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miércoles. 10.08.2022

De manifestación, reformas y respuestas...

Ayer las calles de toda España se llenaron de manifestantes contra la reforma laboral del gobierno del PP.

Ayer las calles de toda España se llenaron de manifestantes contra la reforma laboral del gobierno del PP. Ahora podrán hacer (desde los medios de comunicación que escriben el guión a la derecha política) toda la demagogia contra quienes estábamos allí, sobre si éramos muchos o pocos, todos liberados a tiempo completo o parcial o simplemente pancarteros peligrosos y rencorosos (vuelven los viejos tiempos de la descalificación Aznaril). Da lo mismo. Los cientos de miles de personas que salieron a la calle a decir no a una reforma injusta, inutil e ineficaz son una realidad que representa a otros muchos ciudadanos. Tan reales como los miles de manifestantes de la derecha que salieron a la calle contra la Ley de aborto (¿donde están ahora que el PP anuncia que el aborto vuelve a tener la regulación del año 85 que favorecía cientos de miles de interrupciones voluntarias del embarazo?), contra la política antiterrorista del gobierno (¿les habrá gustado la cordial relación de diputados del PP con los de Amaiur, su no ilegalización o que el ministro del interior haya reconvertido a ETA de banda de criminales a sujeto político?)…, esos mismos a los que Telemadrid convertía en motivo de programación monográfica de un medio público al servicio del PP, mientras ayer hacía el vacío a la manifa de ayer.

Pues que quieren que les diga. Yo estuve allí, porque estoy en contra de esta reforma laboral que destruirá aún más empleo y que desnivela el equilibrio entre empresario y trabajador, dejando a este último totalmente desprotegido. No porque sea un inmovilista ni un defensor de privilegios (¿qué mal vamos cuando a los derechos sociales les llamamos privilegios no?). Soy un firme defensor de la necesidad de aplicar reformas profundas en nuestra economía y nuestro modelo social: desde la reforma fiscal para que pague más quien más tiene, pasando por la retirada de subvenciones a diversos sectores o la reformulación de nuestro modelo autonómico y local con una clarificación de competencias y financiación…

Pero las reformas tiene que ser motivadas, útiles y necesarias. No vale aprovechar la coyuntura y que la crisis llena de miedo a la gente, para tomar medidas que no valen para combatir la crisis y que sólo sirven para transferir rentas del trabajo a la cuenta de resultados de las empresas y generar más desigualdad en nuestra sociedad. El resumen es que como no pueden devaluar la moneda, el PP ha decidido devaluar el mercado laboral.

Y una última reflexión. No es nada nuevo decir que no compartí gran parte de las medidas tomadas por el gobierno Zapatero desde mayo del 2010. Han sido públicos mis desencuentros con la aplicación de muchas de las recetas impuestas en nombre de los mercados, primero porque no eran útiles para crear empleo y segundo, porque como he dicho mil veces consagra una mentira: que la única política económica posible es la del capitalismo salvaje y la desregulación.

Pero que quieren que les diga, las que está tomando el gobierno Rajoy con sus mentiras (no subiré impuestos, no abarataré el despido…), con sus excusas (el déficit que no sabiamos cual era aunque gran parte lo hayan generado nuestros gobiernos autónomos llenos de amiguitos del alma, de aeropuertos sin aviones y de infantes consortes) y con las que aún quedan por llegar (tras las elecciones andaluzas)… son mucho más graves, perniciosas e irreversibles.

Cuando algunos dicen eso de ¡son todos iguales!, pues que quieren que les diga… ¡unos son más iguales que otros!

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