lunes 29/11/21

¡Pobre Unión Europea!

¿Por qué pobre Unión Europea cuando a pesar de la crisis sigue siendo el espacio geográfico político en el que mejor y con más libertades se vive? Sencillamente porque creo que no nos merecemos la inutilidad de los dirigentes políticos que tenemos.

¿Por qué pobre Unión Europea cuando a pesar de la crisis sigue siendo el espacio geográfico político en el que mejor y con más libertades se vive?

Sencillamente porque creo que no nos merecemos la inutilidad de los dirigentes políticos que tenemos. Esos que una y otra vez aplazan las decisiones más importantes para asegurar la senda de la recuperación económica en el conjunto de los países que conformamos la Unión.

Recientemente, los cinco expertos en economía que estaban elaborando un informe de situación para Alemania, en donde se afrontaran también las medidas que a su juicio se deberían tomar, le entregaban a la señora Merkel sus conclusiones. De lo que ya ha trascendido de estas, podemos observar que hay plena coincidencia con lo que vienen señalando otros expertos desde hace ya mucho tiempo. Y que a pesar de no darle el nombre de “eurobono”, abogan por la adopción de esa figura a nivel de la Unión.

¿Qué creen que ha dicho la señora Merkel? ¡Uf!, “pero eso nos obligaría a muchos cambios en los tratados y en la propia constitución alemana…” Sin comentarios.

Mientras, pasa el tiempo y los problemas se siguen agravando para los países de la Unión Monetaria. Ya no son sólo los países periféricos pequeños, a los que se abocó a pedir el rescate para pasar a gobernar su economía. Ahora es Italia con una prima de riesgo totalmente descontrolada y un gobierno en banca rota pendiente sólo de cuando presenta la dimisión su presidente y de si se hace un gobierno de concertación o se convocan elecciones anticipadas.

Europa, la Unión Europea, necesita una dirección política fuerte capaz de tomar las medidas económicas necesarias en defensa de su estabilidad político-económica y en defensa de su moneda.

Y paralelamente los europeos, debemos empezar a tomarnos muy en serio la necesidad de implicarnos en todo lo que concierne a la Unión Europea.

Y miren, les voy a decir algo que a algunos les puede sonar a “sacrilegio político”. Necesitamos más Europa, y si para ello tiene que haber dos velocidades tendrá que haberlas. Pero no dos velocidades entre países más o menos ricos, sino entre quienes estén dispuestos a avanzar en defensa del proyecto común, cediendo más competencias como la fiscalidad armonizada, defensa, o relaciones exteriores junto a la ya transferida sobre política monetaria. Ello generaría además importantes sinergias de ahorro en unos momentos en los que toda eliminación de gasto corriente debería ser dirigida a inversión productiva.

En un mundo de economía globalizada y dividido en unas pocas áreas de influencia, no es posible por más tiempo, sin que acaben llevándonos al desastre, que en la Unión Europea las decisiones sean siempre como un parto con dolor, sudor y lágrimas. Y que además, luego cueste tanto tiempo ponerlas en marcha que cuando se hace ya no sirvan para afrontar los problemas a los que iban destinadas.

Italia y España somos el último eslabón de los despropósitos de esta no política, y a la vez la oportunidad para salir fortalecidos como proyecto común de esta crisis.

La Unión Europea tiene la palabra. Pero todos tenemos responsabilidad en hacer que se adopte la decisión que sirva para hacer avanzar el proyecto solidario que ha venido representando la Unión.

¡Pobre Unión Europea!
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