lunes 25/10/21

¿Las políticas de austeridad tendrán en cuenta el coste de la conflictividad?

La teoría de las relaciones laborales incorpora un concepto, el de sinergia, que siempre me ha resultado fascinante.

La teoría de las relaciones laborales incorpora un concepto, el de sinergia, que siempre me ha resultado fascinante. La teoría de la sinergia -positiva por supuesto- viene a decir que si tenemos una serie de elementos que forman parte de un conjunto, con determinadas cualidades individualmente considerados, se puede obtener resultados crecientes de forma exponencial sobre los elementos que lo conforman, simplemente a través de una integración en el grupo o engranaje que potencie y desarrolle de forma óptima las cualidades de cada elemento. En otras palabras, la sinergia o el resultado positivo de un conjunto, es exponencialmente mayor que la suma de las cualidades de cada uno de sus elementos.

Esta teoría moderna de las relaciones laborales se sitúa en el extremo opuesto de las doctrinas neoliberales, donde no existe el concepto de beneficio para el grupo y por el contrario se tiende a cosificar a las personas, al mismo nivel que los costes, despersonalizando la política y convirtiéndola en un mero vehículo económico. Dirán muchos que la crisis impone esta forma de actuar a los políticos para que sean unos eficaces gestores, pero diremos que los gobiernos no pueden ser sólo meros contables o gestores económicos.

Un ejemplo que nos sirve para diferenciar la esencia neoliberal en política de la que debería ser política esencialmente social: la decisión de dejar de contratar a 4.000 profesores en la Comunidad de Madrid, ya es de por sí suficientemente cuestionable desde la vertiente de la responsabilidad social, como para que además el responsable político que adopta esta decisión no muestre empatía alguna con los profesores en paro (a los que se sataniza por los efectos de su protesta), los padres y los alumnos, que dejan de percibir un nivel de educación que antes percibían. En política, la sensibilidad es muy importante.

Otro ejemplo en Cataluña aun más demostrativo: enfermos que han desaparecido de las listas de espera de intervenciones de las que no sólo depende el mantenimiento de la propia vida, sino la continuidad de la misma con calidad y dignidad; en este caso aún ningún responsable político ha dado explicación de esta medida, que no encuentro calificativo que la pueda acompañar en este texto… ¿dónde dice que las decisiones económicas de un gobierno puedan tomarse en contra de las personas…en contra de sus propias vidas (literal en Cataluña)?

Pero en lo neoliberal parece que también hay modas, referentes, y parece que el de estos tiempos es el “modelo Cameron”, y no porque recientemente se haya referido a este modelo algún presidenciable de nuestro país como modelo aplicable a España, sino porque realmente lo es: es el primer ministro conservador del Reino Unido, país que no olvidemos es la cuna del capitalismo, sistema responsable de esta crisis. Pues bien, en dicho modelo y revisando la historia, todos los gobiernos conservadores -incluso anteriores a Margaret Thatcher- han sido objeto de una contestación a sus medidas que ha originado revueltas sociales reprimidas con extrema dureza, incluso con la movilización del ejército. De esta receta no se ha librado el Sr. Cameron, quien recientemente ha visto literalmente “arder” gran parte de Londres, y aunque luego se nos contase en los medios que los “activistas” (todos) eran como mínimo delincuentes profesionales, lo que fue es una revuelta social.

Siguiendo con Margaret Thatcher, fue ella quien -consciente de que el conflicto laboral se encuentra en la raíz de la contestación social- acometió el mayor recorte y debilitamiento de las fuerzas sindicales del Reino Unido de su historia. Reduciendo las fuerzas sindicales, mermaba el efecto de la conflictividad y por ende, de la contestación social. Aunque ha pasado mucho tiempo, esta receta sigue vigente. Apenas transcurridos los cien primeros días desde la toma de posesión de los nuevos gobiernos autonómicos del Partido Popular, todos han optado entre sus primeras medidas por reducir de forma drástica las fuerzas sindicales. Como digo, la cuna del capitalismo continúa siendo referente en medidas y modelos políticos neoliberales.

Por tanto, el Sr. Cameron, y quienes tienen en cuenta su “modelo”, consideran al ciudadano como un elemento económico, capaz sólo de generar renta y consumo en un sistema más económico que social, donde el individuo no cuenta con la protección del estado y satisface sus necesidades mediante su propio poder adquisitivo. Deberían considerar que el coste social de sus decisiones económicas puede generar una sinergia -en este caso negativa- que también se puede medir en términos económicos. El nivel de descontento, de rabia, de ira, y de impotencia de una sociedad, genera un elevado coste que puede revertir los objetivos económicos del recorte del déficit que motivó la protesta. Las revueltas de Londres, la “marea verde” de Madrid, las protestas en la sanidad catalana, tienen un coste económico que hace que el recorte, considerado globalmente, pueda no resultar tan eficaz.

Siguiendo con el caso concreto del Reino Unido, las históricas protestas sociales contestatarias de los gobiernos conservadores han tenido su origen en el movimiento sindical, extendiéndose posteriormente a toda la sociedad. El movimiento sindical ha actuado como pilar organizado de la protesta ciudadana. Esto, aunque repetido en la historia, continua vigente, pues los recortes del estado del bienestar no son meramente un conflicto laboral -afirmación repetida en estos días por algunos políticos- aunque se inicie como tal, sino que afectan (sinérgicamente) a toda la sociedad que percibe sus efectos negativos.

Y de que esto es así hay hechos recientes que lo demuestran: las últimas protestas ciudadanas en España apenas han arrancado gestos políticos. Podría decirse que han sido ignoradas o descalificadas. Estas protestas no originan ningún coste. Sin embargo, los conflictos laborales (huelga de transportes, sanidad, educación, etc.) de una u otra forma obtienen respuesta y gestos desde la esfera política…cuestan.

Siempre he pensado que ninguna ofensa debe quedar sin respuesta, por mínima que sea. Y el motivo es sencillo: quien ofende, si no es contestado, recibe el mensaje de que puede continuar haciéndolo, se sienta un precedente en este sentido. Al contestar enviamos un mensaje claro: no voy a dejar que logres tu objetivo. Contestando a las políticas de recortes de derechos laborales y del estado de bienestar estamos enviando un mensaje a la clase política, doblemente válido: vamos a luchar por nuestros derechos y esta lucha será el precedente (su coste económico) que se tendrá que considerar al realizar el balance de las previsiones económicas del recorte. Ante las agresiones de los “modelos” políticos neoliberales a los ciudadanos, ninguna protesta o huelga está injustificada. Ningún trabajador deja de percibir voluntariamente su salario diario si no le asiste la razón.

¿Las políticas de austeridad tendrán en cuenta el coste de la conflictividad?
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