sábado 19/9/20

Aguirre se “carga” el Parque del Guadarrama

El entramado urbanístico-especulativo acogió con disgusto e inquietud el proyecto de creación de un Parque Nacional en el Guadarrama iniciado en el año 2002 por el entonces presidente regional, Alberto Ruiz Gallardón.

El entramado urbanístico-especulativo acogió con disgusto e inquietud el proyecto de creación de un Parque Nacional en el Guadarrama iniciado en el año 2002 por el entonces presidente regional, Alberto Ruiz Gallardón. El motivo era evidente: entre las principales finalidades del proyecto estaba, como no podía ser de otra manera, poner fin al enladrillamiento masivo de este valioso territorio, un proceso que ya había producido daños irreversibles.

Casi una década después el mismo entramado respira tranquilo al comprobar cómo el Gobierno de Esperanza Aguirre se ha “cargado” literalmente este proyecto, desvirtuándolo completamente mediante sucesivos recortes, tan drásticos como injustificables, dejando convertida la propuesta de Parque Nacional en una lastimosa caricatura de lo que debería ser.

Las cifras hablan por sí solas: la comunidad científica -a quien la propia Comunidad de Madrid encargó el estudio del proyecto con un gasto sustancial de dinero público-, propugnaba una extensión mínima para el Parque Nacional superior a las 60.000 hectáreas, a las que habría que sumar una ancha franja de protección de casi 40.000 hectáreas.

Con absoluto desprecio al punto de vista científico, el Gobierno de Aguirre ha reducido la propuesta de Parque Nacional a sólo 21.740 hectáreas de cumbres. Tan evidente ha sido el “tijeretazo” que se ha visto obligado a cambiar la propia denominación, tratando de tapar el recorte: en lugar de “Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama”, tal y como contemplaba el proyecto inicial, ahora se denomina “Parque Nacional de las Cumbres de la Sierra de Guadarrama”.

Bien sabe el Gobierno Aguirre que el Guadarrama no sólo son cumbres; a pesar de ello deja fuera y a merced del ladrillo el piedemonte y las laderas, precisamente las zonas más importantes desde un punto de vista ecológico debido a su mayor productividad y diversidad biológicas. Buena prueba de ello es que el Plan de Ordenación de los Recursos Naturales (PORNSG) permite incluso urbanizar actuales prados adehesados (fresnedas, rebollares y encinares intercalados con pastizales), auténticas joyas biológicas que habría que proteger a toda costa por ser uno de los ecosistemas más valiosos y de mayor representatividad –principal criterio de un Parque Nacional- del Guadarrama y por su inestimable función hidrogeológica. Por si fuera poco las reformas a la carta en la Ley del Suelo permitirán reclasificar suelo mediante modificaciones puntuales del planeamiento y amplían las posibilidades de edificar en suelo no urbanizable de protección, lo que va a facilitar el fraude de ley. En esa misma línea también se aprobó una ley para tapar los ojos a los agentes forestales sobre los montes privados, una ley que el Tribunal Constitucional mantiene suspendida de manera cautelar debido a su más que sobrada apariencia de inconstitucionalidad.

En definitiva, el Gobierno regional madrileño -cuya presidenta anunció en campaña electoral una nueva Ley del Suelo para ahondar en su liberalización-, se ha preocupado mucho de allanar el camino para que buena parte de los cuatro campos de golf (Guadarrama, Miraflores de la Sierra, Buitrago del Lozoya y Soto del Real) y las casi 50.000 nuevas viviendas e infraestructuras asociadas -incluyendo el suelo reclasificado a urbanizable no sectorizado-, previstos en la revisión del planeamiento de 20 de los municipios incluidos en el ámbito de ordenación, puedan hacerse realidad en la próxima década, ampliando en casi 150.000 nuevos habitantes la población de un territorio ya agotado urbanísticamente y sobre el cual, lo único razonable, desde la defensa del interés general y una ordenación territorial mínimamente sostenible, sería establecer una moratoria urbanística previa a su total y definitiva protección.

CCOO de Madrid y asociaciones ecologistas ya advirtieron de lo que iba a suceder tras la aprobación del PORNSG y de esta pantomima de propuesta. Lamentablemente la predicción se está cumpliendo a rajatabla: la maquinaria de la especulación urbanística se ha vuelto a poner en marcha, las revisiones del planeamiento se aceleran, la presentación de avances, las modificaciones puntuales; las oficinas técnicas trabajan a destajo, los planos echan humo, la tensión urbanística se dispara. En algunos municipios los bulldozers arrasan ya lo que hasta hace pocos días eran magníficos prados, paradójicamente clasificados como “urbano consolidado”. Atrás quedan sentencias en las que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha llegado a condenar a la Comunidad de Madrid por haber incurrido en “desviación de poder” al aprobar normas contrarias a Derecho para grandes proyectos urbanísticos dentro del ámbito de ordenación.

Y es que, no nos engañemos, la presión urbanística nunca se ha ido del Guadarrama: a pesar de la crisis inmobiliaria el entramado urbanístico-especulativo sabe perfectamente que convertir prados y pastizales en urbanizaciones seguirá siendo muy rentable en la sierra madrileña, tan cerca de la capital y de más de seis millones de potenciales clientes. Poco importa que las grúas trepen ya, literalmente, por las laderas de la Sierra; poco importa que ya no serán chalets y pisos “con vistas”, sino pisos y chalets “sobre las vistas”. El dinero y los intereses espurios del ladrillo, disfrazados de progreso, una vez más, vuelven a poder con todo en Madrid.

Es casi inexplicable que esto siga sucediendo, que sigamos consintiéndolo, que se siga apoyando la falacia del ladrillo, incluso después de comprobar, como hacemos día tras día, el inmenso perjuicio que para España ha supuesto la locura urbanística de los últimos quince años, la bestial ocupación y destrucción de un territorio puesto al servicio de la más descarnada especulación, convertido en mero activo financiero; el “ladrillazo” que ha llevado ahora a millones de ciudadanos al paro y que ha destrozado para siempre muchos rincones de nuestro país, un daño que marcará a generaciones y que está arrebatando a nuestra juventud su futuro. Quizás sea que el ladrillo haya también arrumbado, además de nuestros paisajes, la moral pública, el alma; quizás por eso consintamos que los incendiarios de este pavoroso incendio tengan ahora la desvergüenza de erigirse, impunemente, en salvadores.

Por encima de postulados ideológicos la sociedad madrileña quería salvar el Guadarrama; así lo expresaron sus representantes políticos por unanimidad en el año 2002. Pero Aguirre da gato por liebre: condena la Sierra y salva el ladrillo.

Una vez revalidada la mayoría absoluta quizás esté más cerca el día en que esta pantomima se inaugure, a bombo y platillo. Pero que no les quepa la menor duda a los responsables de este atropello: mientras desde esas mismas cumbres inauguradas vemos cómo el ladrillo avanza inexorablemente y acaba con paisajes irrepetibles, este Gobierno regional y su presidenta pasarán a la historia negra de la conservación en España como responsables de haber acabado con la última oportunidad para salvar un territorio único y maltratado, cuyo futuro ya no admitía más trampas ni mentiras.

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