más y a dar más credibilidad a los medios que a sus representantes políticos. La información tiende a ser cada vez más homogénea, excluyendo la opinión de otras opciones políticas. Con ser tan grave lo expuesto, lo es más todavía que los medios de comunicación se pueden convertir un medio de control social al servicio de determinados intereses. Esta situación la estamos constatando en estos momentos en España. Determinados mensajes, en tanto en cuanto pueden perjudicar a los grandes grupos empresariales y financieros, lo tienen muy difícil el poder llegar a la ciudadanía, salvo que sea en medios alternativos y poco conocidos. Ha sido ocultado o poco conocido el mayor fraude financiero de la historia: la manipulación del líbor (London Inter-bank Offered Rate), el indicador que, en palabras de The Economist, «determina en todo el mundo el tipo de interés que los particulares y las empresas pagan por los préstamos o reciben por sus ahorros», lo que no solo afecta a las transacciones entre bancos, sino a nuestras hipotecas, al precio a que pagamos los plazos del coche o las tarjetas de crédito.

Según señala Juan Carlos Monedero en este momento, los medios son, quizá, el principal actor político en las sociedades contenidas, pues tiene capacidad de doblegar a los partidos, ensalzar o hundir candidatos, direccionar a la opinión pública, perfilar sus contornos a través de encuestas, preparar guerras, ocultar información, cambiar consejos de administración, adjudicar rating de audiencia, ubicar publicidad y ocultar otra, en definitiva, hurtar la creación de una esfera pública deliberativa que es condición sine qua non de un juego democrático basado en la alternancia de opciones que se conocen. Gerardo Pisarello en su libro Un largo Termidor. La ofensiva del constitucionalismo antidemocrático, expresa que la libre circulación de ideas y opiniones se ve amenazada por los grandes medios de comunicación cada vez más concentrados y vinculados con los poderes financieros y empresariales, que al alcanzar tanto poder, salvajes los denomina Luigi Ferajoli, pueden contrariar o delimitar la soberanía expresada por la sociedad en las urnas y poner en peligro la democracia. Las empresas de comunicación son poderes de hecho, influyentes sobre los asuntos públicos y con agendas que no responden necesariamente a los intereses de la sociedad. Según Sánchez Noriega “tienen capacidad en el espacio político para boicotear leyes o difundir determinadas demandas y, a la vez, una gran resistencia a las imposiciones del poder político”.

Boavetura de Sousa Santos en La Quinta Carta a las Izquierdas lanza estas preguntas : ¿Por qué Malcolm X tenía razón cuando advirtió: “Si no tenéis cuidado, los periódicos os convencerán de que la culpa de los problemas sociales es de los oprimidos y no de los opresores”? ¿Por qué las críticas de las izquierdas al neoliberalismo entran en los noticieros con la misma rapidez ee irrelevancia con la que salen? ¿Por qué son tan escasas las alternativas cuando son más necesarias? La respuestas están en lo que ya nos expresó Carlos Marx en La Ideología alemana: "En efecto, cada nueva clase dominante se ve obligada, para poder sacar adelante los fines que persigue, a presentar su propio interés como el interés común de todos los miembros de la sociedad, es decir, a presentar estas ideas como las únicas racionales y dotadas de vigencia absoluta". Y así nos pasa lo que nos tiene que pasar. Una parte importante de la ciudadanía española asume como inevitables los recortes sociales, al haber interiorizado que nos los merecemos por haber vivido por encima de nuestras posibilidades. Un poco antes de escribir estas líneas, he podido escuchar en un bar cercano a mi domicilio a un joven que está en el paro, que los culpables de su situación son los sindicatos. No he querido replicarle, porque una vez que lo intenté tuve que sufrir un cúmulo de insultos. Esta es la situación.

Como conclusión a todo lo expuesto como señala Rafael Poch “Hoy domina una mentalidad mucho más uniforme en las redacciones europeas: todos dicen más o menos lo mismo; de Obama, Venezuela o Irán, hablan de “proceso de paz” de “tender la mano”, de “lucha contra el terrorismo” y en general se comulga con el proceso general de gran desigualdad que impulsa la globalización. En ese proceso, los periodistas son meros tornillos de una máquina monstruosa en la que la información, que moldea nuestras opiniones y actitudes políticas, está en manos de empresas, es decir de estructuras jerárquicas fundamentalmente antidemocráticas que se sostienen sobre la publicidad empresarial. Una democracia digna de tal nombre debería cambiar eso de la misma forma en que en el pasado introdujo el voto femenino o las leyes de incompatibilidades.

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