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miércoles. 29.06.2022

Ahora toca Ciudadanos

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Después de asistir a la sobreexposición de Podemos, hasta el punto de haber catapultado a la cima de las encuestas a una formación en formación, y perdón por el juego de palabras, asistimos a una experiencia similar, esta vez tomando como objetivo un pequeño partido político del que trasciende sobre todo la figura de su líder, impecablemente vestido, peinado muy al gusto de unos padres conservadores, contrapunto del desaliño y la coleta de Pablo Iglesias Turrión. El punto común entre Albert Rivera y Pablo es la juventud, pero también responder desde orígenes ideológicos y biográficos muy distintos a una demanda tal vez real de encontrar alternativas a un esquema partidario basado en la alternancia de dos grandes formaciones, con alianzas coyunturales.

El fulgurante ascenso de Podemos, a partir de unos escaños en el Parlamento Europeo, escasos pero superiores a cualquier previsión, dio pie a una presencia constante de sus líderes en los medios de comunicación y el fenómeno trascendió las fronteras estimulando a los analistas políticos para elaborar ensayos de mayor o menor rigor. Un argumento muy repetido, sobre todo por parte de quienes vieron consolidarse la amenaza de sufrir directamente el desgaste en sus filas y en su bolsa de votos, era el de atribuir a los poderes mediáticos vinculados a la derecha española la responsabilidad y el diseño de una operación encaminada a debilitar a la izquierda tradicional. La hipótesis resultaba verosímil, y parecía otorgar dividendos a sus propulsores…hasta el momento en el que la criatura creció demasiado. Ya no eran sólo PSOE e IU quienes tenían que mirar con recelo a Podemos. Alguien dijo “se acabaron las bromas” y empezó a cuestionarse la estrategia y pasar al ataque.

Estabilizado el entusiasmo inicial por los jóvenes profesores de Podemos, surge ahora una nueva estrella política que sí toca de lleno en el caladero de votos del PP

Estabilizado, incluso debilitado, el entusiasmo inicial por los jóvenes profesores, surge ahora una nueva estrella política que sí toca de lleno en el caladero de votos del Partido Popular. Ciudadanos, que se ha ejercitado ya en el Parlament como adalid del antisoberanismo, aspira a mayores empeños (una reciente encuesta de El Periódico de Cataluña sitúa a C´s a escasa distancia de ERC, por encima de Podemos, del PP y del PSC). En este caso se trata de un partido que sí se ha medido en las urnas de esa Comunidad. Y aquí surge la sorpresa: los mismos medios y sectores sociales tradicionalmente volcados en el apoyo al Partido Popular, acuden solícitos al reclamo de cualquier comparecencia de Albert Rivera. Portadas, entrevistas en grandes cadenas, abrazos y entusiasmo por parte de personajes absolutamente identificables con los inquilinos de la calle Génova. Escribe Luis Goytisolo: “Más que el significado de las cosas lo que cuenta es su imagen, su representación visual. Lo que importa, por ejemplo, no es la capacidad de convocar masas sino la imagen de esas masas convocadas con mayor o menor éxito. La foto”.

Como resulta inimaginable pensar que se trate de una operación dirigida desde los gabinetes de estrategia de la izquierda, algo así como la devolución de una jugada perversa, propongo a mentes más lúcidas que la mía investigar a fondo las aguas ocultas pero tumultuosas que agitan en este momento el cauce habitualmente plácido del actual partido gobernante. La batalla por las candidaturas de Madrid es un síntoma de fin de ciclo. Sea cual sea el resultado final, la casa popular tiene grietas. La unidad monolítica, fraguada con la argamasa que da el poder -¡tanto poder!- se asienta más en los intereses que en las convicciones. La vieja y extendida práctica de acudir en socorro del vencedor, o del que se presume que puede serlo, no es exclusiva del Partido Popular pero puede explicar los espectaculares movimientos de los conservadores españoles para arropar a un joven abogado. Ya se hizo en otro tiempo.

Ahora toca Ciudadanos