martes 27/10/20

15-M, la acampada honesta

Respeto, calma y no violencia. La ciudadanía que se asienta en la puerta del Sol es un ejemplo de coherencia y dignidad. Y sus lemas, una muestra clara y contundente de lo que demandan: participación. No es una sentada ni es un botellón. La acampada de la puerta del Sol de Madrid, al igual que las que se están dando en otros lugares de España, y prendiendo ya por Europa,  es una manifestación pacífica del descontento.

Respeto, calma y no violencia. La ciudadanía que se asienta en la puerta del Sol es un ejemplo de coherencia y dignidad. Y sus lemas, una muestra clara y contundente de lo que demandan: participación.

No es una sentada ni es un botellón. La acampada de la puerta del Sol de Madrid, al igual que las que se están dando en otros lugares de España, y prendiendo ya por Europa,  es una manifestación pacífica del descontento.

Aunque los partidos políticos no lo entiendan y tras la jornada de reflexión, y después de las elecciones del domingo todos hagan una lectura interesada de lo que acontece. Ya sabemos que en este país, después de unos comicios, sean generales, autonómicos o locales, nadie pierde. Perdemos todos, porque los políticos y sus partidos entienden que depositar el voto significa respaldarles y, con eso, tener carta blanca para actuar los siguientes cuatro años.

Precisamente eso es lo que se reclama desde el movimiento 15-M, “democracia real, ya”. Porque lo que tenemos es un sucedáneo, una democracia sin demócratas. Somos ciudadanos durante un día para que nos traten como consumidores el resto de la legislatura.

Y todo esto se está dando desde una revolución pacífica, cuando no sería extraño que el cabreo y los abusos a los que se somete a la población dieran lugar a sucesos más violentos. Violencia que, en el fondo, muchos esperan que se dé para quitar legitimidad a un movimiento social que ha dejado a todo el mundo, no sólo a los políticos también a los medios y a la sociedad en general, desconcertado.

La gente que se ha levantado para sentarse y acampar es de muy diversa procedencia y situación. Hay estudiantes, parados, jubilados, empleados y funcionarios. Vienen desde el alter mundialismo y los colectivos sociales, pueden ser apolíticos, porque pasan de los partidos, feministas, ecologistas, pero, en cualquier caso, no son, como mucha gente cree, pasotas o desclasados. Son reivindicativos, implicados y comprometidos. Gente preparada, dispuesta a luchar por una sociedad más justa. Uno de sus carteles rezaba: “si somos capaces de ganar un mundial, ¿por qué no vamos a poder ganar un mundo nuevo?”. Y mejor, porque otro mundo tiene que ser posible y acciones como estas son las que han de ayudar a conseguirlo.

En un paseo bajo las carpas, entre pancartas y paneles, informativos e ilustrativos, escuché con curiosidad como una periodista sueca les preguntaba a dos chicos que se encontraban charlando tranquilamente sentados en el suelo si eran “ni-ni”. A lo que ellos le respondieron que no. El uno estudiaba en la universidad y el otro trabajaba y estudiaba. Por lo que la periodista se despidió diciéndoles que no le servían.

Es una muestra más de lo que mucha gente cree que hay en este movimiento, una juventud que ni estudia ni trabaja y que gasta su tiempo en ocupar las plazas. Pues, no. No son una juventud “ni-ni”, más bien son “ni fu-ni fa”. Por dos motivos: porque tal como están las cosas no tienen ni futuro ni facilidades y porque a los gobiernos, de cualquier ámbito y color, les importan un bledo.

No son escoria, son ciudadanas y ciudadanos indignados que reclaman un cambio. Que, aunque a la gente le parezca extraño, están asentados pacíficamente, están organizados en asambleas y comisiones, mantienen la convivencia desde el respeto, con tranquilidad y sin violencia. Son un modelo a imitar. Escuchémosles porque nos representan, todas y todos sufrimos, en mayor o menor medida, lo que ellos denuncian. Escúchenles quienes deciden y gobiernan porque sin ellos no sois nadie. Esta gente son el presente y el futuro.

Piden que se les tenga en cuenta y que los políticos, que tanto daño han hecho a la política, tomen conciencia de que las cosas no pueden seguir así. En los últimos tres o cuatro años hemos pasado de una pretendida refundación del capitalismo, por ser el culpable de la crisis mundial, a mantener un neoliberalismo aún más salvaje que está produciendo el lento desmantelamiento del estado del bienestar y un verdadero aplastamiento de la justicia social.

Indignados, hay que actuar.

15-M, la acampada honesta
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