domingo 20/9/20

Crisis financiera, crisis económica. Orígenes y causas

Desde el inicio de la actividad bancaria en nuestro país (siglo XV), han sido numerosas las crisis en este sector que han puesto en jaque la actividad económica local, nacional e, incluso en la presente coyuntura, internacional.

Desde el inicio de la actividad bancaria en nuestro país (siglo XV), han sido numerosas las crisis en este sector que han puesto en jaque la actividad económica local, nacional e, incluso en la presente coyuntura, internacional.

Al igual que en los momentos actuales la crisis financiera está muy ligada al pinchazo de la “burbuja inmobiliaria”, en otras épocas históricas la relación banca–industria llegó a ser tan tormentosa que su separación no fue, en muchos casos, nada amistosa.

En este sentido, es necesario recordar la existencia de dos modelos bien diferenciados (Sánchez Asiaín, J.A. Fundación BBVA), el modelo continental, por un lado y el modelo sajón por el otro. El modelo sajón deriva  del insignificante papel que jugó el sistema financiero en la primera fase de la Revolución Industrial, porque en su inicio, en Gran Bretaña, la Revolución Industrial sólo necesitó del esfuerzo de la empresa. Cuarenta o cincuenta años más tarde, sin embargo, cuando la industrialización empieza en el continente se hace necesario ya el esfuerzo conjunto de la empresa y de la banca. Y de ahí arranca el modelo continental.

En éste, en el modelo continental, la relación banca – industria es importante, completa y directa. La banca no se limita en él a la financiación pura, sino que se convierte en promotora y en gestora de empresas. Asume el papel de empresario y acumula importantes carteras de valores industriales. Pero esta actuación produce históricamente crisis. La penúltima más importante (Banesto, al margen) tuvo lugar en el periodo 1977-1985, intervalo estudiado por el profesor Alvaro Cuervo en el libro “La crisis bancaria en España, 1977-1985.

En el mismo, el catedrático asturiano analizaba el coste de la crisis bancaria que, de acuerdo con los parámetros fijados a lo largo de la publicación, estimaba en 1,6 billones de ptas de 1985 (9.620 M€), de los que un 77% correspondía a aportaciones del sector público. Hay que recordar que casi un 50% de esta ayuda provenía del saneamiento bancario de la expropiada Rumasa.

Si actualizásemos la cifra global transcrita anteriormente, nos encontraríamos que el valor actual de la misma ascendería a unos 26.000 millones de euros que, siendo desmesurada, es una cuarta parte del posible rescate bancario solicitado por España a la Unión Europea, en el transcurso del próximo año y una cifra aproximada a lo que pagó el Estado de intereses por su deuda pública en 2011.

Papel de las Cajas en el sistema financiero

Al margen de los encuentros-desencuentros de la banca e industria, la relación entre ambos también se ha desarrollado a través de la intermediación financiera, labor que también desarrollaban las Cajas de Ahorro, aunque no siempre esto fue así. De hecho, hasta el año 1977, las cajas no tuvieron una equiparación plena en su operativa con la banca española, lo que les impedía realizar operaciones de descuento, principal instrumento de financiación a corto plazo de las empresas y de comercio exterior. (Economía Industrial, nº 341)

Una vez superada la crisis del periodo 1977-85, la mayoría de las entidades bancarias reaccionaron volviendo al modelo de banca comercial, desinvirtiendo y disminuyendo sus participaciones industriales.

Sin embargo, a finales de la década de los ochenta se produjo un conjunto de cambios en el entorno financiero, de gran impacto para el sistema bancario español y especialmente para las cajas de ahorros. En 1988 se crea (mediante el Tratado de Amsterdan) el Banco Central Europeo (BCE), se aprueba la liberalización de los movimientos de capitales y se presentan dos proyectos de directiva para la unificación del mercado financiero: el coeficiente de solvencia de las entidades de crédito y el de licencia única comunitaria.

En el ámbito nacional, las cajas recibieron a finales de ese año la libertad de expansión en todo el territorio nacional, el anuncio de la supresión de los coeficientes obligatorios y otras normas legislativas importantes para su actividad, como la aprobación del Reglamento de los Planes y Fondos de Pensiones y la Ley de Disciplina e Intervención de Entidades de Crédito, permitiendo a las cajas de ahorros el arrendamiento financiero y la emisión de cuotas participativas.

En ese entorno “competitivo” nacieron las Corporaciones Financieras con el propósito de “completar los servicios a particulares y empresas y provechar el efecto sinérgico de su dimensión”.           

Y éste fue el comienzo de lo que posteriormente será el fin de las Cajas de Ahorro: la implicación directa, junto al resto del sector financiero, en un modelo de desarrollo que tenía como principal objetivo crecer a costa de lo que fuese, ganar cuota de mercado en el exterior de su territorio tradicional, involucrarse en el sector del “ladrillo” de todas las formas posibles ante la facilidad para generar grandes plusvalías en un plazo corto de tiempo, ampliar su territorio de negocios entrando en el mercado secundario, más ficticio que real, pero que permitió financiarse (muy bien) a determinados sectores y agentes económicos, hasta que llegó el enorme “pinchazo” de la burbuja que nos hizo retroceder y compararnos a la otra gran crisis del siglo XX.

En este rumbo especulativo se les cruza la quiebra de Lehman Brothers y con ello la caída en cadena del sistema con las consabidas consecuencias en el mundo capitalista entre 2008 y 2010, con amplias repercusiones en aquellas economías más débiles como la española.

Pero lo peor no había llegado aún. Se entendía, hasta ese momento, que teníamos el mejor sistema financiero del mundo y un modelo (el español) a prueba de ser vulnerado, sobre todo en sus aspectos sociales (Estado del bienestar), por los “desconocidos” y no elegidos mercados.

El sistema financiero, más tarde o más temprano, fue salvado por los Estados (“hay que parar o refundar el capitalismo”, se dijo reiteradamente en diversos medios ligados al poder) que, además, obligaron a fusionarse (caso de las Cajas) en una especie de “huída hacia delante” que, desde nuestro punto de vista, precipitó las escasas posibilidades de conformar un modelo financiero alternativo que superase lo que mi colega Manuel Lago (Nueva Tribuna, 3/06/2012) define como “debilidades del sistema financiero español”  y, de paso,  eliminar el férreo control de la economía por parte de las grandes oligarquías financieras, a la postre las causantes y el origen de la situación depresiva actual.

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