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miércoles. 10.08.2022

Buscando las respuestas socialistas

Acabado el Congreso de Sevilla, participo en un debate organizado por el Pasok para analizar las respuestas socialdemócratas a la crisis. Esas respuestas socialistas que el Congreso del PSOE buscaba, como rezaba su “motto”, hay que encontrarlas en Europa. No es posible imaginar una política nacional que se pueda aplicar aisladamente en lo que se refiere a los grandes equilibrios macroeconómicos.

Acabado el Congreso de Sevilla, participo en un debate organizado por el Pasok para analizar las respuestas socialdemócratas a la crisis. Esas respuestas socialistas que el Congreso del PSOE buscaba, como rezaba su “motto”, hay que encontrarlas en Europa. No es posible imaginar una política nacional que se pueda aplicar aisladamente en lo que se refiere a los grandes equilibrios macroeconómicos. Y por eso podemos enunciar tantas veces como queramos lo de los eurobonos, el papel de BCE, los plazos más razonables para reducir los déficits públicos, etcétera. Todo ello depende de que existan mayorías políticas dispuestas a apoyarlas en el ámbito europeo.

Y de momento no existen. Hay que construirlas, pero de momento no las tenemos. Por eso es tan importante lo que vaya a ocurrir dentro de poco en las elecciones presidenciales francesas, con un Hollande prometiendo revisar el Tratado de austeridad fiscal firmado hace unos días, y negándose a constitucionalizar la “regla de oro” tan querida por Merkel ( y que Zapatero ya asumió).

Grecia, y con ella toda la zona euro, vuelve a bailar al borde del precipicio. Las negociaciones con los bancos acreedores están en punto muerto, después de sucesivos aplazamientos del acuerdo sobre la reducción del valor y el tipo de interés de la deuda griega. Y Merkozy, al acabar el consejo de ministros franco alemán, ha exigido nuevas medidas de austeridad y un aumento de la competitividad que pasa por la reducción de los salarios.

Sin un acuerdo sobre la reducción de la deuda, la UE y el FMI no desembolsarán los nuevos créditos prometidos y Grecia entrará en bancarrota. Una historia que se repite desde el principio de la crisis y que está llegando al límite de la capacidad de la sociedad griega de soportar unas medidas de austeridad que la han conducido a una recesión económica que le impide reducir su endeudamiento y exige nuevas medidas de austeridad, en un circulo vicioso que no tiene salida.

No solo en Grecia. La recesión ha llegado a Europa y los sucesivos acuerdos del Consejo Europeo no la han evitado, más bien la han propiciado. El FMI prevé una contracción del 0,5 % para el conjunto de la zona euro, con caídas del PIB especialmente fuertes en España e Italia y estancamiento en Francia y Alemania. Un contexto muy malo para pretender reducir los déficits fiscales sin agravarlos todavía más. La zona euro se ha convertido en el eslabón débil de la economía mundial.

Así, las incertidumbres políticas se añaden al impacto que las políticas de austeridad tendrán sobre una economía en punto muerto. La forma en la que se va a resolver la restructuración de la deuda griega, la medida en la que el BCE va a mantener su ayuda a un sector financiero muy frágil, y a través de ella canalizar recursos para financiar a los Gobiernos, y la capacidad de las sociedades europeas de soportar las consecuencias de las políticas de austeridad que se les imponen son algunas de las incertidumbres que pesan sobre este año 2012.

Solo el BCE puede ser a lo largo del año la tabla de salvación y el bombero que apague los incendios. Como ya viene haciendo desde agosto pasado y mucho más desde que Draghi ha tomado los mandos.

Gracias a su decisión de bajar los tipos de interés y de suministrar liquidez barata y a largo plazo a los bancos, Don Mario ha estabilizado la situación en las ultimas semanas. Las primas de riesgo de Italia y España han disminuido y se ha eliminado el riesgo de implosión de la zona euro, pero no se han resuelto sus problemas de estancamiento económico.

A diferencia de Europa, los demás países desarrollados pueden apoyar sus economías porque disponen de dos instrumentos vitales .Un verdadero Banco Central y una moneda con un tipo de cambio ajustable. Gracias a ello, pueden permitirse mantener déficits públicos importantes, que a fin de cuentas no son sino la contrapartida natural del necesario desendeudamiento del sector privado.

Como los países europeos no pueden hacer lo mismo, cuando la crisis disminuyó su financiación exterior la respuesta ha sido una reducción de la actividad económica. Y como sin crecimiento no es posible reducir el endeudamiento, la amenaza de una serie de “defaults” soberanos y de los bancos sigue pesando sobre las perspectivas europeas.

El BCE ha impedido un colapso del sector bancario europeo. Pero hay que dar tiempo a los países en dificultad para que puedan recuperarse. La disciplina presupuestaria no puede ser la solución, porque la indisciplina no fue el principal problema. Seguimos con el mismo error de diagnóstico, a pesar de que la señora Lagarde ha advertido en Berlín que “aplicar recortes presupuestarios generalizados en todos los países a la vez no hará sino atizar la recesion y agravar el problema”. Más claro el agua. Pero luego el FMI, que se supone que dirige Lagarde, exige a Atenas esos mismos recortes.

Entre las muchas cosas que nos ha enseñado la crisis está el que los mercados financieros son incapaces de orientar adecuadamente la inversión del ahorro y del endeudamiento. Qué duda cabe que España e Irlanda hubieran hecho mejor invirtiendo en energías renovables o en la racionalización de los sistemas sanitarios, los capitales que han hinchado la burbuja inmobiliaria. Incluso con mecanismos tan estrictos como los que ahora se proponen para controlar el déficit público, estos países hubieran tenido los mismos problemas.

España e Irlanda han sido victimas del comportamiento de su sector privado. Y eso es consecuencia de la concepción de la economía derivada del Tratado de Maastricht que fomenta el gasto privado, sin pararse a pensar en cómo se financia, y estigmatiza el gasto público, aunque sea un factor clave para la competitividad de un país. Y eso lo dice con las mismas palabras Monti, el nuevo primer ministro italiano, el otro Mario, que es cualquier cosa menos un rojo peligroso ni un dogmático keynesiano.

Es una muestra de las críticas cada vez mayores a la política impuesta por Merkel. Como decía Kant, la bondad de una regla depende de que pueda ser aplicada por todo el mundo. Una zona euro compuesta por 17 “Grecias” no funcionaría. Pero si estuviese compuesta por 17 “Alemanias” tampoco, porque si todos los países hubieran aplicado a la vez la moderación salarial alemana, la recesión del conjunto hubiese sido mayor que la que ahora nos amenaza. Y Alemania no hubiese podido vender a sus vecinos las exportaciones en las que ha basado su crecimiento. Sería bueno tenerlo en cuenta ahora que parece que la reducción de los salarios parece ser la única forma a través de la cual Grecia y los países del sur pueden recuperar competitividad.

Desde luego Grecia es un buen escenario para comprobar los desastres sociales que están causando las políticas de austeridad impuestas por el centro derecha europeo, contra las cuales cargaron en Sevilla tanto Chacón como Rubalcaba. En eso al menos no había diferencias entre los dos candidatos. Pero había otras muchas entre las cuales los delegados tenían que optar. Y el margen tan estrecho del resultado muestra claramente la profunda división que existía acerca de la mejor forma de afrontar el futuro.

A la vista de este resultado no está nada claro que Rubalcaba tuviese razón cuando proclamó que hubiese ganado de calle las primarias para elegir candidato a la Presidencia del Gobierno si estas se hubiesen producido. Pero la respuesta a un resultado de práctico empate, ha sido una ejecutiva constituida casi al cien por cien por representantes del candidato ganador. Tiene sus ventajas, y sin duda refuerza la posición del Secretario General. Pero objetivamente hablando, no se puede hablar de integración de los partidarios de los dos candidatos. Puede que no importe, pero así es.

El Congreso también rechazó que en el futuro la elección del Secretario General se hiciese por voto universal y directo de los militantes. Una opción que levantaba muchas reticencias y que ninguno de los dos candidatos apoyó claramente. La razón era evitar el “caudillismo”, el “presidencialismo” o el excesivo poder del Secretario General. Es decir, eso que los ingleses llaman “winner takes all”, aunque sea ganando por la mínima. Pero no parece que la actual forma de elegirlo haya servido para evitarlo.

Seguiremos pues buscando las respuestas socialistas.

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