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domingo. 25.09.2022

De Delors a los sindicatos europeos

nuevatribuna.es | 11.10.2010Por eso creo que sería bueno rescatar un par de ejemplos de reflexión y de pasos adelante para que no se desvanecieran en el aire y, sobre todo, fuéramos capaces de comprobar que el blanco y el negro no son colores adecuados para describir el proceso de construcción europea –y casi nada, la verdad-.

nuevatribuna.es | 11.10.2010

Por eso creo que sería bueno rescatar un par de ejemplos de reflexión y de pasos adelante para que no se desvanecieran en el aire y, sobre todo, fuéramos capaces de comprobar que el blanco y el negro no son colores adecuados para describir el proceso de construcción europea –y casi nada, la verdad-.

El primero hace referencia a las entrevistas publicadas en Le Monde el 8 de diciembre con el antiguo canciller socialdemócrata alemán Helmut Shmidt (del que no conviene perderse su libro de autobiografía política “Fuera de servicio”, editado en España con el apoyo del programa Hablamos de Europa del Ministerio de Exteriores) y con el ex Presidente de la Comisión Europea Jacques Delors, grandes figuras ambos de la socialdemocracia y del europeísmo. Los años (cuando se ha abusado de un concepto de la juventud como valor supremo), y ellos tienen muchos, tantos como 92 y 85, respectivamente, demuestran en ellos la gran utilidad que tiene mirar con perspectiva.

Y la perspectiva en su caso nos lleva a afirmaciones de gran sentido común, como las formuladas por Delors, por citar solo algunas: el origen de la crisis en Europa tiene mucho que ver con el desequilibrio existente entre unión monetaria y unión económica; algo que, sin embargo, no ha impedido que países como España y Portugal, que entraron en las entonces Comunidades Europeas con decenas de puntos de diferencia con la renta media de los 12, la hayan alcanzado hoy prácticamente (nuestro país) o se encuentre en el 80 % (nuestro vecino); la Eurozona debería en su momento haberse dotado de un fondo coyuntural de euroobligaciones (apreciación muy importante ahora que se abre en el Consejo Europeo, aunque sea con dificultades, dudas y diferencias, el debate sobre la emisión de eurobonos, tal y como ha propuesto el Partido Socialista Europeo); es preciso reforzar el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (incluidas sus sanciones, excluyendo tocas el derecho de voto) y, al tiempo, establecer un suelo necesario de armonización fiscal y social.

La Unión Europea, pues, no es el problema, sino parte de la solución de la crisis, siempre y cuando sea capaz de completarse en términos económicos y sociales, convirtiéndose en una auténtica unión política, a la que nos ha acercado mucho el Tratado de Lisboa-Constitución Europea que acaba de cumplir su primer año en vigor.

Un Tratado que ha permitido afrontar con impulso político la crisis financiera y que, al mismo tiempo, abre nuevas perspectivas a la democracia europea. En ese sentido, se está a punto de completar el proceso de aprobación de la Iniciativa Ciudadana Europea (ICE), que permitirá a 1 millón de ciudadanos de la Unión instar a la Comisión –en el marco de las competencias comunitarias y respetando sus valores fundamentales- a presentar un proyecto legislativo.

Me pregunto si no sería buena idea que los sindicatos europeos aprovecharan la Iniciativa Ciudadana Europea para movilizar de forma propositiva a millones de trabajadores pidiendo a la Comisión mojarse con diversas propuestas legislativas de calado que definan la Europa social de la que todavía carecemos. Y mi respuesta es que sí, porque tal camino de democracia participativa –que muchos, incluida la Confederación Europea de Sindicatos, empujamos en la Convención que incluyó la ICE en la Constitución Europea, gracias a lo que hoy está en el Tratado de Lisboa– presenta enormes ventajas si se decide recorrerlo: fomentar la coalición transnacional y concretar para no perderse por las nubes, entre otros muchos.

La UE, en fin, sigue pensando y actuando. Lo digo para que los árboles de la crisis y del día a día no nos impidan ver el bosque europeo del que formamos parte… para bien.

Carlos Carnero | Embajador especial para proyectos de integración de la Unión Europea

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