miércoles. 24.04.2024

Cuando quiero llorar no lloro

Se estaba poniendo vieja. Hermosa, pero vieja. Amada, siempre amada, pero vieja. Anclada en aquella transición. Estática y muerta por estática. Es el hoy, pero sobre todo es el ayer. Sin futuro no hay existencia válida. Es recuerdo. Para alimentar la nostalgia. Para decorar la alegría. Pero muerta. Quisimos retomar la historia después de una dictadura donde lo humano fue arrojado a un estercolero. Las dictaduras son estatuas de sal.

Se estaba poniendo vieja. Hermosa, pero vieja. Amada, siempre amada, pero vieja. Anclada en aquella transición. Estática y muerta por estática. Es el hoy, pero sobre todo es el ayer. Sin futuro no hay existencia válida. Es recuerdo. Para alimentar la nostalgia. Para decorar la alegría. Pero muerta.

Quisimos retomar la historia después de una dictadura donde lo humano fue arrojado a un estercolero. Las dictaduras son estatuas de sal. No tienen pasado. Pero sobre todo no tienen futuro. Lo abortan cada vez que empuja para nacer. Lo prohíben los dictadores.

Salimos de aquel entonces y estamos en este ahora. Hicimos una transición, ¿pero hacia dónde?  Hacia donde se pudo. Es la respuesta de los que allí estuvimos. Pisábamos sables. Llevábamos tejeros en la espalda. Se atrevió Suárez con el comunismo. Era más hermoso con peluca. Se acurrucaron Carrillo y Pasionaria. Estaba Fraga degustando la calle en las aceras. Felipe era el Isidoro de las etimologías por Sevilla, pasante de José Julio. ETA dictatorial mataba al amanecer como Franco opresor. O al atardecer para fusilar los crepúsculos y dar respaldo a uniformes siempre dispuestos a luchar por el bien de la patria.

Suárez se fue hacia el olvido de sí mismo. Nació el sindicato del crimen para derrocar a Felipe. Aznar-emperador quiso conquistar el mundo y ponerse a Irak en la solapa. A Zapatero se lo están comiendo los escombros de la burbuja inmobiliaria. España se está poniendo vieja. Por repetitiva. Por falta de creatividad política y social. Por una endogamia de la transición aquella. Nos hemos quedado quietos. Resignados. Las cosas son como son. Los mercados. Los mercados. Los mercados. Recortes por los mercados. Pensiones por los mercados. Jubilación tardía por los mercados. Les hemos hecho un altar y andamos inmolándolo todo. El nuevo dios de los ateos. La nueva religión de los que no creen. El euro, el dólar, el petróleo. Santo, santo, santo.

Hemos abandonado lo humano. Está crucificado ante el becerro de oro. ¿Cuánto me dais por cinco millones de parados? Vendo pensiones, enseñanza, sanidad, investigación, estado de bienestar. Barato. Lo dejo barato. E invierten los especuladores. Alegres los banqueros, las grandes empresas. Compran retales, saldos. Quitan de en medio aspiraciones conseguidas e imponen una esclavitad elegante de Emidio Tucci. Esclavitud de hipotecas vitalicias. Jornadas que conllevan la orfandad de los hijos. Trabajo que incapacita para besar los labios frescos de una mujer que añora las manos enlazadas, las cálidas noches de cuerpos extasiados.

Fuimos jóvenes ante los grises. Hicimos la revolución de las fotocopiadoras. Tuvimos ingenio para burlar a la político-social. La revolución de los claveles nos sembró la alegría de esperanza. Fuimos jóvenes. Pero ya no lo somos. Cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer.

Ahora están ellos. Los del 15-M. Resucitando. Juventud, divino tesoro. Sometiendo a examen la historia que hicimos pero que hemos sido incapaces de seguir haciendo. Nos paramos y ahora nos echan en cara nuestra querencia de cunetas. Exigen dinamizar la vida. Quieren, como nosotros quisimos, poner lo humano en el centro. Vislumbran un renacimiento. Están cansados de promesas. De ser sólo votantes cada cuatro años. De ser ignorados en la construcción del mundo. Gritan para que nos demos cuenta que existen, que reclaman voz, que aportan músculo, que son raíces siempre a punto de convertirse en cosecha. Que no aceptan el becerro adorado aunque sea de oro. Que prefieren buscar el mar debajo de los adoquines. Que pretenden la utopía porque es, seguramente es, una verdad prematura. Que son realistas porque piden los imposible.

Quisiera estar en todas las plazas de España. Se estaba poniendo vieja. Olía a naftalina, a río estancado. Hoy está más hermosa porque los geranios brotan en los balcones del pueblo

Cuando quiero llorar no lloro
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