miércoles 11.12.2019

Cuba, terra incognita

NUEVATRIBUNA.ES - 12.3.2010El debate en el seno del Parlamento Europeo sobre la situación en Cuba a raíz de la desgraciada muerte por huelga de hambre de Orlando Zapata, demuestra básicamente dos cosas.
NUEVATRIBUNA.ES - 12.3.2010

El debate en el seno del Parlamento Europeo sobre la situación en Cuba a raíz de la desgraciada muerte por huelga de hambre de Orlando Zapata, demuestra básicamente dos cosas. La primera, es que con condenas o sin ellas, embargos o sanciones, el régimen cubano no está solo y aislado, al contrario, sigue manteniendo un férreo control de la situación interior, a pesar del descontento y el deterioro de la calidad de vida en la isla o la movilización de algunos disidentes y de la presión extranjera. Parece que nada se mueve. La segunda, es la impotencia de los demócratas tanto de derechas como de izquierdas a lo largo y ancho del mundo, para articular un discurso y una estrategia inteligente y efectiva que haga vislumbrar un horizonte de esperanza y haga evolucionar al régimen a corto o medio plazo hacia la democracia. Reconozcamos nuestra incapacidad manifiesta, no sabemos cómo hacer avanzar a Cuba hacia la democracia, y aún peor, nadie conoce bien lo que pasa en el seno del régimen más allá de las especulaciones.

Los supuestos auto-proclamados expertos en los temas cubanos, tanto en Europa como en los EE.UU, viven de informaciones parciales y superficiales, de conjeturas, de deseos bien intencionados y de expectativas. La realidad demuestra que no hay informaciones fiables, ni datos, ni fuentes solventes. El régimen cubano es una roca infranqueable, y a pesar de sus limitaciones, sabe maximizar como nadie las debilidades y contradicciones de los enemigos de la “revolución”. Como mejor ejemplo de todo ello, son las reiteradas depuraciones de supuestos “delfines” como el que fuera Ministro de Exteriores Roberto Robaina en los años 90, o las más recientes del Vice-Presidente Carlos Lage o del exMinistro de Exteriores Felipe Pérez Roque el año pasado. Cada vez que desde el exterior, con más voluntarismo que conocimiento, hemos señalado a los que podrían pilotar un cambio, los hemos condenado al ostracismo y al repudio.

No hay país en el mundo que genere tan altas pasiones entre la clase política y los medios de comunicación occidentales como Cuba. Quizás sea por la mística de una revolución hoy imposible de repetir, o por el increíble aguante contra viento y marea de las embestidas del vecino norteamericano, pero “la isla bonita”, sigue ocupando hoy un espacio político y emocional sobredimensionado para lo que realmente supone en la escena internacional, y sigue siendo toda una “terra incognita” a pesar de los ríos de tinta que se publican y las apasionadas discusiones que genera.

¿Qué podemos hacer? ¿Diálogo y cooperación, o bien mano dura, sanciones y aislamiento?. Nadie tiene la llave del tesoro, pero lo que sí debiéramos hacer quizás, es ser algo más humildes e intentar aprender de nuestros errores. Los cambios solo llegarán desde dentro. Apostemos pues por una política coherente con nuestros principios y valores, pero con la inteligencia suficiente para sembrar la semilla del cambio que debería llegar de forma progresiva (seguramente más lento de lo que nos gustaría), pacífica y gradual, cooperando con todos aquellos que pueden y deben ser los actores y protagonistas del cambio. Solo con paciencia, discreción y escuchando tanto las palabras como los silencios que emanan desde la isla, podremos avanzar en ese camino y ser realmente útiles.

Pau Solanilla es asesor en temas europeos.

Cuba, terra incognita
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