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miércoles. 17.08.2022

El 'balconing' del PP

El Partido Apostólico ha protagonizado un sonado balconing. La consecuencia: su malla de poder ha quedado bastante descosida.

sede-PP

Mientras encuentro el microscopio me contento con esbozar lo que entiendo como grandes movimientos de lo acaecido ayer.

Lo primero: el Partido Apostólico ha protagonizado un sonado balconing. La consecuencia: su malla de poder ha quedado bastante descosida. Lo segundo: la izquierda emergente ha obtenido unos resultados espectaculares Lo tercero: el panorama que se abre podría ser –lo digo todavía en condicional-- apasionante. Lo cuarto: comoquiera que las mayorías absolutas han saltado en astillas es de cajón recurrir sensatamente a la técnica del entendimiento o pacto. Lo quinto: nadie ha dicho que los niveles de abstención siguen siendo espeluznantes; esta es una cuestión que empaña los resultados de estos comicios.  

Ya lo hemos dicho: la malla del poder del Partido Popular está por los suelos. Ya veremos qué influencia tienen sus resultados en el todavía pendiente proceso electoral. En todo caso, su permanencia en el gobierno de las instituciones depende de dos elementos: a) de un lado, que Podemos y lo socialistas entiendan que, para desalojar a los apostólicos, es necesario ponerse de acuerdo; y, de otro lado, de la postura que tome Ciudadanos en cada lugar concreto.

Vamos a lo concreto: Carmena y Gabilondo tienen opciones para gobernar en Madrid, y tres cuartos de lo mismo le sucede a Comprimís en el País Valencià. También en otros lugares. ¿Qué sucederá? De momento hemos leído las recientes (y convincentes) declaraciones del socialista Antonio Miguel Carmona que, con toda claridad, ha dejado dicho que facilitará la elección de Carmena a la alcaldía de Madrid. De lo que se desprendería que Podemos debería devolverle el gesto aupando a Gabilondo a la presidencia de la comunidad madrileña. ¿Tendremos –en primer lugar los madrileños--  esa suerte? Ustedes dispensen por el ejemplo: reproducir, con otros sujetos, la experiencia de Izquierda Unida en Extremadura sería una calamidad, en primer lugar para quien entre en una grosera abstención.

Así pues, la izquierda –o si se prefiere, las fuerzas de progreso--  no deben ser renuentes a pactar entre sí. Que Esperanza Aguirre y Rita Ereslamejor sigan gobernando en Madrid y Valencia seguiría siendo catastrófico para sus respectivas ciudadanías y para las fuerzas políticas que, por activa o pasiva, no lo impidieran. Y digo lo mismo en otros casos similares.

Las izquierdas tienen ahora una oportunidad de redimensionar la diversidad de  su utilidad programática y de sus proyectos. Cada una, por separado, no podrá hacerlo. Si, no obstante, se optara por la duda existencial del asno de Buridán el estropicio sería caballuno. Entonces, elbalconing sería un resbalón y podría curarse con cuatro tiritas y agua del Carmen. Entonces, a las izquierdas sólo le tocaría gimotear y, como el rey nazarita, musitar «Ay de mi Alhama».

Una última consideración: los resultados del hada Ada Colau, de Manuela Carmena, de Compromis y otros más o menos similares podrían ser el germen –otra vez lo digo en condicional--  de la izquierda que está por hacer. De la izquierda de largo recorrido que está por hacerse. Lo que hemos visto hasta la presente son indicios, declaración de intenciones; ahora viene –ya ha llegado, aunque con una serie de ambigüedades--  el momento de la verdad. El momento de la mirada, de la práctica unitaria en todas sus diversidades.

Por lo demás, «avive el seso y despierte» --como nos decía el caballero Manrique--  que todavía el Partido Popular tiene una importante y demostrada fuerza de masas. Y recuérdese que, todavía, hay un «alma dormida» en esa importantísima bolsa de la abstención.

Apostilla, retengo el sabio consejo de mi amigo Paco Rodríguez de Lecea para este trayecto: «trabajo colectivo, consenso, iniciativas y saberes de procedencias diversas y puestos en común». ¿Qué desnortado podría decir que Paco nos invita a un despropósito? Así pues, querida izquierda: deja elbalconing para otros, no para ti. Sea. 

El 'balconing' del PP