lunes 18/10/21

Crispación y conflicto social

Estos últimos días muchos medios de comunicación nos piden a los responsables políticos nuestra opinión sobre la convocatoria de huelga en los Transportes Metropolitanos de Barcelona, TMB, durante los días del Congreso Mundial del Móvil. Por lo que voy leyendo de los portavoces de CiU, PP y PSC, coinciden todos en calificar esta huelga de contraproducente, de provocación sindical, de irresponsabilidad del comité de empresa.

Estos últimos días muchos medios de comunicación nos piden a los responsables políticos nuestra opinión sobre la convocatoria de huelga en los Transportes Metropolitanos de Barcelona, TMB, durante los días del Congreso Mundial del Móvil. Por lo que voy leyendo de los portavoces de CiU, PP y PSC, coinciden todos en calificar esta huelga de contraproducente, de provocación sindical, de irresponsabilidad del comité de empresa. Se les acusa de las posibles pérdidas que pueden comportar para Barcelona esta huelga y más en estos momentos de crisis. No sé cuanto se puede perder, pero estoy seguro de que será la milésima parte de lo que los bancos han hecho perder a esta ciudad, sin que ninguno de estos partidos se haya quejado de ello. En otras circunstancias sociales y económicas seguramente mi opinión hubiera sido sugerir la necesidad de buscar formas y propuestas de protesta efectivas pero que a su vez no generen rechazo entre los ciudadanos. Pero, con la que está cayendo, que estos partidos políticos se atrevan a pontificar sobre lo que es responsable o no, es de un cinismo sobrecogedor. No seré yo ni la gente de ICV los que nos atrevamos a desautorizar cualquier forma de lucha, poniendo como único límite el de la violencia.

En una situación de gran sufrimiento social provocado por la crisis y los recortes, de inseguridad y profundo malestar, a nadie puede extrañar que se produzca una radicalización de los conflictos. Y quienes menos se pueden sorprender son todos aquellos políticos que provocan vientos huracanados con sus decisiones siempre negativas para los trabajadores y las clases populares. Que se piensan que la gente va a permanecer pasiva, que les preocupa demasiado encontrar el conflicto políticamente correcto. Los responsables de la radicalización que se da, y que va a darse, en los conflictos que genera la crisis y en la lucha contra las políticas neoliberales, son todos los que nos han metido en esta hecatombe económica, financiera y social. Que, a su vez, son los mismos que están dirigiendo su salida al servicio de sus intereses y en contra de los de la mayoría.

En un escenario tan grave de crisis como el que estamos sufriendo lo razonable sería conseguir grandes acuerdos que permitieran un reparto más justo de los sacrificios, concertar los objetivos e instrumentos para salir de la crisis y lograr comprometer al conjunto de la sociedad en este esfuerzo. Se está haciendo todo lo contrario. Ni los trabajadores ni sus intereses son tenidos en cuenta, y sus organizaciones sindicales son ninguneadas. Valga como ejemplo como respondió el gobierno al esfuerzo y ejercicio de responsabilidad que significó el pacto con la patronal del “2º Acuerdo de Empleo y Negociación Colectiva” el pasado 25 de Enero. La respuesta fue la reforma laboral. Sin diálogo ni concertación social, que nadie espere ningún tipo de compromiso. Los trabajadores harán bien en defender con uñas y dientes sus intereses. Que no acaben de acertar con tal o cual forma o instrumento de lucha, es un mal menor.

Todos aquellos a quienes no les tiembla la mano al recortar derechos laborales y libertades sindicales. Que impávidos, asisten a la destrucción de empleo. Que ni pestañean con los desahucios. Que se muestran impertérritos ante el incremento de la pobreza. Todos ellos deben saber que habrá conflictos y duros. Que muchos, el 19F lo demostramos, nos resistiremos a que una minoría egoísta, insolidaria y codiciosa destruya nuestro presente y futuro.

Yo lo tengo claro. Deseo de todo corazón el mayor acierto en los instrumentos y formas de movilización, pero, de no ser así, prefiero equivocarme con los que luchan.

Crispación y conflicto social
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