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lunes 16/5/22

Contra las 65 horas

No seré yo quien abogue por la jornada de las 65 horas. No sé si alguien lo hará salvo aquellos que no tengan otra cosa que hacer en esta vida que trabajar hasta aburrirse. Quien haya sabido de la felicidad de un rato con un amigo, de un beso en una esquina, o de un vermú sin prisas, estará en contra de las 65 horas.
No seré yo quien abogue por la jornada de las 65 horas. No sé si alguien lo hará salvo aquellos que no tengan otra cosa que hacer en esta vida que trabajar hasta aburrirse. Quien haya sabido de la felicidad de un rato con un amigo, de un beso en una esquina, o de un vermú sin prisas, estará en contra de las 65 horas.

Quien crea que la conquista de una jornada laboral justa en la que se dé tiempo al trabajo, al ocio o al sueño, estará en contra de ampliar la jornada. Quien considere que el trabajo no es una maldición bíblica, sino una actividad que nos hace humanos y solidarios, partícipes, con los demás en la generación de la riqueza moral y física- y, al mismo tiempo, sea capaz de valorar en lo que vale, la siesta, por ejemplo, la lectura de un libro, la risa de los hijos o el amor hecho con calma y sin prisas, estará en contra de la jornada de las 65 horas.

En este contexto, la iniciativa del PSOE de buscar apoyo contra la implantación de la jornada de 65 horas me parece estupenda y bien vista. Un paso atrás, ni para tomar impulso. Y digo esto porque aceptar la jornada de 65 horas es echar por tierra una vieja y dolorosa reivindicación obrera. Y un logro.

No sé hasta donde se llegará en esto, pero no deja de ser curioso que los legisladores europeos que no se distinguen precisamente por sus horas de trabajo ni por la prudencia de sus sueldos, sean los que defienden la pérdida de derechos de los trabajadores. Es una locura y, como tal, eso parecía cuando se planteó.

El problema es que, a lo tonto, esto parece que sigue para adelante y que los socialistas se han visto obligados a buscar apoyos para frenar una demanda que no responde a la realidad del mundo del trabajo.

En cualquier caso, me parece a mí que la duración de la jornada laboral ya está recogida, sobradamente tanto en las leyes como en los acuerdos de empresarios y trabajadores. Plantearse cambiar esta situación no deja de ser algo que atenta contra todo derecho adquirido. ¿No sería mejor luchar por hacer que, de verdad, se aplique la ey, la norma y el acuerdo?


Poema de Borges que me parece que refleja, en parte, y referido a nuestros cráneos europeos, lo que él escribió sobre Baltasar Gracián:

Sé de otra conclusión. Dado a sus temas
minúsculos, Gracián no vio la gloria

y sigue resolviendo en la memoria
laberintos, retruécanos y emblemas.

¿No será que siguen resolviendo laberintos ya descubiertos?

Contra las 65 horas
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