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martes 17/5/22

¿Rectificación de políticas o remodelación ministerial?

NUEVATRIBUNA.ES - 22.10.2010 Tres semanas después de la huelga general del 29-S nada indica que Zapatero y su remodelado Gobierno estén dispuestos a modificar, siquiera levemente, la orientación de la política económica y sociolaboral puesta en marcha el pasado mes de mayo.
NUEVATRIBUNA.ES - 22.10.2010

Tres semanas después de la huelga general del 29-S nada indica que Zapatero y su remodelado Gobierno estén dispuestos a modificar, siquiera levemente, la orientación de la política económica y sociolaboral puesta en marcha el pasado mes de mayo. La cúpula dirigente del PSOE ha tenido tiempo de calibrar y encajar el nivel de deterioro de las relaciones con una parte significativa de sus electores y apoyos sociales y la conclusión a la que parece haber llegado es que cualquier cambio en las políticas emprendidas sería contraproducente. En lugar de los cambios que se le exigían, Zapatero ha ofrecido una amplia remodelación del Gobierno. El objetivo del cambio de ministros parece ser, en principio, apuntalar con nuevas caras, más energía y mejores comunicadores el giro hacia las políticas neoliberales realizado.

Hecha la remodelación del Gobierno, cabe suponer que Zapatero ha considerado que rectificar supondría reforzar la extendida idea de que improvisa o, peor aún, no tiene la voluntad o la fuerza suficientes para imponer las reformas que reclaman los mercados y las instituciones europeas. Desechada la conveniencia de llevar a cabo una mínima rectificación, sólo queda atrincherase y defender con firmeza y mayores dotes pedagógicas las reformas emprendidas, por lo menos hasta que escampe o ganen peso las ventajas de iniciar una nueva etapa política.

Los cambios ministeriales, que incluyen varios guiños al electorado de izquierdas y cierto propósito de la enmienda, tienen la pretensión explícita de reafirmar el rumbo iniciado hace unos meses y facilitar la aplicación de las políticas que concretan la deriva neoliberal del Ejecutivo. El intento de desescalar el conflicto con los sindicatos y la izquierda social no va a pasar, en las próximas semanas, por ningún gesto gubernamental que pueda ser interpretado como un paso atrás en las reformas emprendidas. La rectificación va a tener que esperar. La idea que hay detrás de la remodelación no es la de rectificar, sino la de explicar mejor el cambio de estrategia y los recortes que se han hecho y que, previsiblemente, se van a continuar haciendo; pero, ¿quién sabe qué exigencias y restricciones tendrá que afrontar el nuevo Gobierno en lo que aún resta de legislatura y cómo y en qué condiciones deberá abordarlas?

La opción a favor del sostenella puede tener consecuencias muy desafortunadas. La espera, hasta que los datos económicos comiencen a reflejar que la reactivación económica es algo más que un indicio o una posibilidad, va a resultar interminable. La apuesta de Zapatero y los dirigentes socialistas puede salir muy cara para las expectativas electorales del PSOE. El drástico ajuste fiscal que imponen los Presupuestos de 2011 supone un nuevo obstáculo para la reanimación de la demanda interna y retrasa las necesarias tareas de modernizar las estructuras productivas, impulsar una economía sostenible y minimizar la destrucción de tejido económico, empleos viables y cualificaciones laborales que son necesarios para que el potencial de crecimiento de la economía española no retroceda en demasía. Mientras no surjan factores económicos extraordinarios, a favor o en contra de la reactivación, la previsión que domina el horizonte de 2011 seguirá siendo la de un mínimo y precario crecimiento que impedirá generar empleo neto.

La preparación y el desarrollo de la huelga general y las movilizaciones del 29-S han evidenciado que el giro hacia las políticas impopulares impuesto por los mercados financieros y las instituciones europeas y las nuevas políticas y prioridades del Gobierno que se desprenden de ese giro no han sido bien acogidos por la izquierda social. Gran parte del electorado del PSOE sigue sin entender de qué forma la sustitución de prioridades (protección social por consolidación fiscal) y las reformas aprobadas (mercado de trabajo) o pendientes de aprobar (pensiones y negociación colectiva) pueden suponer un remedio para superar la atonía de la actividad económica.

¿Para qué sirven el recorte de derechos laborales y sindicales, el abaratamiento del despido, la reducción draconiana de la inversión y el gasto públicos o la rebaja de las pensiones? Sí, podría admitirse que contribuyen a obtener el beneplácito momentáneo de los mercados financieros; pero en nada ayudan a fortalecer la demanda de los hogares y la inversión de las empresas, restablecer los flujos de crédito o compensar el impacto negativo sobre la actividad económica del recorte del gasto público. Y ese fortalecimiento de la demanda interna es esencial si de verdad se pretende impulsar el crecimiento, reducir el déficit público o confirmar la esquiva y frágil confianza inicial brindada por los mercados financieros.

¿Puede el sector exterior compensar la más que probable atonía de la demanda interna? Sí, pero de forma muy limitada. La reducción de los costes laborales y la mayor libertad de la patronal para modificar a conveniencia las condiciones y la organización de la fuerza de trabajo en cada empresa pueden contribuir a impulsar las exportaciones que basan su competitividad en los precios y reducir el déficit comercial; pero esa potencial incidencia positiva del sector exterior sobre el crecimiento de la economía española está limitada por varios factores: el reducido peso de las exportaciones respecto al PIB, la escasa expansión que experimentarán nuestros principales mercados exteriores en los próximos meses y una especialización en bienes de baja y media densidad tecnológica sometidos a una intensa y creciente competencia por parte de los países con bajos salarios.

Las aguas del PSOE bajan revueltas. Y si, como es previsible, la dureza del ajuste presupuestario impide, en lo que queda de este año y durante la primera mitad del 2011, un crecimiento económico suficiente para generar empleos netos, bajarán más revueltas. Va a resultar francamente incomoda la espera de unos brotes verdes que difícilmente van a manifestarse de forma inequívoca a lo largo de 2011.

Si en materia económica el optimismo está poco justificado, en el terreno sociopolítico las expectativas no son mejores.

Tras la huelga general del 29-S, diversas encuestas han estimado la extensión de la desconfianza en Zapatero y su Gobierno entre la base electoral del PSOE. Valga como botón de muestra la publicada por El País el pasado 3 de octubre: la intención directa de voto al PSOE se despeñaba hasta el 19% y perdía seis puntos porcentuales respecto a la estimación del mes anterior. Pocas veces ha sido tan baja esa intención de voto a favor del PSOE y tan grande (diez puntos porcentuales) la distancia con el PP.

Otros datos de la misma encuesta de Metroscopia permiten una mejor aproximación al desencuentro entre Zapatero y buena parte de su electorado: el presidente del Gobierno inspira poca confianza al 45% de los votantes del PSOE y ninguna, a otro 24%; a ese desafecto se suma la impresión de un 76% de los votantes socialistas que considera que el presidente del Gobierno improvisa sobre la marcha.

Zapatero puede cerrar los ojos, evitando ver los signos evidentes del deterioro de su posición dentro y fuera del PSOE, hacer oídos sordos al fuerte descontento social que se manifestó el pasado 29 de septiembre y mantener un discurso optimista de pronta reactivación económica que ayudaría a darle la vuelta a las encuestas al final de la legislatura y permitiría recuperar apoyos electorales a partir de la segunda mitad del próximo año. Pero si ese deseado escenario de fin de la crisis no se materializa y en su lugar emerge una mucho más probable realidad económica marcada por el mantenimiento de altas tasas de desempleo y un mediocre crecimiento, la situación del Gobierno va a ser muy complicada.

Por otro lado, hay que considerar que el conflicto con los sindicatos puede conducir a un fuerte deterioro de las relaciones y la paz sociales si el Gobierno se mantiene en sus trece en la reforma del sistema público de pensiones y se presta a hacer nuevas concesiones a la patronal en la reforma de la negociación colectiva. De igual modo, si se confirma el descalabro electoral del PSOE en las próximas elecciones municipales y autonómicas que anuncian todas las encuestas, la derrota multiplicaría el desgaste sufrido hasta entonces y agostaría toda posibilidad de renovar los pactos presupuestarios con el PNV y CC. La rectificación gubernamental sería entonces una opción plausible, pero se llevaría a cabo en pésimas condiciones y con mínimas opciones de servir para algo.

Hay otros itinerarios políticos posibles. Por ejemplo, atender cuanto antes la reclamación de una rectificación suficiente que ayude a restablecer el diálogo con los sindicatos mayoritarios y proporcione a sus interlocutores sindicales algunas bazas con las que justificar tanto su anterior apuesta por la movilización para impedir el abaratamiento del despido y frenar la reforma laboral como una hipotética vuelta a un terreno de juego en el que la concertación sea posible.

Rectificación de la política gubernamental, restablecimiento del diálogo y recuperación de una parte de los apoyos sociales perdidos por Zapatero están fuertemente relacionados. Y tanto el Gobierno como los sindicatos mayoritarios lo saben. El problema menor es que ambas partes deben resolver el escaso margen del que disponen para avanzar en una dirección que no puede concluir en un simple acuerdo cosmético. Y el problema mayor es que no pueden saber a ciencia cierta qué dosis mínimas de rectificación son necesarias para iniciar ese proceso de conciliación y qué impactos negativos sobre los mercados y la opinión pública tendría tal rectificación. La experimentación y el tira y afloja de ambas partes determinarían, si hay voluntad de iniciar ese proceso, sus límites y posibilidades.

Aunque en las próximas semanas es altamente improbable, no se puede excluir por completo que a lo largo de 2011 Zapatero o su sustituto se vean obligados a promover cambios políticos sustanciales o consideren que tal rectificación es aconsejable para generar nuevas expectativas e ilusiones entre una izquierda social que incluye a buena parte de su electorado potencial. El restablecimiento de los lazos y complicidades con los sindicatos y la rectificación de la política económica y sociolaboral que esa opción implica proporcionarían a Zapatero o al PSOE la oportunidad de llegar al final de la legislatura y tener alguna opción de ganar las próximas elecciones generales.

En cualquiera de los escenarios previsibles, el reforzamiento del debilitado tejido de la izquierda social, la expresión pública del rechazo a las políticas gubernamentales y la movilización ciudadana son necesarios para lograr que el Gobierno mantenga y amplíe la protección social, se comprometa de forma activa en la generación de empleo, mejore la provisión de bienes públicos, asuma sus responsabilidades en el impulso de la modernización de la estructura productiva, recupere en serio el proyecto de impulsar una economía sostenible y obtenga los recursos para financiar esos objetivos mediante una imprescindible reforma fiscal progresista.

Gabriel Flores - Economista

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