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miércoles. 10.08.2022

Argumentos

El Congreso de los Diputados ha sido escenario de uno de los debates de mayor trascendencia habidos desde los tiempos constituyentes. La globalidad de las medidas anunciadas por el Presidente Rajoy ha sido  de tal calado,  que supone un hito en nuestro modelo social. Lógicamente, el análisis principal de las mismas se ha realizado desde los graves impactos sociales que tendrán las mismas.

El Congreso de los Diputados ha sido escenario de uno de los debates de mayor trascendencia habidos desde los tiempos constituyentes. La globalidad de las medidas anunciadas por el Presidente Rajoy ha sido  de tal calado,  que supone un hito en nuestro modelo social. Lógicamente, el análisis principal de las mismas se ha realizado desde los graves impactos sociales que tendrán las mismas. Sin embargo, me van a permitir que mi análisis lo realice desde los argumentos que el Presidente sostuvo para tomarlas. La clave argumental fue sencilla; como dijo aquel torero en su día: Lo que es imposible, es imposible y además, no puede ser. Este fue el sustento ideológico de Rajoy en toda su intervención. Ni siquiera, se excusó en  que las medidas que tomaba le venían impuestas desde la Unión Europea. Para mayor inri,  remató con su escepticismo de que ni siquiera estaba seguro de que estas medidas produjeran alguna mejora en nuestra economía.

Cierto es que cuando derivó a otras reflexiones, se le vió el plumero. Así, expresó que se castigaba a los prestacionistas de desempleo para que éstos se motivaran en la búsqueda de empleo. Pero volviendo al nudo gordiano de las justificaciones, el Presidente del Gobierno de España simplente recurrió a lo que es habitual en la derecha, la no política. Las cosas son como son y éstas no se pueden transformar, ni dirigir desde la política. En esta política de hechos consumados, los colectivos más vulnerables serán los más vulnerados. El Presidente no hizo ni una sóla mención a la necesidad de mantener niveles mínimos de cohesión social que no fracturen defintivamente nuestra sociedad.

No seré yo el que diga que ésto se soluciona con mera voluntad, ni con campañas de propaganda de la marca España. La realidad es que nuestra Deuda Pública aumenta y la financiación de la misma requiere de altos intereses. La dura realidad de esta crisis nos está enseñando a todos, o a casi todos, que hay que bajar de las musas al teatro, de la prédica al trigo. Nos está mostrando que los avances sociales, que en su momento se produjeron,  tenían reversibilidad. Que no nacíamos con un pan de bajo del brazo. Que todas las construcciones sociales pueden mejorar o empeorar. Por tanto, los pies en el suelo… pero la cabeza en alto. Es preciso, ante el pensamiento único que nos invade,  construir otro alternativo. La centralidad de la izquierda debe construir una alternativa, amplia, real, factible y atractiva. Recurriendo a Gramsci,  Inteligencia, emoción,  sabiduría y fuerza son los ingredientes necesarios.

Sin lugar a dudas, la batalla de las ideas, es el campo donde más preciso se hace el pensamiento de la izquierda. No estamos ante un mero problema económico de reasignación de tablas input-output mediante el cual un retroceso del crecimiento conlleva mecánicamente menos recursos. La cuestión es más compleja, y estriba a mi modo de ver, en cómo nos organizamos, qué amparo social estamos dispuestos a procurar universalmente, que globalización política queremos construir, qué modo de crecimiento desarrollamos y sobre todo, qué valores queremos socializar. Para resolver todas estas preguntas es necesario tener un pensamiento fuerte que sea capaz de agrupar en torno a él mayorías sociales, desplegar propuestas instrumentales y sobre todo, combatir la deriva determinacionista del pensamiento neoliberal, del que Rajoy es un discípulo más. En definitiva, necesitamos respuestas, respuestas, respuestas. 

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