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jueves 26/5/22

Contra la masacre de un pueblo

Parecía ya todo dicho acerca de la agresión continua del Estado de Israel contra el pueblo palestino, de la impunidad absoluta con que siempre actúa aquel y de la tibieza de la llamada comunidad internacional ante unos hechos que se vienen repitiendo, por desgracia, con terrible frecuencia desde hace muchos años.
Parecía ya todo dicho acerca de la agresión continua del Estado de Israel contra el pueblo palestino, de la impunidad absoluta con que siempre actúa aquel y de la tibieza de la llamada comunidad internacional ante unos hechos que se vienen repitiendo, por desgracia, con terrible frecuencia desde hace muchos años. Pero en ocasiones como la presente, en que los bombardeos indiscriminados alcanzan a escuelas, hospitales y sedes de la ONU en Gaza, se han sobrepasado todos los límites del cinismo político y de la desvergüenza en las absolutamente injustificables razones que aducen los agresores para intentar vanamente justificar la matanza de civiles que están llevando a cabo, así como en la presunta equidistancia que quieren adoptar determinados países e instancias internacionales.

Tenemos, por tanto, que seguir alzando nuestra voz para exigir que se ponga fin, en primer lugar y de manera inmediata, a la actual ofensiva militar israelí que se ha convertido en una auténtica masacre del pueblo palestino, en este caso de los habitantes de la asediada e incomunicada franja de Gaza. Un alto el fuego verdadero y permanente que lleve acompañado la puesta en marcha de un plan internacional de ayuda humanitaria a la población que vive en esa tierra palestina, es el paso más urgente para poner fin a la muerte y la destrucción que tanta sangre y sufrimiento está costando a miles de víctimas civiles.

Pero esta actuación inmediata que exigimos millones de ciudadanos en todo el mundo, en nuestro país y, desde luego, en Madrid, donde hemos manifestado nuestra protesta en la calle obliga, además, a que de una vez por todas se encuentre una solución definitiva, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, a un conflicto que sólo puede dejar de serlo si se cumplen todas las resoluciones adoptadas al respecto, precisa y justamente, por la propia ONU, al menos desde la denominada guerra de los Seis Días de junio de 1967.

Únicamente desde el reconocimiento pleno del derecho del pueblo palestino a constituir su propio Estado soberano y desde la real, efectiva, consolidada y segura existencia de ese Estado, podrá propiciarse un escenario de paz y convivencia en la región, lo que igualmente exige, claro está, la aceptación, también por todos, de la existencia del mismo Estado de Israel. A partir de ahí, y sólo de ahí, será posible un Oriente Medio estabilizado, en el que todos los pueblos de la zona puedan convivir pacíficamente. Pero nada de esto será posible, ni se podrá iniciar ningún proceso de encuentro y diálogo entre todas las partes implicadas, y con la participación de los principales actores de la comunidad internacional y, desde luego, bajo la supervisión de las Naciones Unidas, si antes no se pone término a la ocupación y bloqueo de los territorios palestinos por el vecino agresor.

O Israel entiende que su propia seguridad pasa por el respeto escrupuloso al Derecho Internacional Humanitario y a todos los derechos humanos, empezando por el derecho a la vida de los habitantes de los territorios que ahora ocupa, o será muy difícil alcanzar ese horizonte de concordia que, en definitiva, es el único por el que merece la pena luchar. Y así resulta imprescindible, como decíamos, que se oiga la voz indignada y contundente de los trabajadores y ciudadanos de cualquier lugar del mundo, y en cualquier lugar del mundo, ante lo que está ocurriendo en Gaza y en toda Palestina. Desde Madrid, mostrando nuestra solidaridad con el pueblo palestino, tenemos que empujar con todas nuestras fuerzas para que se ponga fin a esta barbarie.

José Ricardo Martínez Castro
Secretario General de UGT-Madrid

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