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jueves. 18.08.2022

Ahmadineyad, el islamofascista

NUEVATRIBUNA.ES - 19.9.2010Hace algunos meses leí un artículo muy interesante en la Web de Capitol Hill Cubans, gestionada por cubanos exiliados en Washington. En ella se hacía referencia al antepenúltimo ataque a la libertad del pueblo iraní. El gobierno tirano de Ahmadineyad anunciaba un nuevo código de estilo del corte de pelo apropiado para los hombres. Como lo oyen.
NUEVATRIBUNA.ES - 19.9.2010

Hace algunos meses leí un artículo muy interesante en la Web de Capitol Hill Cubans, gestionada por cubanos exiliados en Washington. En ella se hacía referencia al antepenúltimo ataque a la libertad del pueblo iraní. El gobierno tirano de Ahmadineyad anunciaba un nuevo código de estilo del corte de pelo apropiado para los hombres. Como lo oyen. Lo cual es fantástico, pues nos demuestra que la represión del régimen llega hasta extremos casi enfermizos. Quieren controlar todo, hasta el corte de pelo de sus ciudadanos. Hay que ver como se parecen todos los regímenes autoritarios de todos los espectros ideológicos. Quieren controlar hasta el tuétano a todos sus ciudadanos.

Sin embargo, sería injusto tildar como fundamentalismo religioso todas estas medidas represivas que atacan, ciertamente, a la libertad individual. Sería arremeter contra los principios religiosos de muchas personas que profesan el Islam y que bajo ningún concepto claudican ante el delirio de unos cuantos iluminados enfermizos. Se trata, en mi opinión, de un ejercicio de poder, de un control absoluto y social al uso. Por tanto, aquellos que osen desobedecer, son propensos a ser encarcelados o lapidados. Como en las dictaduras de Cuba o Corea del Norte, por poner un ejemplo. ¿En qué se parecen? En que para los dictadores los disidentes son unos indeseables, unos enemigos de la moral pública.

Pero si no teníamos bastante con los deslumbramientos patológicos de este dictador, la teocracia iraní vuelve a mostrar su sublime educación y su vil rostro. Y lo hace como era de esperar, con su obsesivo odio hacia todo lo que respira libertad. El periódico Kayhan, controlado por el Gobierno de Ahmadineyad, ha calificado a la primera dama francesa, Carla Bruni, de puta francesa por manifestarse públicamente a favor de la liberación de Sakineh Mohammadi Ashtiani, la ciudadana iraní condenada a morir lapidada por mantener una relación extramatrimonial, acusándola, además, de haber sido la culpable de romper el anterior matrimonio del presidente Sarkozy.

Podría caer en el pesimismo más atroz. Pero yo no me resigno a un cambio, que decía el clásico. La disidencia, aquella que resiste a la teocracia en silencio, sigue siendo la gran esperanza ante la feroz ley islámica impuesta por el Gobierno Ahmadineyad. Confío en que entre la horda masa de jóvenes que puebla el país, ese 54% que son universitarios, sean la cabeza visible de la disidencia y la resistencia al régimen. Confío en que la sociedad joven, al ser más educada y más culta, pueda pensar, reflexionar y tomar decisiones por sí misma. Por tanto, espero que ante el despotismo, emerja, aunque sea a cuenta gotas, la libertad individual, promovida por la cultura y el conocimiento, auténticos baluartes de la libertad y que sus voces sean las más activas contra la imposición fundamentalista.

Porque ese fundamentalismo no sólo está allende los mares. Craso error. Está acampando en nuestras culturas democráticas. Hace un tiempo escribí que en las mezquitas españolas estaban surgiendo grupos que se adjudicaban el papel de jueces y policías de la moral islámica y practicaban una enorme presión social sobre los musulmanes de algunas de nuestras ciudades. Hasta ahora, ese fenómeno, que hasta hace algunos años se manifestaba en países como Francia u Holanda, ya se ha establecido en municipios de Cataluña, así como en poblaciones de Madrid o Málaga. El nexo común es que las mezquitas de estas localidades están en manos de seguidores del salafismo. Pero lo más grave, es que el intento de aplicar la Sharia, la ley islámica, en España, no está tan lejos de producirse tal y como reconocen las propias fuerzas de seguridad del Estado, tal y como se refleja en un documento que vio la luz hace algunos meses.

No nos engañemos, Occidente no es el enemigo del Islam, ni tan siquiera una primera dama francesa, chivo expiatorio de las demencias de un régimen totalitario. Irán condena a muerte a sus ciudadanos homosexuales y la ONU invita a su presidente a hablar en un foro sobre la intolerancia. Chapeau. Tiene a su pueblo en la esclavitud y en la opresión y muchos gobernantes callan y mantienen un silencio que da asco. Y perdónenme la vulgaridad. El enemigo del Islam, es el propio Islam, cuyo fanatismo lleva a esgrimir a algunos las bondades de un Dios para justificar su ideología malévola. O dejamos a un lado los buenismos propios de una falsa progresía o será demasiado tarde.

Javier Montilla - Periodista y escritor

Ahmadineyad, el islamofascista
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