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martes 24/5/22

Arena de octubre, sangre de mayo

Octubre de arena y lodos arrastrados por riadas que no cesan, que vienen de polvos anunciados y denunciados por voces sabias y por voces anónimas. Voces a las que se acallaba desde los púlpitos de la fe conservadora. Riadas de agua en el clima y tormenta perfecta en la economía, que se ha llevado por delante los decorados de cartón piedra de Wall Street y que arrastra al mundo hacia el desagüe de una nueva recesión, quizás como la de 1929.
Octubre de arena y lodos arrastrados por riadas que no cesan, que vienen de polvos anunciados y denunciados por voces sabias y por voces anónimas. Voces a las que se acallaba desde los púlpitos de la fe conservadora. Riadas de agua en el clima y tormenta perfecta en la economía, que se ha llevado por delante los decorados de cartón piedra de Wall Street y que arrastra al mundo hacia el desagüe de una nueva recesión, quizás como la de 1929.

La banda neoliberal, que en los últimos años anidó en universidades y medios de comunicación, que quiso apropiarse hasta de la Historia y consideró enterrado a Marx y a Keynes, que se burló de Yunus y elevó a los altares a Friedman, está desaparecida e incluso algunos de ellos defienden ahora la intervención del odiado Estado. Aquellos charlatanes radiofónicos, como el que siempre empezaba sus intervenciones tertulianas dando los buenos días “a pesar del Gobierno” o notables “teóricos”, como el que afirmaba ex cátedra que el darwinismo económico y social era ciencia, mientras que cualquier asomo de socialdemocracia era ideología, hoy cantan a coro “La del Soto del Parral”, aunque siempre hay algún “valiente” que saca pecho y asegura sin sonrojo, que esto es culpa de Clinton y de Zapatero. Claro, que aún escandaliza más la insoportable levedad de la desfachatez de algunos ejemplares de la especie política (no me refiero a Kundera, aunque se haya puesto otra vez de moda) que proponen - ¡ahora! una nueva bajada de impuestos.

Y cuando más arrecia la tempestad, la señora que gobierna en Madrid, inasequible al desaliento, anuncia impertérrita más privatizaciones, como la del Canal de Isabel II y pone al yernísimo de un muy conocido y múltiple procesado cacique de la más rancia derecha valenciana, melena aznariana al viento, a vender hospitales públicos anunciando el producto: ¡miren qué hospitales tan buenos y qué cantidad de enfermos clientes y no se preocupen de los profesionales, les vamos a dejar la plantilla limpia, limpia de interinos y limpia de sindicalistas! ¡Una gran oportunidad de negocio! ¡ Pasen y vean, que la fiera no se menea y el domador se encierra, él solo con sus guardaespaldas en la jaula de los tigres, que son de papel! Hospitales que pronto pasarán a engrosar el paquete de negocio de alguna promotora en proceso de diversificación (o sea que huye de la quema del desinfle inmobiliario).Y si hay que dejar de pagar, pues se empieza por los profesores universitarios, por aquello de que el saber no ocupa lugar (en los presupuestos) y la culpa, como ya sabemos es de Zapatero.

Pero lo que no puede faltar es la formación del espíritu nacional, se gasta lo que haga falta en fichar a cuanto renegado de la izquierda aparezca con el platillo y si es catalán, mejor que mejor y se tira la casa por la ventana en la presentación inauguración exhibicionista del trofeo. Por supuesto, es también el momento de una buena película patriótica, que ponga las cosas en su sitio, porque para memoria histórica de verdad, la del Dos de Mayo, con sus majos y chulapas apuñalando gabachos y mamelucos, que así se hace la patria, con sangre y arena, cueste lo que cueste (que siempre pagan los mismos). Como dijo ese joven talento de las generaciones nacientes de la derecha nacional, de apellido Casado: Bardem es un pijo de izquierdas al que le pagamos las películas los españoles. ¡Cráneo privilegiado! que diría Max Estrella. Ahora tenemos claro que José Luis Garci poco tiene que ver con José Luis Cuerda.

Arena de octubre, sangre de mayo
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