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lunes 23/5/22

Conspiradores empedernidos

La sentencia del Tribunal Supremo, avalando la de la Audiencia Nacional sobre el 11-M, deja definitivamente aclarados cuales fueron los motivos y quienes fueron los autores y colaboradores de aquel atentado, pero para el principal partido de la oposición no es así, pues parece que, en este asunto y no sabemos si en otros, su triunfal congreso ha dejado las cosas como estaban.
La sentencia del Tribunal Supremo, avalando la de la Audiencia Nacional sobre el 11-M, deja definitivamente aclarados cuales fueron los motivos y quienes fueron los autores y colaboradores de aquel atentado, pero para el principal partido de la oposición no es así, pues parece que, en este asunto y no sabemos si en otros, su triunfal congreso ha dejado las cosas como estaban.

Federico Trillo, cuya opinión, como responsable del área de Justicia (¡manda güevos!), no es equiparable a la otros miembros del PP, sigue manteniendo la postura oficial sobre el tema. De la sentencia, dice, sigue sin intuirse cual puede ser el autor intelectual () Es un poco lo que teníamos, ¿no?

No hace muchos días, la flamante Secretaria General del PP, Dolores De Cospedal, afirmaba: Los españoles tenemos derecho a saber lo que pasó. Queremos que se sepa absolutamente toda la verdad.

Es decir, en el PP siguen donde estaban: no quieren saber toda la verdad, sino sólo aquella que, por inverosímil que resulte, incluya a ETA en la participación del atentado. Y de ahí no se apean.

No deja de ser paradójica la obsesión de Trillo por conocer la verdad, cuando de su estancia al frente del Ministerio de Defensa aún colea el asunto del accidente del Yak 42, que provocó 62 víctimas. A lo largo de año y medio, Trillo, por decirlo amablemente, estuvo sorteando la verdad sobre las causas del siniestro y toreando a las familias de los militares muertos, que se constituyeron en asociación para llegar a establecer cuáles eran realmente los cuerpos de sus familiares y exigir responsabilidades por un accidente que estaba repetidamente anunciado, dado el deficiente estado del aparato. Pero sigamos con lo principal.

Recordemos que durante cuatro años, Rajoy, Zaplana, Acebes, Aznar, Pujalte, Astarloa, Del Burgo y tantos otros y otras, han desacreditado, primero, la labor de la Comisión de Investigación del Congreso -un auténtico fiasco para Rajoy; la comisión de la mentira, según Zaplana-, y luego, la instrucción judicial.

Rajoy siguiendo dócilmente los cristianos consejos de la emisora episcopal y las instrucciones que a diario le preparaba la prensa amiga, llegó a pedir la nulidad del sumario que instruía el juez Del Olmo a raíz de una de las consuetudinarias morcillas informativas que le servía Pedro J. Y no debemos olvidar que durante cuatro años, la plana mayor del PP ha defendido la disparatada teoría de la conspiración, que, sin otra base que la ambición, las ganas de vender y el resentimiento de sus fautores, ha puesto en la picota a todas aquellas personas que se han esforzado en llegar a la verdad con pruebas evidentes y explicaciones coherentes.

El mérito principal de los amanuenses de esta teoría es haber brindado al PP un clavo ardiendo al que agarrase, pues permite creer que la investigación queda incompleta, no hasta que se desvele quién puede ser el misterioso autor intelectual del atentado, sino hasta que ETA aparezca de alguna manera en el escenario.

El hallazgo de esta figura es eficaz por perverso, pues permite abrigar dudas eternamente porque jamás se podrá probar que ETA cometió o indujo a cometer el atentado, y los presuntos indicios aportados por los autores de la fábula se han revelado inconsistentes y han sido desmentidos por datos y testimonios que han probado lo contrario: la autoría, los motivos y objetivos de los terroristas islámicos.

Con la figura del autor intelectual, sus autores se cargan la acción de la justicia, pues hasta ahora se ha castigado a los autores materiales de los delitos, a sus colaboradores y en algunos casos a los instigadores, pero el autor intelectual es algo nuevo. Autor quien realiza un acto, y en general el autor material de un delito es el mismo que ha pensado cometerlo. Pero, llevada hasta su extremo, la teoría del autor intelectual tampoco serviría para el fin buscado, pues no bastaría con encontrar la conexión con ETA, sino que habría que dar con la persona que concibió el atentado. Hasta ahora, la justicia ha perseguido y condenado a los autores de los atentados, aunque quizá los inductores, los planeadores o los artífices de las ideas estuvieran muy lejos, en la cárcel o incluso en el exilio, y fueran, por tanto, incapaces de ser sus . Y hasta ahora, en el PP han respetado este criterio, incluso en el caso del Aznar, que, el 19 de abril de 1995, salió ileso de un atentado de ETA, pero, entonces, en el PP nadie defendió la idea de perseguir al de aquella brutalidad. Y tuvieron tiempo para buscarlo, pues gobernaron desde el año siguiente hasta marzo de 2004.

¡Ah! En enero de 2006, Al Qaeda reclamó, junto a otros atentados, la autoría del perpetrado el 11 de marzo en Madrid, como parte de la lucha contra Occidente. Y el diario abertzale que tanto crédito le merece a Acebes, condenó el atentado al día siguiente de producirse, consciente del daño que originaba a su causa.

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