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lunes 16/5/22

Barcelona no tiene poder

agencia europea del medicamento

La responsabilidad mayor recae en la tensión que ha provocado el independentismo y, más concretamente, el Govern de la Generalitat

«Barcelona tiene poder» cantaba Peret. Eran otros tiempos. Ahora es una ciudad que va perdiendo gas.  Una buena culpa de ello es que la ciudad se ha subsumido parcialmente en el ambiente del pluriverso del independentismo y en su espíritu de campanario. Barcelona se aleja del mundo de la globalización. Peret, posiblemente, se llevaría las manos a la cabeza. Barcelona ha sido derrotada en la primera votación. La Agencia Europea del Medicamento no pondrá aquí su campamento.

Lo chocante del asunto es que ahora todo el mundo tira los trastos a la cabeza del otro. Hipocresía a granel. Nadie quiere ser responsable del desperfecto que dicha decisión causa a la ciudad. Digo hipocresía porque: a) el Govern catalá nunca vio con ojos amables la proyección mundial de Barcelona, de hecho tres cuartos de lo mismo se pudo observar cuando los Juegos Olímpicos del 92; b) las autoridades municipales nunca fueron especialmente hospitalarias con la sede del medicamento; c) el gobierno de Rajoy, además, miró siempre con desconfianza el poder y el magnetismo de Barcelona. Ninguna de estas instituciones estructuró una diplomacia  --ni en solitario, ni unitariamente-- capaz de conseguir el objetivo. Pero hay otra razón que convendría tener en cuenta: Cataluña, España y Barcelona han perdido influencia en Europa en los últimos tiempos. Es más, se diría que en Europa hay una cierta fatiga de las tres. En resumidas cuentas: entre todos la mataron y ella sola se murió.

Con todo, la responsabilidad mayor recae en la tensión que ha provocado el independentismo y, más concretamente, el Govern de la Generalitat: nadie hace una inversión del tipo que sea si va a desarrollarse en un contexto de zozobra e inquietud.  Nadie entonará el mea culpa: el sentido de la autocrítica es muy relajado. 

Barcelona no tiene poder