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martes. 06.12.2022

¿Porqué Monseñor Romero no es santo?

Como soy agnóstico convencido, respeto todas y cada una de las creencias religiosas que existen y, consecuentemente, a quienes las profesan. Pero aprovechando la visita del Papa a Madrid, acontecimiento que excede, como noticia, más allá de las creencias de cada uno como individuo. Me gustaría hacer algunas preguntas, a la jerarquía representante de la Iglesia Católica.

Como soy agnóstico convencido, respeto todas y cada una de las creencias religiosas que existen y, consecuentemente, a quienes las profesan. Pero aprovechando la visita del Papa a Madrid, acontecimiento que excede, como noticia, más allá de las creencias de cada uno como individuo. Me gustaría hacer algunas preguntas, a la jerarquía representante de la Iglesia Católica.

Desde siempre -no en vano, he pasado catorce años de mi vida en colegios de monjas y curas- me ha preocupado enormemente, la manifiesta e inevitable inclinación, casi enfermiza, de la Iglesia hacia quien detenta el poder y el dinero, que viene a ser lo mismo.

Lo digo desde la constatación personal primero, y comprobada, y acreditada, por su modo de actuar histórico, después. Al margen de cualquier apriorismo mal intencionado, que no es el caso, aunque pudiera deducirse, y basándome, sólo y exclusivamente, como deducción racional de su modo de actuar como colectivo.

Salvando, con sumo respeto, los casos de los miembros de la Iglesia, que los hay, y muchos por suerte, que ni comparten, ni actúan, por supuesto, dentro de lo que podría denominarse: doctrina oficial, hoy mayoritaria.

Creo que difícilmente pueda entenderse que la Iglesia, decida hacer santo a D. Josémaría Escrivá de Balaguer, y no termine de hacerlo con alguien, por poner un ejemplo, como el mártir salvadoreño: Monseñor Óscar Romero.

No voy a entrar en los méritos, razones, o motivos, que la Iglesia maneja para canonizar a unos y no hacerlo con otros. Supongo, y quiero creer, que la vida del fundador del ‘Opus Dei’, Sr. Escrivá de Balaguer, estará sobrada de razones, motivos, méritos, en incluso milagros, para ser santo, y de ahí su efectiva canonización.

Sí, desde luego, conozco a bastantes, de sus seguidores, y, no creo que representen, precisamente a la Iglesia de los pobres, de los menesterosos, de los menos favorecidos. Sino justamente al contrario. Representan: el privilegio, la oportunidad bien aprovechada, el estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, el saberse superiores, o, al menos creérselo. Representan, insisto, desde mi modesta opinión, lo más alejado que pueda darse de lo que supone, o debería suponer, el ejemplo de Cristo. Lo afirmo con absoluta convicción y exento de la más mínima intención de juzgar, a nadie; ‘Dios me libre’.

En ese sentido, y no me alegro precisamente por ello, desde fuera, como simple espectador, observo a la Iglesia, cada día más alejada de su objetivo, más y más alejada de los que defendió en vida con ahínco Monseñor Romero, o Ignacio Ellacuría, por poner otro ejemplo, y otros muchos. Que con su vida, sí dejaron muestras de lo que debe ser la Iglesia, en mi concepto.

El resto, poco ejemplarizante, de verdad, lo digo, con la mejor intención, el resto, insisto; simples piezas de una maquinaria muy bien engrasada, con una practican de más de dos mil años de existencia, y de muy acertado desarrollo.

Por ello, y aprovechando, la reciente visita del Sumo Pontífice a nuestro país, me atrevo a recomendarles, una revisión de sus practicas, la teoría ya es conocida por todos.

La iglesia como decía Monseñor Óscar Romero, en una de sus célebres homilías, el 11 de noviembre de 1977, concretamente, cuando manifestaba: “La misión de la Iglesia es identificarse con los pobres, así la Iglesia encontrará su salvación”

Todo aquello que se desvíe de lo anterior, hará que la lejanía de la Iglesia y la ciudadanía sea cada vez mayor. A pesar de la exhibición que supone eventos como las JMJ.

Todo lo que suponga apoyar a las clases poderosas, a los sectores más privilegiados de nuestra sociedad, hará que nuestro país se sienta católico, y así se muestre, para las comuniones, bodas, bautizos... y demás saraos, estadísticamente, así se manifiesta un 77% de la población, pero la franja de verdaderos practicantes, se mueve entre el 13% y el 20 %, y poco más. Así, y entiendo no es casual, seguirá sufriendo, como sufre, la falta de vocaciones sacerdotales, la mínima participación y conexión con la mayoría de los ciudadanos. Amparándose en una presencia, más testimonial que real. Baste recordar la labor de muchos sacerdotes en los años 70, trabajando, en los barrios, como el padre Llanos en Vallecas, Mariano Gamo en Moratalaz, por citar a dos muy conocidos, e incluso Obispos: como Iniesta.

Con una representación en la Conferencia Episcopal que parecen vivir en otro mundo, cada día más alejada de la realidad de nuestra sociedad, con sus ventajas e inconvenientes.

Dedicada a denostar las leyes que no les gustan, y que nacen del poder legislativo, como es de rigor, y que son para todos los ciudadanos, no precisamente sólo para los que ellos representan. Pero olvidando manifiestamente, los fundamentos de su existencia, de su esencia

Dudo mucho, que por múltiples visitas del Papa que se produzcan, las cosas puedan variar suficientemente.

Para conseguir una Iglesia cercana, implicada con los problemas de los pobres, que los apoye, los dignifique, y luche por ellos, deberían actuar de otro modo.

O así, al menos, hace ya muchos años, me lo enseñaron en el colegio.

¿Porqué Monseñor Romero no es santo?
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