viernes. 21.06.2024

Debe ganar Rubalcaba

Nueva Tribuna nos invita a pronunciarnos sobre si puede ganar Rubalcaba. Es una buena pregunta, aunque insuficiente, porque le falta otra: ¿debe ganar Rubalcaba? Y esta segunda, en pura lógica, debe ser contestada antes que la primera. Solo hay una alternativa -una nada más- a que Rubalcaba gane las elecciones: Rajoy. Esto es, solo cabe otro gobierno español que no sea socialista: el de la derecha. Esta es la realidad.

Nueva Tribuna nos invita a pronunciarnos sobre si puede ganar Rubalcaba. Es una buena pregunta, aunque insuficiente, porque le falta otra: ¿debe ganar Rubalcaba? Y esta segunda, en pura lógica, debe ser contestada antes que la primera.

Solo hay una alternativa -una nada más- a que Rubalcaba gane las elecciones: Rajoy. Esto es, solo cabe otro gobierno español que no sea socialista: el de la derecha. Esta es la realidad.

Por eso me llama la atención que haya quien, antes que nada, escriba taxativamente “Sr. Rubalcaba: lo siento pero no le creo”, como Don Manel García Biel. No se trata de creer o no en un candidato personalmente, ni tampoco de creer o no en si cumplirá todos sus compromisos electorales, asuntos que entran dentro de la aproximación subjetiva de cada uno de nosotros.

La cuestión es bien distinta: si se está de acuerdo con sus propuestas y si se está dispuesto a exigir, de llegar a La Moncloa, su cumplimiento.

¿Estamos de acuerdo con las primeras propuestas desgranadas por Rubalcaba, es decir: impuesto sobre las transacciones financieras internacionales, impuesto sobre las grandes fortunas, eurobonos, agencia europea de calificación de deuda, protección y mejora del estado del bienestar (empezando por sanidad y educación) y rechazo frontal de su privatización o sometimiento al repago (que no copago, porque ya pagamos con nuestros impuestos y cotizaciones), sistema electoral más proporcional, cambios legislativos para impedir la corrupción, entre otras?

Si la respuesta es afirmativa, cabe una pregunta complementaria: ¿propone algo parecido la derecha? Evidentemente, no: todo lo contrario.

Es decir, si consideramos que en una nueva coyuntura económica debe abrirse una nueva etapa política en la que el PSOE retome un programa de cambio nítidamente de izquierdas para salir de la crisis, entonces está claro que pensaremos que debe ganar Rubalcaba.

Otra cosa son consideraciones del tipo no le creo porque el Gobierno de Zapatero ha aplicado tal o cual política, o, en términos de sal gruesa, afirmar que los cuadros del PSOE “ya no son un partido de izquierdas, ni un partido socialista ni socialdemócrata. El PSOE es hoy claramente un partido de centro puro, social-liberal, que tiene la suerte de que la derecha en este país es derecha pura y dura”, como hace el Sr. García Biel, que incluso va más lejos: “El PSOE, debe decirse claramente, es irrecuperable para la izquierda, hasta podría decirse que es nocivo que se presente como un partido de izquierdas, porque contamina a todas las izquierdas”. ¡Ahí es nada! ¡Penalti y expulsión!

Pero ¿quién tiene el sello para expedir certificados de izquierdas?, ¿quién puede arrogarse el derecho a afirmar que el otro no es de izquierdas?, ¿en nombre de qué pensamiento crítico y abierto –propio de la izquierda, se supone- se quiere situar en el campo ideológico opuesto a cientos de miles de militantes del PSOE?, ¿pero es que se considera que los millones de electores del PSOE que votan a este partido porque estiman que representa a la izquierda están equivocados, alucinados o, también objetivamente, por hacerlo, son de derechas?

Demasiadas veces en la historia quienes se creían en posesión de la única verdad y del certificado de la izquierda auténtica cometieron errores que los trabajadores terminaron pagando con creces.

No seré yo quien llame al voto útil, faltaría más.

Pero sí afirmaré alto y claro que votar a Rubalcaba es tan de izquierdas o más que hacerlo al candidato de IU, al de ICV o al de cualquier formación que se reclame de la izquierda. Ni más ni menos.

No me resigno a que, desde un discurso de salón, se nos invite a que la izquierda pase una temporada en la oposición para “regenerarse”. No me resigno porque frente a Aznar no vivíamos mejor. No me resigno porque no tenemos derecho a permitir sin más que los trabajadores o los sectores más débiles de la sociedad sufran el programa de una derecha que va a cargar contra el modelo social que hemos construido y a hacer retroceder las impresionantes conquistas de igualdad que hemos puestos en marcha.

¿O es que nos olvidamos de su discurso polvoriento sobre la España autonómica, de sus recursos contra la Ley del Aborto y la legislación que asegura la igualdad de todos independientemente de su orientación sexual, de su apuesta por la energía nuclear, de su posición respecto a la educación para la ciudadanía o de sus intereses a favor de la privatización de los servicios públicos?

Desde luego, yo no me olvido y por eso no quiero que gane la derecha. En la oposición no se vive mejor, sino que se pierde tiempo para el avance político y social.

El Gobierno al que ha pertenecido Rubalcaba no ha hecho todo bien, pero mucho sí. Lo hecho mal habrá que cambiarlo. Lo hecho bien, profundizarlo. Pero eso Rubalcaba debe ganar las elecciones.

Y ahora sí contesto a la primera pregunta de Nueva Tribuna: ¿puede ganar Rubalcaba?

Sí, si se presenta con el programa de izquierda de gobierno que empezó a apuntar en su discurso de aceptación de la candidatura el 9 de julio. Sí, porque su perfil y trayectoria (de promoción del estado del bienestar, de lucha contra el terrorismo, de adversario de la derecha, entre otras muchas cualidades) van a animar a muchos votantes progresistas desencantados. Sí, porque discurso y persona van a atraer a muchos votantes de izquierdas en todo el país y de todo origen político y social. Sí, porque hay una mayoría progresista en este país.

Puede ganar, pero, sobre todo, debe ganar. Y ese tiene ser el objetivo de todas las izquierdas, cada una desde su identidad y su derecho a tratar de ser hegemónica, papel que encarna hoy el PSOE.

Debe ganar Rubalcaba
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