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viernes. 19.08.2022

Cuestiones económicas candentes

Una vez conocida el acuerdo internacional de la Unión llamada Monetaria del día 31.1.2012 podemos dar por finiquitada la posibilidad de unos Estados Unidos de Europa, al menos a imagen y semejanza de USA. La regla de oro del máximo de déficit del 0,5% sobre el PIB no da ni para curar un constipado económico, no digamos para curar una pulmonía como la crisis actual.

Una vez conocida el acuerdo internacional de la Unión llamada Monetaria del día 31.1.2012 podemos dar por finiquitada la posibilidad de unos Estados Unidos de Europa, al menos a imagen y semejanza de USA. La regla de oro del máximo de déficit del 0,5% sobre el PIB no da ni para curar un constipado económico, no digamos para curar una pulmonía como la crisis actual. Tanto mentecato unido como la Merkel, Sarkozy y el nuevo colaborar necesario que es el registrador de Pontevedra (Rajoy) no puede dar más que una medida tan peregrina, tan de contables tipo fedea. La derecha europea ha engañado tanto a las capas populares conservadoras que les votan que ya, aunque reconozcan el errorsotto voce, no pueden rectificar para no quedar de cretinos ante sus bases electorales. Grecia ha seguido al pie de la letra las recomendaciones del Consejo, los de la teotuna miserable, las del BCE, ha sufrido chantaje para que le lleguen los fondos europeos acordados mal y tarde, y, sin embargo, cada vez están peor los ciudadanos que sufren doblemente la crisis por la pérdidas de empleos, salarios y derechos, y porque los servicios públicos, de los que dependen gran parte de los ciudadanos, se deterioran por la reducción brutal del gasto público y, consecuentemente, el social. Al menos debería servir para los Rajoy y cía. para tomar nota. En España, pasar del 8% del déficit al 4,4% supone reducir en más de 36.000 millones de euros el gasto público, que es la décima parte del gasto. Y hacerlo en un momento donde el Consumo ha caído y las exportaciones pierden dinamismo y el ministerio de Fomento anuncia más recortes de gasto es un suicidio; mejor dicho, un homicidio. ¿Conseguirán los del P.P. seguir escupiendo la dignidad de los votantes de las capas populares conservadoras que les han votando? ¿Reaccionarán en las elecciones andaluzas? Esperemos. Y esperemos que el PSOE se convierta en tan poco tiempo en, al menos, en un partido socialdemócrata.

También me parece un desacierto el acuerdo firmado por sindicatos y patronal de reducir los salarios. Estos sostienen el Consumo por las casi nulas posibilidades de ahorrar de los asalariados. Una de las razones que inciden en la pérdida de demanda agregada por parte del Consumo privado se deriva de la pérdida a su vez de las rentas salariales en el cómputo de las rentas. En un estupendo estudio de Albert Recio Andreu (Capitalismo español: la inviable crisis de un modelo insostenible) se dan los datos de esta participación y el del número de asalariados en términos relativos. En 1997 la participación de las rentas salariales en el total era del 49,6% con un grado de asalarización del 76,3%; en el 2007 bajó al 47,5%, pero en cambio aumentó la asalarización, pasando al 82,4%. El coeficiente de participación de la renta por asalariado pasó pues del 0,65 al 0,57. Es un dato escalofriante por más inocuo que parezca a los no duchos en el manejo de las macromagnitudes. Consagrar como lo hace el acuerdo sindicatos-patronal la disminución real de los salarios es un error macroeconómico. Desde un punto de vista macroeconómico, es decir, desde el punto de vista de los intereses generales del país considerando tanto el lado de la oferta agregada como la demanda agregada, lo que le interesa al país es que las empresas que puedan pagar a los trabajadores lo hagan por los convenios acordados y que sólo valiera cláusulas de descuelgue en el caso de que estuviera en juego la supervivencia de la empresa y se pudiera demostrar. Se debe evitar la picaresca empresarial, porque los Rinconete y Cortadillo de antaño son los Botín y los Rossell de hogaño. No vale de nada los intentos de la patronal y del P. P. de reducir el número de contratos porque la mera dialéctica jurídica contrato indefinido-contrato temporal depende sólo de los costes de despido. Las empresas españolas no tenían ni tienen un problema de costes laborales, sino de costes financieros, de falta de financiación y de ingresos como consecuencia de la disminución de las ventas, producida por una disminución de la demanda agregada, reducción cuya causa casi al 50% es la disminución de las rentas salariales (más paro y más bajos salarios).  

Una forma de abordar esta dialéctica que ni siquiera los sindicatos han abordado es la posibilidad de dividir el salario mínimo en dos, uno para los contratos indefinidos y otro para los temporales, siendo más caros los de los contratos temporales. Además se debería aumentar ambos de forma sustancial. Esto permitiría pasar de la contratación temporal a la indefinida de forma gradual simplemente aumentando en mayor medida el salario mínimo de la contratación temporal en relación a la indefinida. Cuando se compara España con Alemania se olvidan estas cosas: 1) en Alemania hay formas de cogestión significativas que en España están absolutamente ausentes y que permiten la connivencia gestión-trabajo en períodos de crisis sin recurrir al despido sistemático; 2) Alemania es el segundo exportador del mundo; España es el quinto de Europa; 3) El sector industrial de Alemania es casi el doble en términos relativos que el de España; 4) El tamaño medio de la empresa alemana es significativamente superior a la española; 5) La participación del de los ingresos públicos en relación al PIB de Alemania (43,6%) es más del 7% superior a la española (36,3%) que actúa con automatismo anticíclico (datos de Eurostat); 6) Los sectores privados fuertes de la economía española son la construcción, el turismo y la industria y servicios relacionados con el idioma español, cosa distinta ocurre en Alemania. Ello tiene como consecuencia además de que todas las comparaciones sobre la productividad entre ambos países –en general, entre países- carezcan de sentido.

La Unión Europea está en juego y no solo la mal llamada monetaria, porque si no son capaces de resolver el verdadero problema griego, que es el de dotar al país de una política de crecimiento que le permita crear empleo y mejorar las condiciones de trabajo, sanidad y educación, malamente puede aspirar la Unión a solucionar el problema de los más de 5.200.000 parados españoles. Reducir el gasto público para acabar con el déficit en la actual crisis es ir por el camino contrario al necesario. Y Rajoy, que de economía sabe lo que yo de teología, se ha subido al carro de los contables que propugnan reducir los déficits disminuyendo los gastos públicos en plena crisis. La Unión Europea, o cambia de criterio radicalmente, o está herida de muerte, porque los ciudadanos no olvidarán lo erróneo de sus políticas, incluso aquellos que les han votado y tengan una neurona para la crítica. Si no se cambia de criterio sobre el déficit, de nada vale comprar deuda pública –cuando se decidan-, convertir el BCE en la Reserva Federal Europea –cuando se atrevan-, crear un sistema fiscal común –cuando entiendan su necesidad-, porque todo ello no evitará entrar en la mayor recesión desde el año 29 del siglo pasado. Hasta ahora las causas de la crisis eran la especulación inmobiliaria y en derivados y la desregulación bancaria; a partir de mayo del 2010 lo son las políticas neoliberales sobre el déficit. Rajoy se ha sumado a la desaforada carrera por conseguir el título de cretino del año. Y el premio para los países es más paro. 

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