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martes. 09.08.2022

De la recesión a la depresión

El miércoles 11 fue un día negro para la sociedad española. El programa de recortes que presentó Rajoy supone una quiebra profunda de elementos centrales de nuestro modelo social, económico y político. El presidente Rajoy consumó en el Congreso un fraude electoral al completar un programa de gobierno radicalmente distinto al que ofreció al país para ganar las elecciones.

El miércoles 11 fue un día negro para la sociedad española. El programa de recortes que presentó Rajoy supone una quiebra profunda de elementos centrales de nuestro modelo social, económico y político. El presidente Rajoy consumó en el Congreso un fraude electoral al completar un programa de gobierno radicalmente distinto al que ofreció al país para ganar las elecciones.

Rajoy culminó su engaño a las personas que lo votaron, que se creyeron su discurso que con el PP en el gobierno se recuperaría la economía, se crearía empleo y se reduciría el paro solo con bajar los impuestos. Que con acabar con Zapatero y su despilfarro saldríamos de la crisis sin tocar ninguna prestación social.

Pero sobre todo Rajoy está aplicando un tratamiento de dolor, de sufrimiento a la inmensa mayoría de la población. Al 99% de la sociedad. Los que les votaron y los que no. Los trabajadores, los parados, los pensionistas pero también la inmensa mayoría de los autónomos, de los pequeños y medianos empresarios, de las profesiones liberales.

Desde enero sabemos de su capacidad para infligir dolor. Pero aún no tenemos ninguna noticia de su capacidad para gestionar el país porqué aún no hemos visto ni una sola medida ni un solo resultado positivo en nuestras condiciones de vida o trabajo. Nada. Solo recortes. El del miércoles es brutal. Por su intensidad y por su extensión. Porque va contra todos los ciudadanos como consumidores, contra los empleados públicos y privados, contra los desempleados, contra las personas en situación de dependencia y sus familias.

El dice que lo hace por nuestro bien, que es la purga necesaria para lograr el equilibrio de las cuentas públicas primero y para la recuperación de la economía después. Pero no es verdad. Es una afirmación tan falsa como todas las que ha hecho cuando estaba en la oposición, después en la campaña electoral y ahora en el gobierno.

No es cierto porque los recortes anunciados van a provocar una intensa caída de la demanda, tanto pública como privada, tanto de las familias como de las empresas. Una caída en la demanda que va a provocar un agravamiento de la recesión. Y siempre, inevitablemente, una mayor caída del PIB provoca una reducción de la base imponible de todos los impuestos, de tal forma que a pesar de que aumenten los tipos impositivos la recaudación fiscal cae. Y eso es, exactamente, lo que va a suceder con el aumento del IVA.

Y con menos ingresos, a pesar del recorte en el gasto, el déficit público no se reduce. Y vuelta a empezar. Más recortes que se traducen en menos ingresos que provocan más déficit que hacen necesarios mas recortes. Este es el bucle recesivo al que nos lleva la política economía de Rajoy. El llego al gobierno con la economía en recesión pero nos está llevando a marchas forzadas a una economía y una sociedad en depresión.

Y en parte por eso, el jueves la Bolsa bajó y la prima de riesgo subio. Al sentimiento de indignación de los ciudadanos se le une el de estupefacción. ¿Pero no nos dijo el presidente que todos los recortes eran precisamente para calmar la presión sobre la deuda? A lo peor también Rajoy lo está, estupefacto, al ver que el cumple las órdenes pero la prima no baja. Que se ponga a pensar que lo que Merkel exige no es lo mismo que quieren los mercados. Y a lo mejor, si alguien es capaz de desentrañar los mecanismos de ese monstruo, en este caso los mercados tienen razón.

Porque la mejor, casi la única, garantía de los acreedores de que van a cobrar es que la economía crezca. Y lo que Rajoy presentó el miércoles es un plan de recortes que nos condena a la recesión hasta por lo menos el 2014. En este escenario de caída del PIB primero y de bajo crecimiento después, se generan dudas más que razonables sobre la capacidad del Estado para cumplir con sus obligaciones de deuda.

El crecimiento es la única forma de solucionar los problemas de deuda, tanto la pública como la privada. Siempre ha sido así. Parece que Rajoy y su Gobierno desconocen la historia económica, incluida la nuestra más reciente. España fue capaz de pasar de una deuda soberana próxima al 70 % del PIB en 1996 a tan solo el 37 % en 2007, la más baja de los grandes países de la UE. ¿Cómo lo hicimos? Pues creciendo, porque en realidad la deuda publica siguió siendo prácticamente la misma en valores nominales pero como el PIB creció el 5 % nominal de media, la deuda dejo de ser un problema. En realidad no la pagamos, la diluimos con el crecimiento.

Sin embargo la estrategia de Rajoy es la de intentar generar superávits presupuestarios en un escenario de estancamiento económico para devolver la deuda. Y eso no puede ser, y además es imposible, por mucho sufrimiento que nos pida.

Y esto es lo peor del plan presentado el miércoles, que se basa en un diagnóstico erróneo: España no tiene una crisis fiscal sino una crisis de crecimiento, explicada en lo fundamental por un elevado endeudamiento privado de familias y empresas. Ahora toca desapalancarse, y en eso estamos de forma intensa.

Pero si el Estado en lugar de actuar contracíclicamente también deprime la demanda acabamos en una grave recesión. Y en ese escenario la deuda es impagable, la pública y la privada.

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