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miércoles 25/5/22

¿Recuperación Económica?

NUEVATRIBUNA.ES - 19.4.2010Mucha tinta ha corrido sobre la crisis económica. Una vez olvidadas la exigencia de responsabilidades a las organizaciones, estructuras y personas responsables y las promesas de cambio del modelo económico, la única expresión que se escucha actualmente es recuperación o salida.
NUEVATRIBUNA.ES - 19.4.2010

Mucha tinta ha corrido sobre la crisis económica. Una vez olvidadas la exigencia de responsabilidades a las organizaciones, estructuras y personas responsables y las promesas de cambio del modelo económico, la única expresión que se escucha actualmente es recuperación o salida. Pero, ¿los problemas son consustanciales a la crisis? ¿O más bien proceden de un sistema económico y social que tal como estaba y está establecido no tiene más opción que generar crisis y por tanto agravar todos los problemas?

Si, agravamiento y no creación. ¿O es que antes de la crisis no había desempleo, precariedad laboral, marginación de los inmigrantes, escaso estado social, desequilibrio entre las rentas del capital y del trabajo y un enorme fraude fiscal?

No es simplemente que la crisis haya generado una serie de nuevos problema de tal forma que volviendo a una situación más o menos parecida a la anterior se pueda retroceder hacia su eliminación. El cambio tiene que ser cualitativo, pensando nuevas formas sociales y nuevas formulaciones económicas.

La actuación general de los partidos políticos y de la mayoría de los medios de comunicación está consistiendo en un intercambio simplista de reproches, en achacarse respectivamente responsabilidades y falta de iniciativas, con la vista puesta en mantener o alcanzar el gobierno o en apoyar a una u otra opción para lograr ese objetivo, eludiendo cualquier actuación seria que signifique información clara, aportación de datos y propuestas que la gente pueda entender para decidir. Y todo ello aceptando el status quo y el modelo anterior y actualmente vigente.

Los sindicatos se ven obligados a pelear con problemas cotidianos, muy graves para los trabajadores y las personas que los sufren: cobertura económica para la gente en paro y sin ingresos, atención a las hipotecas que deterioran enormemente la capacidad económica de muchas familias, moderación salarial en general, negociación a la baja para garantizar el empleo todo lo que sea posible -como ocurre en todos los fabricantes de automóviles o en las fusiones de cajas de ahorro, por ejemplo- y muchas dificultades para evitar la arbitrariedad empresarial en las pequeñas y medianas empresas.

Mientras tanto la patronal, sintiéndose fuerte y aprovechándose de la escasa contestación que recibe, va lanzando ideas aparentemente peregrinas como la privatización de las pensiones, la reducción de la fiscalidad, los contratos con salario mínimo y sin ningún tipo de cobertura social, la privatización de las cajas de ahorro...asuntos todos ellos que están enraizados en sus planteamientos más profundos y que seguirán reapareciendo una y otra vez hasta que los empresarios se sientan capaces de implantarlos en su totalidad o al menos en parte.

Es necesario que los sindicatos, junto con fuerzas de la izquierda y sectores progresistas, empiecen a plantear que otro mundo es no sólo posible sino urgentemente necesario. La construcción de una sociedad justa y libre ha de partir de establecer un modelo social que sitúe el trabajo en el centro, no sólo como medio de ganarse la vida sino como base de la aportación colectiva a esa sociedad. Un modelo social enfocado a cubrir las necesidades de las personas y a incrementar la riqueza y el bienestar a través de su integración en proyectos colectivos económicos, sociales y culturales y no al revés. La desaparición de contrapesos sociales y políticos y la ofensiva neoliberal han llevado a algunos sectores de la izquierda a asumir el desarrollo del capitalismo como inevitable, cuando no también como justo y correcto, y a plantearse operar exclusivamente en el marco que este sistema establece, arriesgándose como mucho a trabajar por pequeñas mejoras o a repartir un poco más equitativamente la riqueza, siempre claro que los amos de las instituciones y del dinero lo consientan.

Salir de la situación actual, en la que se están utilizando las dificultades y el temor generalizado para acometer una nueva acumulación de capital (se ha incrementado la lista de mil millonarios en el mundo), y conseguir que la gente acepte una reducción de los salarios, con el acompañamiento de la fanfarria propagandística y mediática, no será posible sin contraponer un cambio profundo de modelo. Lo prioritario es la defensa de lo público y lo colectivo, que no es exactamente lo mismo, pero cuya combinación es lo que históricamente más ha favorecido a los trabajadores y a las clases populares frente las liberalizaciones y privatizaciones que ya han demostrado estar en el origen de mayor pobreza y mayores desigualdades entre los estados y las personas.

Un ejemplo: en su día la liberalización de las gasolineras se explicaba argumentando que la competencia iba a reducir los precios e incrementar los servicios. Se nos prometía una limpieza gratuita del coche, el mantenimiento sin coste alguno y revisiones de todo lo revisable en las mismas condiciones. ¿Cual es el resultado? Que nada de esto ha ocurrido, que es el usuario quien se tiene que poner hasta la gasolina y que sí se ha producido una gran pérdida de empleo. Es obvio que este no puede ser el camino.

La defensa de lo público conlleva la defensa de sus trabajadores. Se intenta hacer pasar por corporativismo la defensa del empleo fijo y por privilegiada la situación de los funcionarios y empleados públicos. Todo lo contrario: es la base esencial para que los servicios y la producción estén al servicio de las personas y la sociedad. Son la precariedad, la temporalidad y los bajos salarios los que están exclusivamente al servicio de los beneficios empresariales sin ninguna aportación social y colectiva.

Por tanto, recuperación económica es una expresión como mínimo ambigua, que esconde el mensaje de que nada debe ser profundamente reformado. Lo que se impone es contraponer con firmeza nuevos modelos comenzando por la defensa de una política fiscal progresiva y suficiente que establezca los ingresos para cubrir las necesidades que un estado social debe garantizar .

Este es también un proyecto de profundización de la democracia. Nadie puede considerarse libre con el miedo y la precariedad. Una sociedad realmente libre es aquella que garantiza a sus ciudadanos la seguridad, los ingresos necesarios para vivir y los servicios esenciales desde ese ámbito colectivo y público, en el que la gente pueda sentirse partícipe de un proyecto común establecido con solidez.

Javier Fernández - Sindicalista.

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