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domingo. 05.02.2023

Como luchar contra el terrorrismo de los mercados

nuevatribuna.es | 26.12.2010En la crisis actual quien se se lleva la palma de lo que no se debe hacer ni decir es la señora Merkel: ¿Dónde y qué habrá estudiado esta señora? Desde luego de economía y del comportamiento de los llamados mercados no sabe nada.

nuevatribuna.es | 26.12.2010

En la crisis actual quien se se lleva la palma de lo que no se debe hacer ni decir es la señora Merkel: ¿Dónde y qué habrá estudiado esta señora? Desde luego de economía y del comportamiento de los llamados mercados no sabe nada. La otra posibilidad es que su ética -por llamar así a los principios que debieran presidir su comportamiento- está a cero y prefiere seguir intentando ganar elecciones- las del 9 de mayo en Renania-Westfalia las perdió-, aunque sea a costa de arruinar a la Europa del euro, al mismo euro y, a medio plazo -aunque ella no se lo crea-, a la misma Alemania. Y no sólo élla, aunque élla destaca, sino también Sarkozy y los burócratas del Consejo y de la Comisión.

Veamos. Si se quiere combatir el terrorismo de los mercados desde el poder que da la creación de leyes y directivas y con el BCE al menos de cómplice, se han de observar las siguientes reglas en la compra y/o suscripción de la deuda de los estados: 1) se ha de actuar sin avisar, 2) hay que evitar que se acostumbren los “mercados” al BCE, 3) se ha de actuar a la velocidad de la luz, como hacen los operadores de las salas de mercado, 4) ha de mantenerse un criterio: no tenerlo. Pues bien, Merkel y los del Consejo y la Comisión europea lo han hecho justo al revés. Dijeron que había que hacer algo al descubrir la realidad del déficit griego y tardaron 6 meses en crear el Fondo de Garantía y Estabilidad (el de los 750.000 millones de euros); Trichet -el presidente del BCE- tardó meses en decidirse a que el banco emisor europeo comprara/suscribiera deuda soberana cuando ya se había ¿rescatado? a Grecia y estaban dilucidando todavía qué hacer exactamente con Irlanda; la señora Merkel dijo que los bancos privados europeos debieran sufrir una quita de los acreedores privados en caso de impago, con lo que la confianza de los inversores a estos bancos para futuras financiaciones se vino abajo, con el añadido de que eso suponía poner en cuestión también las posibilidades de financiación futuras de las deudas soberanas por las perspectivas de que los estados tuvieran que financiar directa o indirectamente ¡a cargo de los presupuestos de los estados! las deudas privadas; el BCE exigió y exige a los estados soberanos combatir el déficit -reducirlo al 3% en diciembre del 2012- a costa -casi inevitablemente- de abrir una perspectiva negativa de las solvencia a futuro de los propios estados para los prestamistas privados -los mercados-, aunque sean solventes, porque lo que cuenta en las decisiones irracionales de los administradores de los fondos especulativos son las percepciones y no las realidades (eso que llaman los “fundamentos”); Almunia exigía planes de viabilidad para los bancos que recibían “ayudas” por si los especuladores no hubieran bajado lo suficiente sus calificaciones a los bancos. En fin, es como si Merkel y cía. hubieran jugado a las cartas con los prestamistas de lo ajeno -los de los fondos de inversión- con las cartas propias marcadas, sin que ellos -Merkel, Bruselas, Sarkozy- lo supieran.

Si a todos estos les hacen un informe PISA, la valoración les sale negativa. Mucho mejor hubiera sido que estas decisiones que ha tomado el BCE -sobre todo, las que no ha tomado- y Bruselas hubieran sido con criterio de aleatoriedad, es decir, como en un sorteo. Y esto no es ironía, porque si se va tras los mercados y se va anunciando lo que se va a hacer, es imposible acertar por la razón de que entonces los especuladores -los mercados- tienen toda la información necesaria para actuar minimizando los márgenes de error: pueden decidir donde invertir, donde no invertir, cuando hacerlo, cuando no hacerlo, y pueden saber con cierta aproximación en qué cuantía. No se puede ser más cretino. Y eso que tenían un espejo, quizá deformado en el callejón del Gato de allende los mares que se llama la Reserva Federal (la FED). Digo dónde mirarse e inspirarse, nada más, porque la FED es responsable en parte en el pasado de fomentar la crisis sin quererlo -supongo- con su política de bajos tipos de interés en la última década.

Eso sí, los tipos hay que bajarlos cuando la crisis ya la tenemos a nuestros lomos, porque entonces -a diferencia de lo que ha venido haciendo el BCE- sí hay que mantener los tipos de interés bajos para abaratar las inversiones reales, los préstamos financieros, fomentar el consumo y, en definitiva, estimular la alicaída demanda agregada y su consecuencia: la producción. Es verdad que la Alemania de Merkel viene creciendo más que nadie de momento, pero no la durará mucho porque sus propios bancos están atiborrados -exagero un poco- con títulos soberanos de Irlanda, de Francia, etc., y porque si los países de la zona euro junto con el Reino Unido no salen de la crisis importando, las exportaciones alemanes se van al garete. No hay que olvidar que si los llamados PIGSs estamos mal, no digamos cómo las están pasando los llamados antaño “satélites” de la Unión Soviética, que son importadores de los teutones.

Ya he apuntado cómo defenderse del terrorismo especulativo de los mercados, pero eso no basta. También hay que contraatacar. Un arma poderosa sería un impuesto sobre las plusvalías de las operaciones financieras entre residentes y no residentes. Por extensión, de toda transferencia entre ambos, sin prejuzgar si se trata de un préstamo, una relación de compra-venta, un seguro, una opción, un futuro, un contrato de permuta, un cdo, un cds (seguro), etc,, y sin prejuzgar si hay una commodity por medio o no. Esta sería la moderna tasa Tobin, además del impuesto ad valorem formulado por el premio nobel de economía hace ya 40 años. Más formas: prohibiendo las operaciones que consistan en vender a plazo lo que no se tiene y prohibiendo cualquier pago, transacción, transferencia a un considerado paraíso fiscal. Así, sin complejos.

Pero esto en Europa aún no es suficiente si se quiere que la Unión llamada Monetaria sirva para algo. He dicho llamada, porque aquí el lenguaje juega una mala pasada. En realidad no hay una unión monetaria sino tan solo una unión cambiaria. Lo que hay es equivalente a si todos los países de la zona euro hubieran fijado los tipos de cambio de su moneda bajo la imposibilidad y pecado mortal de no cambiarlos pasara lo que pasara.

Una Unión Monetaria -v.g., la FED-, implica que el banco central de la Unión cumple las siguientes funciones: es el emisor de la moneda, es responsable de fijar los tipos de interés mediante el control de la oferta monetaria, es prestamista de última estancia de la banca privada y es ¡también! comprador y/o suscriptor de la deuda soberana de los países cuando los intereses de la Unión así lo aconsejen. Es imprescindible además ir a una Unión Fiscal, es decir, a un solo e igual sistema fiscal -aquí no hay ciudadanos de primera, segunda y de tercera, aunque los ricos lo deseen- bajo una Agencia Fiscal Única Europea dependiente del Parlamento Europeo y no del Consejo y/o de la Comisión; también una Agencia Presupuestaria Europea que determinara el criterio de fijación de la cuantía de los presupuestos de los países miembros, de sus posibles déficits y de los límites de sus deudas soberanas. La decisión de cómo y dónde gastar sería competencia de cada país. Eso sí, con la contrapartida de que esa supuesta Unión se haría cargo de los posibles problemas que vayan surgiendo en todos los países como si la Unión Económica fuera un solo país, eso sí, federal.

Todo esto suena a muy yanqui, pero es que los americanos de más arriba de río Grande no han llegado donde están por casualidad. Además, tenemos la inmensa suerte de que podemos copiar algunas de sus virtudes y huir de sus muchísimos defectos. No necesitamos convertirnos en un imperio bajo el fuego de las cañoneras, en una potencia nuclear o en un enemigo de todos. Son pasos importantes, decisivos, pero hay que darlos y mejor en un suspiro, porque no podemos tomar aliento en la carrera de nuestra propia subsistencia como países, estados, donde los derechos humanos, civiles, el estado de bienestar y la democracia han alcanzado la cumbre de la historia. O construimos los Estados Unidos de Europa o nos vamos suicidando lentamente, poco a poco, mordisco a mordico, como los que ha dado la Merkel a los países periféricos.

Antonio Mora | Economista

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