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domingo. 25.09.2022

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NUEVATRIBUNA.ES - 7.5.2010 Al final, el Reino Unido no es tan diferente de otros países europeos, no ha cambiado tanto como para no reconocerse en su propia historia. Los resultados de las elecciones generales, si demuestran algo, es que la existencia de intereses sociales contrapuestos, mal que les pese a los profetas de la modernidad, es un hecho innegable.
NUEVATRIBUNA.ES - 7.5.2010
 
Al final, el Reino Unido no es tan diferente de otros países europeos, no ha cambiado tanto como para no reconocerse en su propia historia.
 
Los resultados de las elecciones generales, si demuestran algo, es que la existencia de intereses sociales contrapuestos, mal que les pese a los profetas de la modernidad, es un hecho innegable.
 
No hay otra explicación a lo que las urnas han dictaminado: la victoria conservadora no se ha conseguido a costa del hundimiento laborista porque, en resumidas cuentas, a la hora de ejercer su voto, cada británico ha terminado sopesando si le tocaba estar upstairs (arriba) o downstairs (abajo).
 
Muchos pronosticaban que los liberales terminarían incluso superando a los laboristas. Pero Clegg ha sido incapaz de materializar las renovadas ansias de cambio del sistema político que representaba su partido porque nunca dejó claro si, a la hora de la verdad, no terminaría apoyando a Cameron por la coincidencia general de sus programas económicos.
 
Brown ha perdido, es innegable, pero no a costa de una práctica  desaparición del laborismo como hace algunos meses se presuponía. Ha pagado el cansancio del electorado tras 12 años de gobierno y también sus propios errores tácticos, pero no ha dejado de representar al grueso de la clase obrera y las clases medias bajas que difícilmente podrían apoyar un retorno del thatcherismo a través de los drásticos recortes anunciados por los conservadores en el caso de llegar a Downing Street.
 
Además, el dirigente laborista también ha puesto de manifiesto las limitaciones de la telegenia para decidir el voto. Los gurús mediáticos podrán preferir a quienes den bien en tele o ven con los dos ojos, pero los electores saben que en el fondo lo que se decide son políticas.
 
Desde luego, el Reino Unido ha demostrado que las encuestas se cumplen como tendencia: los conservadores han vencido. Pero, todo el mundo debería saber, a la luz de los resultados en las islas, que las tendencias sólo se materializan en realidades en términos gruesos.
 
Habrá que estar atentos al gobierno que se forme, que seguramente será uno encabezado por Cameron. Desde Europa, lo que cabrá en ese caso es trabajar para que el Reino Unido no se aleje de la Unión Europea, o mejor dicho, que sea consciente de que sus problemas, incluso con la libra, se solucionan en la Unión y con la Unión.
 
También cabe la posibilidad de que Brown consiga una coalición con los liberales y siga en el poder. El precio sería hacer más proporcional al sistema electoral, cuestión irrenunciable para Clegg. La bocanada de aire fresco en la estructura política británica sería, en ese caso, verdaderamente histórica.
 
Por lo demás, extraer lecciones británicas en español puede ser un ejercicio poco útil. A no ser que sea para sacar la moraleja sobre el cumplimiento no estricto de los sondeos. Allá cada uno con su propia valoración.  

Carlos Carnero

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