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miércoles 25/5/22

12 de Octubre

Los sucesos del Hospital 12 de Octubre no dejan de causar una aguda desazón en quienes creemos en la Sanidad pública. De momento la Fiscalía ha abierto una investigación sobre 18 fallecidos a consecuencia de la bacteria maldita. Desde su ignorancia, el usuario de estos servicios, como el arriba firmante, tiene todo el derecho a pensar que el número de fallecidos ha sido mayor.
Los sucesos del Hospital 12 de Octubre no dejan de causar una aguda desazón en quienes creemos en la Sanidad pública. De momento la Fiscalía ha abierto una investigación sobre 18 fallecidos a consecuencia de la bacteria maldita. Desde su ignorancia, el usuario de estos servicios, como el arriba firmante, tiene todo el derecho a pensar que el número de fallecidos ha sido mayor. Y, desde luego, a creer que ha estado expuesto a un peligro del que no sólo no tenía conocimiento, sino que, además, siempre se negó que existiera desde la dirección del centro.

Parece que lo sucedido no es algo inusual. Y que los hospitales públicos o privados- pueden verse expuestos a este tipo de problemas. Lo que no es de recibo es que se haya ocultado que el riesgo existía. ¿Había que haber cerrado el centro cuando se vio que el brote era incontrolable? Porque, la verdad es que 20 meses son muchos meses. Pues, a lo mejor desde luego, lo mejor para quienes murieron- es que se hubiera cerrado.

Otra cosa es que el cierre, por las deficiencias y escasez de plazas en los hospitales públicos, hubiera provocado, además de la alarma social, un caos en nuestro sistema sanitario. Pero, ¿no vale más una vida humana?

Es difícil hablar de temas semejantes. Nunca se sabe si la percepción del ciudadano tiene que ver algo con la realidad de las cosas. Hasta que hay muertes por medio. El temor a crear una reacción ciudadana en contra de un determinado hospital es una razón lógica en la decisión de la dirección del centro. Hasta que hay muertes por medio.

Pero lo sucedido en el 12 de Octubre debe de llevar a algo más. Tiene que servir para cuestionar esos macrohospitales, producto de un concepto trasnochado de la sanidad. Y, sobre todo, para reflexionar en torno a centros sanitarios viejos y caducos, en los que las normas higiénico-sanitarias han dejado hace ya tiempo de ser las exigidas en una sociedad moderna.

No sé quién es el culpable de la muerte de 18 o de cien enfermos. Es curioso que, sin embargo, haya coincidido temporalmente con la gestión de un Gobierno regional que anda con la idea de la privatización como solución de todos nuestros problemas. También los sanitarios.

Cosas como ésta llevan a la ciudadano a la desconfianza y al miedo. Miedo a entrar en un hospital en el que no sólo no le curan sus dolencias, sino que, además, puede salir con enfermedades que no llevaba en su cuerpo. Dicen que nuestro sistema hospitalarios es, pese a todo, de los mejores del mundo. Y puede que sea verdad. Pero sucesos como éste dejan en el ciudadano una sensación de impotencia y, sobre todo, una falta de confianza en una profesión médica que, tradicionalmente, ha sido para nosotros la última esperanza.

Claudio Rodríguez habló de esa esperanza, cuando nada queda, cuando nada es seguro. Aún entonces:

“Ah, nada está seguro bajo el cielo.

Nada resiste ya. Sucede cuando
mi dolor me levanta y me hace cumbre

que empiezan a ocultarse las imágenes
y a dar la mies en cada poro el acto
de su ligero crecimiento. Entonces

hay que avanzar la vida de tan limpio
como es el aire, el aire retador”.

Avanzar la vida. Al aire retador, cuando el dolor nos levanta.

12 de Octubre
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