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sábado. 25.06.2022

Claves para renovar el PSOE: La idea y el estilo

Un relato en política es una descripción de un hecho. En él tienen que aparecer tres elementos: la narración de la situación política actual, sus causas y características y un plan o proyecto en el que figuren las acciones políticas para llegar a alcanzar unos objetivos. Esos tres elementos que conforman un relato han estado presente desde el primer discurso de Rubalcaba como candidato a las próximas elecciones.

Un relato en política es una descripción de un hecho. En él tienen que aparecer tres elementos: la narración de la situación política actual, sus causas y características y un plan o proyecto en el que figuren las acciones políticas para llegar a alcanzar unos objetivos.

Esos tres elementos que conforman un relato han estado presente desde el primer discurso de Rubalcaba como candidato a las próximas elecciones. Rubalcaba hizo un diagnóstico de los principales problemas de la sociedad española y ha propuesto soluciones inéditas de carácter social. El principal mérito de Rubalcaba es haber elaborado una narración exacta de la situación económica de España: el estallido de la burbuja inmobiliaria, creada desde hace más de 10 años, ha propiciado la destrucción de millones de empleos y el endeudamiento (si no la desaparición) de un gran número de empresas. Rubalcaba ha dejado claro que la construcción, que llegó a suponer el 9% del PNB, es el principal problema y hay que sanear de nuevo la economía creando nuevos modos de desarrollo. En consecuencia ha reflexionado sobre la necesidad de apostar por una amortización industrial e innovar con nuevos sectores como la industria química, la dependencia, la biotecnología, todo ello, para conseguir un objetivo político: posibilitar reducir el déficit en la balanza de pagos a través del aumento de las exportaciones.

Pero, con ser eso importante, hay que destacar dos reflexiones importantes de Rubalcaba para el gobierno político de la economía y la creación de empleo (que es lo que más afecta a los ciudadanos): el primero se corregiría mediante una tasa que grave las grandes transacciones de capital financiero a los bancos y las grandes empresas y en lo que a la creación de empleo se refiere, destinar una parte de los beneficios de los bancos a la creación de empleo. Dos medidas que deben concretarse pero que en sí mismo, corrigen la tendencia que ya Marx denunció en su tiempo, esto es: la captura del Estado por parte del poder del capital (en este caso la élite del poder financiero de carácter global).

Rubalcaba ha dejado claro que no será posible financiar un modelo social avanzado si no hay un valor añadido suficiente en una economía europea eficiente, capaz de competir dentro de la globalización. Y por eso necesitamos competir con economías emergentes que no tienen como filosofía o forma de vida nuestro modelo social europeo (China o EE.UU.). Por ello, nuestra riqueza debe ir orientada a generar valor añadido frente al resto. Por eso, – ha recalcado Rubalcaba con mucho sentido- es necesario Europa.

Los contenidos fundamentales de un acuerdo europeo, pero también español, deberían tener que ver con el hecho de que el modelo de cohesión social de Europa no es sostenible sin cambiar el modelo productivo. Hay que ser capaces de competir en la globalización y eso afecta a nuestro sistema educativo, de formación profesional, de I+D+i. ¿Pero cómo debe ser este nuevo modelo? ¿Qué hace falta para que España siga acercándose a los países más prósperos de Europa? Todos los economistas coinciden en una cosa: o cambiamos ya o nos arriesgamos a un estancamiento de consecuencias funestas para el bienestar de los españoles. Para ello, es necesario una amortización empresarial e industrial: creación de nuevas empresas de valor añadido y también la generación de nuevos pequeños y medianos empresarios, una fórmula que ha tenido un éxito histórico en España.

El candidato del PSOE, ha enunciado algunas medidas para la mejora de los servicios sociales. La más destacable es el mir para profesores, trasladando el modelo que hay en la sanidad para los médicos, a la educación. Otra medida significativa es el apoyo de alumnos con dificultades para evitar el abandono escolar, aunque sin concretar medidas en este sentido.

Rubalcaba también ha atendido las demandas de muchos ciudadanos que piden una profundización de la democracia a través de mecanismos de control de los ciudadanos. La autocrítica hecha en este sentido es interesante, así como las propuestas. Rubalcaba ha insistido en que los partidos políticos habían matado la vida civil, han colonizado instituciones, han abortado el debate complejo por ideas simplistas y vacías. Partiendo, la mayoría de ellos, de una situación desesperada, por carecer de empleo y no poder desarrollar sus proyectos vitales, han localizado el problema fundamental y primigenio. La política se había desfigurado convirtiéndose en una actividad perversa porque se ha convertido en una carrera paralela y en ocasiones alternativa a la vida laboral por parte de quien la ejerce. Así las cosas, a la vida política (en todos los partidos) acceden personas sin ningún tipo de preparación en comparación con otras miles de personas que, teniendo carreras, másteres, o incluso, hablando idiomas, no encuentran trabajo. Esta comparativa es una situación lacerante, pero lo que la convierte en sangrante, es la acción que toman estos políticos (profesionales) y de los partidos políticos, ahora devenidos en agencias de colocación mediante el ensimismamiento y el narcisismo que arrastra su discurso, las prevenciones que tratan de tener frente a los colectivos que pueden ya no amenazar su privilegiada situación, sino simplemente denunciar esa situación. Rubalcaba ha afirmado que la ciudadanía tiene que tomar la palabra y para ello hay que tomar medidas: modelo alemán de listas abiertas y cambio en la ley electoral con un resto como circunscripción única.

En Rubalcaba encontramos la recuperación de las esencias de la socialdemocracia para el PSOE, perdidas por Zapatero, pero además, un nuevo estilo donde prima la formulación racional y compleja de los problemas frente al eslogan propagandístico de la era de Zapatero, en ocasiones, vacío de contenido. Ah, pero es que Rubalcaba ha podido proponer estas medidas estando en el gobierno y ahora carece de credibilidad. Esto es cierto en parte, puesto que Rubalcaba no era el máximo dirigente del gobierno cuyo responsable es un presidente que ha desarrollado un estilo de gobierno muy personalista. Rubalcaba no ha podido decidir (puesto que no es el jefe de Gobierno), la política seguida por Zapatero y negociada con Europa aquel 10 de mayo de 2010, en donde llegó el gran viraje impuesto por Europa. Sin duda, Rubalcaba ha sido un colaborador activo de Zapatero, pero en ningún caso puede ser considerado como el responsable de las decisiones políticas del Gobierno, que es cuestión de Zapatero.

Debemos por tanto, considerar a Rubalcaba como un servidor público y un colaborador de la acción de distintos gobiernos. Pero en ningún caso, el autor o responsable de la orientación ideológica del PSOE (hasta el sábado). Pero en todo caso, poco importa lo que consideremos nosotros, por cuanto lo verdaderamente importante es lo que percibe la sociedad: ahí es donde se sitúa el principal problema del discurso de Rubalcaba: cómo parecer como un verdadero renovador del PSOE, con un discurso de país, habiendo sido hasta ayer miembro de ese gobierno. En mi opinión, solo materializando un giro programático nítido que sea capaz de romper inequívocamente con el zapaterismo a través de la revisión de principios y la articulación práctica de medias redistributivas, puede lograrse ese objetivo. Solo rodeándose de un equipo renovado y ajeno a Zapatero, puede proyectarse una idea de renovación. Solo fabricando un discurso en el que se renueven las señas de identidad de la socialdemocracia, (articulando una nueva idea de progreso y de redistribución de la renta), puede tomar solidez un proyecto del PSOE.

Pero el socialismo para volver a tener credibilidad, ha de forjar un estilo de hacer política que lo diferencie de sus competidores. En este sentido, cobra tanta relevancia en Rubalcaba y en el futuro del socialismo la forja de un nuevo liderazgo fundado en nuevas bases, como las ideas que puedan conformar un relato para construir un proyecto político que acabamos de exponer.

En su reciente libro, Mi idea de Europa, Felipe González reflexiona sobre el liderazgo. Para González, el liderazgo ha de cumplir una serie de características: la capacidad del líder de hacerse cargo del estado de ánimo de los demás. La capacidad para cambiar el estado de ánimo. La fortaleza emocional, que no debe confundir con la inteligencia emocional de la que tanto se habla y con tan poco fundamento. Se identifica con la capacidad de no dejarse arrastrar por el éxito ni por el fracaso.

En el reino de la incertidumbre que ha construido Zapatero (desempleo, crisis económica, recortes sociales), ninguna de estas características ha aflorado. Zapatero no ha sabido liderar el estado de ánimo de los demás, sino muy al contrario, ha creado desánimo, desorientación, desesperanza y frustración, tampoco ha sido capaz de tener fortaleza emocional, puesto que en ocasiones, hemos visto a un presidente arrastrado por los liderazgos de Alemania o de los banqueros. Nada hay en Zapatero por lo tanto de lo que enuncia Felipe González. Por esa razón, Zapatero, sabiendo que es un líder amortizado, no ha sido capaz de asumir el liderazgo y ha renunciado.

Las preguntas que se abren ahora son: ¿Podrá construir el PSOE un nuevo liderazgo o un estilo de hacer política que lo diferencie de los demás y le sirva como seña de identidad? ¿Qué características ha de tener ese nuevo estilo? ¿Cuál debe ser la conexión que ese liderazgo deba tener con la sociedad? Es difícil responder a estas preguntas si previamente no hacemos una reflexión a la crisis ideológica en que se encuentra ahora mismo el PSOE.

El socialismo español ha perdido su conexión con la calle y necesita recuperarlo. Pero para ello, ha de construir un discurso plenamente socialdemócrata. Ese discurso debe elaborarse sobre la base de un nuevo crecimiento económico (ya hablamos de ello más arriba). Todo ello exige un liderazgo que no solo cumpla lo que explica González, sino que ha de ser portador en sí mismo, de otras competencias. Porque el contexto social no define únicamente conceptos como normalidad, ajuste y desviación, sino que determina también, en gran parte, si un don psíquico determinado encontrará salidas constructivas o creativas. El quid de la teoría de Weber sobre el liderazgo reside en que la legitimidad política se funda en distintas proporciones sobre tres y únicamente tres elementos: la tradición, la legalidad racional y el carisma. Los hombres obedecen voluntariamente por una mezcla de hábito, interés y devoción personales.

El nuevo liderazgo del PSOE, ha de inspirarse en personalidades como Rubalcaba y ha de fundarse en esas tres características, ha de reconocerse dentro de la tradición socialista, lo cual significa que ha de presentarse verdaderamente como una persona conocedora de la ideología socialista y lo que significa históricamente el partido socialista. En este sentido, ha de ser totalmente contrario a Zapatero en cuanto que persona que carecía de formación ideológica, y desconocía la Historia de España y del socialismo español. Zapatero y sus viudas, han demostrado mucho tacticismo y escaso conocimiento de la ideología socialista, siendo el debate y el intercambio de ideas escaso. En este sentido, el nuevo liderazgo debe propiciar el debate y la reflexión entre los socialistas para superar las crecientes dificultades de la izquierda para acceder al poder y también para construir un programa acorde a los desafíos que la sociedad española presenta en el s. XXI. Ha de reconocerse por tanto en la tradición (entendida como fábrica de ideas y comunicación entre socialistas y con la sociedad) y no en el control del poder como en el caso de Zapatero. El segundo aspecto, la legalidad racional, debe basarse sencillamente, en la proposición de medidas prácticas que puedan ser demostradas por la realidad de los hechos, debe, por tanto, huir de la propaganda y de conceptos tan absurdos como artificiales y vacíos de contenido como choque de civilizaciones, memoria histórica, socialismo de los ciudadanos, democracia deliberativa. El electorado debe reconocer que lo que se propone es fácil llevarlo a la realidad porque está basado en un análisis de la sociedad real. Por último, el carisma; que no es tanto una característica sino una percepción que los demás ven en una persona y que lo convierte en imprescindible manteniendo una relación de dependencia con él. El carisma es la propiedad del liderazgo según la cual, el líder encarna un determinado estado en el que se encuentra la sociedad y ésta percibe al líder como el único camino para solucionar los problemas. Suárez en su día encarnó el tipo y la forma de cambio político que demandaba la sociedad (que era un cambio hacia la normalidad mediante el diálogo; “vamos a elevar a la categoría política de normal, lo que a nivel de calle es simplemente normal”); la vía de la normalidad, la vía de la reforma era la preferida por la sociedad pero cuando la normalidad desapareció como estado en que se producía la acción política, el liderazgo de Suárez se destruyó. Lo mismo podríamos decir de González, el líder socialista encarnó el cambio, la transformación de la sociedad – su modernización - y la creación del Estado del bienestar. El PSOE debe de encontrar una nueva encarnación de la sociedad, debe hacerse cargo de un nuevo estado de ánimo que proyecte un hito que forjar.

Parece ser que los movimientos carismáticos surgen en distintas formas. Por una parte, el movimiento puede ser carismático desde un principio; esto es, inspirado e iniciado por la personalidad carismática del líder que lo encabeza (caso que se da de manera natural en Rubalcaba por la empatía personal que transmite). O también el movimiento como simple movimiento en busca de un cambio puede existir antes de que surja el líder carismático y transformarse entonces. Por tanto, para reducir al mínimo el error al clasificar como carismático a un líder, es de gran importancia estudiar su influencia sobre quienes lo rodean antes de acceder a un alto puesto. Podemos establecer como regla general que cuando una personalidad-líder es auténticamente carismática, su carisma empezará a manifestarse antes de que sea políticamente poderoso (caso de Felipe González y Suárez).

El liderismo es un proceso de mediación compleja entre la personalidad del líder, las esperanzas de sus seguidores, las circunstancias y una serie de metas. La necesidad de dirección o liderismo es proporcional a la distancia entre las circunstancias y las metas, y el anhelo de carisma representa a esa necesidad en la forma más intensa. Por esta razón, la persona de Rubalcaba proyecta una serie de propiedades que lo convierten en altamente efectivo teniendo en cuenta la situación de España. Rubalcaba es sinónimo de seguridad, certidumbre, reflexión, capacidad de trabajo, conocimiento de los hechos, formación intelectual, etc.

En resumen: observamos en el discurso de Rubalcaba elementos nuevos que, más allá de la coyuntura electoral, deben servir de base para una reflexión más amplia de la socialdemocracia para España que de todos modos, debe fundarse en el tipo de liderazgo que ejerce y en un relato político que trate de propiciar un proyecto político solido. Falta en cualquier caso, en las actuales circunstancias, un hito o proyecto colectivo que forjar, según el cual, el partido sea el que encarne los proyectos de vida mayoritarios de la sociedad Española y de la nación española. Debe en cualquier caso inspirarse en el estilo y la idea.

Claves para renovar el PSOE: La idea y el estilo
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