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lunes 23/5/22

Abrir las puertas al Sur

En las facultades de Periodismo de todo el mundo, o al menos de aquellos en los que se respeta la libertad de prensa, siempre se intenta que los estudiantes finalicen sus estudios con una idea muy clara de la ética que debe regir esta profesión. Si son muchas o pocas las que lo consiguen es objeto de otro debate, pero todas intentan crear a los nuevos periodistas a imagen y semejanza de aquellos que han ejercido su profesión con una dignidad intachable.
En las facultades de Periodismo de todo el mundo, o al menos de aquellos en los que se respeta la libertad de prensa, siempre se intenta que los estudiantes finalicen sus estudios con una idea muy clara de la ética que debe regir esta profesión. Si son muchas o pocas las que lo consiguen es objeto de otro debate, pero todas intentan crear a los nuevos periodistas a imagen y semejanza de aquellos que han ejercido su profesión con una dignidad intachable. Y sin duda una de esos ejemplos siempre es, y siempre será, Ryszard Kapuscinski.

Nacido en Pinsk (Bielorrusia, cuando aún formaba parte de Polonia) en 1923, y muerto en 2007, Kapuscinski colaboró con los principales diarios de medio mundo, al tiempo que daba a luz a maravillosas obras literarias como “El Imperio”, “Ébano” o “Un día más con vida”. En ellas, como el magnífico periodista que era, retrataba con realismo y veracidad hechos de la historia actual, como el derrumbamiento de la Unión Soviética o los conflictos africanos. Su mirada a las noticias jamás dejaba indiferente, y creo toda una escuela de hacer el oficio que condensó en “Los cínicos no sirven para este oficio”.

Pero Kapuscinski fue mucho más que un reportero de conflictos. Mucho más que un escribano de lo que ocurría en aquellos sitios a los que nadie, sólo los locos, querían ir. Además de su producción literaria, dejó a su muerte un legado fotográfico de indudable valor estético. Unas imágenes, propiedad de la Asociación de Periodistas Europeos, que tiene la capacidad de trasladarnos no sólo al corazón de África, sino al de Kapuscinski, dejándonos entrever lo que pensó y sintió en el momento de captar esos instantes de realidad. Imágenes de jóvenes soldados africanos dispuestos a ofrecer su vida por una idea de un mundo mejor. Imágenes en las que no hay juicios sobre sus motivos, sino que simplemente presentan a los verdaderos protagonistas de la historia, que, alejados de lujosos despachos y centros de poder, ponen ojos, sonrisa y gestos a sangrientos conflictos que han arrasado un continente por el que Kapuscinski sintió auténtica pasión. Y con estos retratos, estas instantáneas, el periodista nos hace partícipes del enfrentamiento, negándonos la opción de mirar hacia otro lado, de considerar que eso “les pasa a otros”.

Se trata, en definitiva, de un legado fotográfico, pero también de un legado moral, de una nueva lección de este gran maestro, que más de un año después de su muerte sigue siendo un ejemplo a seguir en el ejercicio de la “mirada sobre el Otro”. Y todas esas lecciones de vida y periodismo están disponibles al público ahora, hasta el 8 de junio en la Biblioteca Pública de Andalucía de Granada, como parte de las actividades paralelas organizadas por el Festival de Granada Cines del Sur.

Una oportunidad única de conocer no sólo la mirada de Ryszard Kapuscinski, del que también se exhiben los documentales “Imperfect Journey” (codirigido por el periodista polaco y el cineasta Haile Gerima mientras exploraban Etiopía a principios de los años 90) y “A Poet on the Frontline: The Reportage of Ryszard “, obra de Gabrielle Pfeiffer, compañera de viaje de Kapuscinski a través de cuatro países. Es también la ocasión de disfrutar de los nuevos y de los consagrados talentos de la producción cinematográfica de ese Sur geopolítico que cada día cobra más importancia. Porque aunque olvidados por el Norte durante décadas, allí también existen grandes creadores que encuentran la forma de transmitir al mundo sus ideas, de trasladar su imaginación a imágenes en movimiento que todos podamos disfrutar.

El Festival de Granada Cines del Sur intenta, por segundo año, acercar esas nuevas miradas al público y a los profesionales, en un encomiable intento por abrir las puertas de nuestro cómodo y acomodado hemisferio a su realidad. Una realidad que en muchas ocasiones no es fácil, ni agradable, pero que hay que conocer para poder actuar, juzgar, valorar. Miradas que, al igual que Kapuscinski, nos convierten en cómplices de lo que hay más allá de nuestras fronteras, impidiéndonos regresar a nuestro cascarón fingiendo que no hay nada más allá.

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