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jueves. 18.08.2022

‘La Roja’ necesita de nuevos y más exigentes desafíos

En el fútbol no existe la historia; sólo el presente y, sobre todo, el futuro. Esta frase, perfectamente atribuible a Jorge Valdano, constituye una verdad esencial. Una verdad compartida por esos miles y miles de españoles que, con ocasión de los campeonatos europeos o mundiales, cada dos años ejercen de seleccionador nacional.

En el fútbol no existe la historia; sólo el presente y, sobre todo, el futuro. Esta frase, perfectamente atribuible a Jorge Valdano, constituye una verdad esencial. Una verdad compartida por esos miles y miles de españoles que, con ocasión de los campeonatos europeos o mundiales, cada dos años ejercen de seleccionador nacional. Quiere decirse que, acodados en la barra del bar, recitan ante un corro de amigos su alineación favorita del combinado nacional. Este ritual, es casi obvio decirlo, se desarrolla invariablemente trasegando de forma paralela unos barros de cerveza. El barro de cerveza –esta aclaración resulte quizás pertinente- no es otra cosa que una jarra de las de loza de toda la vida, de un palmo de altura aproximadamente, colmada del frío y preciado líquido, así rebautizada por la hostelería madrileña en su infinita capacidad para emprender e innovar.

En consonancia con esta verdad esencial compartida, la triple corona conquistada por la Roja tras el reciente campeonato europeo forma ya parte del pasado. Presas de nuevo del desasosiego y con la prima de riesgo por las nubes, necesitamos nuevas hazañas que nutran nuestra felicidad. Por eso, la Roja exige desafíos igualmente nuevos. Desafíos perentorios, pues dada nuestra condición de mediterráneos, nuestra natural tendencia a la indolencia y a la molicie puede resultar letal. Bien lo saben la canciller germana y los primeros ministros nórdicos.

Propondré a tal fin dos nuevos y grandes empeños. El primero no es otro que Sergio Ramos por fin logre leer un libro. Me refiero a un libro sencillo y nada grueso, como Platero y yo, por ejemplo. Todo el mundo conoce a Ramos, pero por si por alguna rara casualidad este artículo cae en manos de un progre trasnochado, de esos que todavía insisten en jurar que el fútbol les resulta ajeno, presentaremos brevemente al mozo. En la cancha Ramos pasaría desapercibido por su aspecto. A no ser por el cordón con el que hasta hace poco rodeaba su cabeza para sujetarse el pelo. Este sencillo detalle le daba un aire de extra haciendo de indio en un spaghetti western, de los que se rodaban antaño en el desierto de Tabernas. Más recientemente se ha cortado la cabellera y ha dejado florecer su barba, adquiriendo un –permítaseme el anglicismo– nuevo look de legionario. No se trata de los legionarios de videojuego como los que aparecen en las promociones publicitarias de la EUFA. Más bien se asemeja a aquellos otros que –según nos muestra la televisión– una vez al año van que se las pelan detrás de una cabra y ante los jefes del estado y del gobierno. Fuera del terreno de juego, vestido de paisano, nuestro Sergio da el perfil del perfecto poligonero. Dicho de otro modo, su indumentaria nos confundiría haciéndonos creer que se trata de uno de esos jóvenes que los sábados por la noche acuden a una macrodiscoteca. Pero no a una cualquiera, sino a aquellas ubicadas en los cada vez menos frecuentes y más destartalados polígonos industriales esparcidos por nuestra geografía urbana.

El segundo desafío que propongo es que el señor Ángel María Villar, por fin logre decir en sus comparecencias públicas fútbol, en lugar de fúrgol. Estoy convencida de que en la Real Federación Española de Fútbol habrá algún empleado capaz de sacar del error a su presidente. No me refiero al utillero, claro está. Pero con seguridad  en el gabinete de prensa de la Federación alguien habrá estudiado Ciencias de la Información y se sienta capacitado para tamaña empresa.

Una vez logradas estas nuevas y más altas metas, que sin duda harán empequeñecer gestas pasadas, podremos entregarnos de nuevo a corear consignas tribales. Para entonces, habrá quedado desfasado el famoso yo soy español, español, español… Pero bien podremos aprovechar su pegadizo ritmo para dotarnos de nuevas cánticos propios del ingenio patrio. En espera de que se nos ocurran algunas letras y mientras le damos al caletre propongo la siguiente: Yo´stoy –así, con apostrofe y ese líquida- rescatao, rescatao, rescatao. Y es que no hay palabras para el rock and roll. 

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