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miércoles. 10.08.2022

Azawad: Un polvorín al sur de Europa

A mil kilómetros de Canarias un auténtico polvorín está a punto de estallar. Se trata de la creación del Estado islámico de Azawad. Un Afganistán en el norte de África. Mali, un país históricamente estable ha entrado en una peligrosa convulsión. Los yihaidistas controlan el norte del país. La mayoría de ellos proceden de Argelia, Mauritania, Níger o incluso Pakistán y Somalia.

A mil kilómetros de Canarias un auténtico polvorín está a punto de estallar. Se trata de la creación del Estado islámico de Azawad. Un Afganistán en el norte de África.

Mali, un país históricamente estable ha entrado en una peligrosa convulsión. Los yihaidistas controlan el norte del país. La mayoría de ellos proceden de Argelia, Mauritania, Níger o incluso Pakistán y Somalia. Un territorio de la misma extensión que Francia, que impone la sharia (ley islámica) y que ha llevado a sus ciudadanos a refugiarse en otros países, a sufrir lapidaciones o represión por sus costumbres. Estos grupos terroristas han hecho de los secuestros a occidentales su principal fuente de ingresos.

Azawad, al estar en plena franja del Sahel, se convierte en un punto muy importante del tráfico de armas, drogas y personas.

Bamako, la capital de Mali vive con impotencia la invasión de ciudades como Tombuctú, Gao o Kidal debido a la crisis política que vive. Y mientras los políticos malienses siguen paralizados y la Comunidad Internacional no interviene, el nuevo estado de Azawad, proclamado el pasado abril, se ha convertido en un foco terrorista que puede condicionar la vida de los países colindantes e incluso de los que vivimos al sur de Europa.

Desgraciadamente Mali está en puertas de convertirse en un Estado fallido ya que en los últimos meses ha vivido un golpe militar, una insurrección separatista y una devastadora sequía.

A pesar de todas estas circunstancias, dicho país de catorce millones y medio de habitantes (sólo 7 millones están alfabetizados) tiene paradójicamente 18 periódicos en lengua francesa, 6 en lengua autóctona, 3 cadenas de televisión y 150 emisoras de radio, según el director del Michael Ansari Africa Center, algo realmente inusual en la zona. Gracias a estos medios la ciudadanía pudo enterarse de la corrupción existente en el país y ahora sigue minuto a minuto la creación del estado islámico de Azawad.

A los insurgentes separatistas, se han añadido los grupos cercanos a Al Qaeda que se mueven a sus anchas por el denominado Sahel. Todos ellos coinciden en desarrollar la religión musulmana a sus límites más fanáticos prohibiendo lo que antes era habitual en esa zona como escuchar música, beber alcohol, fumar o tener relaciones sexuales de forma libre. Las mujeres, como siempre, las principales víctimas, son obligadas a ir tapadas de negro de los pies a la cabeza y a obedecer ciegamente a sus padres o marido. Las niñas son separadas de los niños en las escuelas y a éstos no les dejan jugar al fútbol.

Esas imposiciones contrastan con las costumbres tuaregs en donde se rigen por matriarcados y los que llevaban la cabeza tapada eran los hombres y no las mujeres.

El pasado 29 de julio un hombre y una mujer fueron asesinados por lapidación por tener dos hijos sin estar casados. Dicho hecho es escalofriante pero también lo es que 200 personas presenciasen dicho acto brutal con aparente normalidad, aunque la población se está resistiendo.

Tombuctú, puerta del África negra, conocida por ser Patrimonio de la Humanidad, ha visto como la locura ha destruido, a golpe de piqueta, más de la mitad de sus famosos mausoleos, todos ellos construidos por el arquitecto granadino Es Saheli. En dicha ciudad se creó la primera universidad del continente, famosas escuelas coránicas, admiradas mezquitas de barro o antiguos manuscritos.,

Estos hechos recuerdan a la destrucción de los budas de Bamiyán a manos de los talibanes afganos en 2001.La historia desgraciadamente se repite.

La agencia de la ONU que coordina los asuntos humanitarios calcula que unas 400 mil personas han tenido que abandonar sus casas. Unos lo han hecho al sur de Mali y otros a los países limítrofes.

Por si esto fuese poco, dicha zona está sufriendo una de sus peores sequías y el hambre va cobrando protagonismo.

Es urgente y políticamente necesario una intervención internacional. Los países europeos, norteafricanos y organizaciones internacionales están paralizados a la espera de que sean los propios yihaidistas los que acaben enfrentándose con los tuaregs. “El objetivo de los primeros es la aplicación de la ley islámica más radical. Los segundos representan un movimiento que se aferra a una identidad nacional, no religiosa, fuertemente impregnada de los valores de democracia y secularización, en consonancia con una sociedad matriarcal que practica un Islam moderado” afirma David Alvarado del CIDOB.

Tras las revueltas árabes los tuaregs impulsaron su ancestral reivindicación de autodeterminación. A eso se añadía su continua protesta hacia Mali debido al paro, la corrupción o la concentración de riqueza de unos pocos frente a una gran mayoría pobre. Muchos de estos tuaregs combatieron contra Gadafi en Libia y al finalizar la guerra volvieron cargados de armas y municiones. Pero lo que nadie esperaba es que para conseguir su objetivo acabasen uniéndose a grupos afines a Al Qaeda.

Tengamos también presente que Canarias está muchísimo más cerca de Azawad que de Madrid.

Azawad: Un polvorín al sur de Europa
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