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jueves 19/5/22

Betancourt

No sé quien es ella, salvo por lo que todos hemos visto en los medios de comunicación. Tampoco me importa. Es una mujer que ha sufrido un cautiverio de seis años contra toda razón, contra toda justicia, contra toda humanidad.Ingrid Betancourt ha sufrido seis años de privación de libertad, de sufrimiento. Se ha perdido seis años del crecimiento de sus hijos, de los besos de su familia y de su marido. Ha sufrido a extremos increíbles.
No sé quien es ella, salvo por lo que todos hemos visto en los medios de comunicación. Tampoco me importa. Es una mujer que ha sufrido un cautiverio de seis años contra toda razón, contra toda justicia, contra toda humanidad.

Ingrid Betancourt ha sufrido seis años de privación de libertad, de sufrimiento. Se ha perdido seis años del crecimiento de sus hijos, de los besos de su familia y de su marido. Ha sufrido a extremos increíbles. Y ha resistido. No sé, en profundidad cuál es su ideología y repito que no me importa. Veo en su imagen la imagen de cualquier ser humano, humillado, encarcelado, secuestrado. Nunca estaré con la cobardía de quienes retienen, encierran, castigan a un ser humano por no pensar como sus carceleros.

Anoche, cuando supe de su liberación sólo sentí alivio y alegría. Era como si se rompieran cadenas, como si saltaran por loa aires muros invisibles. Pensé en esta mujer que, por fin, abrazaría a su familia, volvería a dormir en su cama, sentiría a su lado el calor de los demás.

Líneas más arriba hablaba de la cobardía del secuestro. Creo, sinceramente, que no hay nada más cobarde que el robar, aunque sea por unos días, unos meses, unos años, la vida de un ser humano. Robar desde el poder que dan las armas, la prepotencia, el dominio injusto e inhumano. Es la cobardía absoluta. Cuando un ser humano tiene su vida en otras manos y nada puede hacer. Y el miedo, la incertidumbre entran en su alma.

Fue ayer un día de júbilo para quienes creemos en los derechos de cualquier hombre, de cualquier mujer, para quienes creemos en el derecho a la felicidad, al pensamiento, a la palabra libre. Y tiene que seguir siéndolo. Ella, generosamente, amorosamente, lo recordaba cuando decía que quedan más prisioneros, que quedan seres humanos desconocidos, sin nombre y sin proyección internacional, a los que hay que liberar. Posiblemente, sólo quien ha perdido su vida durante seis años sabe el valor de la vida y de la libertad.

Por eso tienen más valor sus palabras y sus preocupaciones por quienes todavía son rehenes siempre inocentes- en manos del odio. Nada justifica el calvario de Betancourt. Nada justifica el sufrimiento de quienes todavía se encuentran con las manos y el alma atadas.

Terrible historia la que ha llevado a situaciones como ésta. Terrible historia la que ha llevado que alguien justifique el sufrimiento y la tortura. Aunque no haya jmás justificaciones para ello. No puede haberlas.

Manuel Altolaguirre, que tanto sufrió por otras represiones, por otros medios y, sin embargo tan iguales- lo escribió hace ya algunos años:

Alzan la voz cruel
quienes no vieron el paisaje,

los que empujaron por el declive pedregoso
la carne ajena,
quienes debieron ser almas de todos

y se arrancaban de ellos mismos
cuerpos parásitos
para despeñarlos.


¿Cómo pedir que no se levante esa voz cruel, que el paisaje del hombre se vea con otros ojos?

Betancourt
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