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viernes 20/5/22

Dos candidatos filósofos

Montero_Gabilondo

El rey filósofo, como metáfora del político filósofo, siempre ha tenido mala prensa en el gremio de la cosa pública

El rey filósofo, como metáfora del político filósofo, siempre ha tenido mala prensa en el gremio de la cosa pública. Y el político a secas siempre ha estado en coplas en los cuatro puntos cardinales del vecindario. Lo que viene a cuento por la nominación de dos “reyes filósofos” como candidatos a la presidencia de la Comunidad de Madrid: Ángel Gabilondo, catedrático de Metafísica, por el PSOE, y Luis García Montero (catedrático de Literatura y celebrado poeta) por Izquierda Unida. Esta anomalía se ha producido en un contexto de fuertes convulsiones en el interior de ambas organizaciones y de movimientos tectónicos de gran envergadura en la vida política española.

Esta nominación de ambas personalidades es, ciertamente, el fracaso de la vieja política, con sus conocidos cabilderos y compadrazgos. La solución a ese fracaso –o, mejor dicho el intento, de solución--  es ese acierto al proponer y aprobarse las candidaturas de Gabilondo y García Montero. Este blog, y su cuadro de redacción, aplaude sin reserva mental ambas candidaturas.

Ambos se han declarado amigos y admiradores mutuos, cosa infrecuente en la política, incluida la del pequeño campanario. Así pues, se puede establecer la siguiente hipótesis: al menos una parte de la campaña transcurrirá con más seriedad y las relaciones entre las formaciones que ellos representan tal vez se vean una miaja contagiadas por la personalidad de sus candidatos. Que se traslade ello a sus mastines es cosa que ya iremos viendo.

La vieja política no sólo no ha muerto sino que ofrece fuertes resistencias a irse a la tumba; la nueva política es, por otra parte, un deseo o, más bien, un quiero y no puedo. Por supuesto, ni Gabilondo ni García Montero resolverán esa papeleta, pero sin ellos –y gentes como ellos-- la cosa de la renovación política parece más difícil. Definitivamente, con ambos van de la mano la ética y la estética. Porque ambos comparten la vieja máxima de Platón: «La obra maestra de la injusticia es parecer justo sin serlo». Vale. 

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