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martes. 16.08.2022

Días de escuela

NUEVATRIBUNA.ES - 18.9.2009Por edad pertenezco a una generación que “disfrutó” de la plena autoridad de sus maestros en el aula, lo que equivale a decir que transitó por todas las etapas del sistema educativo en un ambiente de violencia generalizada contra los alumnos.
NUEVATRIBUNA.ES - 18.9.2009

Por edad pertenezco a una generación que “disfrutó” de la plena autoridad de sus maestros en el aula, lo que equivale a decir que transitó por todas las etapas del sistema educativo en un ambiente de violencia generalizada contra los alumnos. He de decir que no fui de los más afortunados, ya que durante el periodo del bachillerato elemental como se denominaba entonces, esa violencia generalizada, se convertía día si día también en un sistema de terror como el mecanismo mas eficaz para garantizar disciplina y “respeto”.

El sistema “gozaba” de otras ventajas para hacer hombres de provecho; era por supuesto segregado, para lograr la máxima atención, en mi caso, de los alumnos, objetivo que se conseguía sin dificultad ya que mayoritariamente las pajas eran por cuenta de la señorita de historia o de la señorita de químicas a las que no quitábamos ojo.

Las actividades extraescolares, se circunscribían a las visitas a la parroquia los miércoles de ceniza, el día de la confirmación y, todos los jueves del mes de mayo que acudíamos a la iglesia a cantar con flores a Maria, que nuestra madre es.

Jamás nadie nos enseñó una partitura ni un trozo de plastelina mientras permanecimos en el sistema, que por cierto no se abandonaba, sencillamente porque el fracaso escolar consistía no en abandonarlo, sino en no pisarlo.

En ningún momento de nuestra vida de escolares leímos una obra de narrativa o de poesía por exigencia de nuestros profesores, incluido el de lengua y literatura.

Y por lo que respecta a cómo nos enseñaban matemáticas, más vale no contarlo

Pero a pesar de todo tuvimos suerte. De haber existido el informe Pisa y tantas pruebas de evaluación como se hacen ahora nos hubieran dado muchas más hostias de las que nos dieron

Resulta apasionante cuando cada dos por tres aparece el debate del fracaso de nuestro sistema educativo y, se alzan voces cada día más numerosas añorando ese pasado, queriéndonos hacer creer que los niños y las niñas y los adolescentes de entonces estaban más preparados que los de ahora y tenían más cultura general porque se sabían los ríos de España.

Y una mierda, con perdón.

Los niños y las niñas de entonces no necesitaban que se cambiara el código penal para respetar a sus profesores porque la vida misma era una prolongación del código penal.

Los niños y las niñas de entonces son los adultos de hoy, que a lo largo de nuestra vida parece que no hemos podido construir ese país competitivo y puntero que a todos les ha dado por reclamar al presidente del gobierno.

Por si no fuera suficiente, los mismos nostálgicos de los ríos de España nos apremian ahora a recuperar la “autoridad” de los maestros de entonces, ¿qué autoridad? ¿aquella?. No, gracias.

Admitamos que en cualquier orden de la vida la libertad siempre se cobra un peaje. Hoy ha desaparecido en beneficio de esta la tranquilidad de espíritu y la descarga de responsabilidad que proporcionaba a nuestros padres, mayoritariamente buenos cristianos, el Don Celestino de turno con bata gris y puntero, presto a machacar cabezas, manos o dedos juntos que era lo que más dolía, sin límite de edad.

El sistema educativo español ha recorrido un camino de libertad en los últimos 50 años espectacular y sin duda los niños y las niñas, los jóvenes que hoy lo disfrutan tienen infinitas posibilidades de vivir una vida más plena que la que nosotros hemos vivido. Por supuesto que nadie les va a obligar a que las aprovechen y no faltarán quienes de una u otra forma pretenderán impedírselo, pero las posibilidades existen y la mayoria participa de ellas.

Se pretende establecer un mecanismo de causa efecto entre un supuesto exceso de libertad y la generalización de la violencia en nuestros colegios e institutos. Hay que salir al paso y desmentir esa relación rotundamente. Las manifestaciones de violencia en el sistema educativo no son ni generalizadas, ni mucho menos más intensas que cualquiera de las manifestaciones de violencia constante que rodean infinidad de acontecimientos de nuestra vida cotidiana.

Es necesario una vez más salir al paso de los excesos de populismo que rodean el debate de la educación en España y poner el foco en los problemas reales del sistema que no son otros que la falta de recursos materiales y de una mejor capacitación de los profesores, la necesidad de un esfuerzo permanente en la reducción del número de alumnos por clase y de mejora en los mecanismos de integración y, por último, el cese del desprestigio y los ataques permanentes al sistema de enseñanza pública por parte de aquellos que aparentan ser los primeros en socorrerlo. Verbi gratía Esperanza Aguirre.

Pedro Reyes - Coordinador de Actividades FSE.

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