miércoles 11.12.2019

¿Good bye Europe?

NUEVATRIBUNA.ES - 9.6.2010Dicen los optimistas que las crisis son depuradoras, que no hay que verlas solo como un problema sino como una oportunidad. Pero también sabemos que aquellos que sufren más directamente sus devastadoras consecuencias no están por la labor de conceder mucho crédito a los refranes y las palabras bonitas, simplemente quieren soluciones.
NUEVATRIBUNA.ES - 9.6.2010

Dicen los optimistas que las crisis son depuradoras, que no hay que verlas solo como un problema sino como una oportunidad. Pero también sabemos que aquellos que sufren más directamente sus devastadoras consecuencias no están por la labor de conceder mucho crédito a los refranes y las palabras bonitas, simplemente quieren soluciones. Pero las soluciones milagrosas e inmediatas para los problemas que padecemos parece que no existen, o sí. Y es precisamente en ese terreno donde estamos librando en Europa la madre de todas las batallas. ¿Hay una salida social a la crisis?, o por el contrario, ¿asistimos al fin del reformismo y solo queda aplicar el “sangre, sudor y lágrimas” para con los más débiles?

Durante las últimas semanas estamos asistiendo atónitos a toda una batería de anuncios de durísimas medidas de ajuste con el objetivo de caminar hacia la sostenibilidad fiscal de las cuentas públicas. La época de los estímulos económicos y del gasto público ha llegado a su fin, y Europa reconoce su incapacidad de ofrecer una solución autónoma a corto plazo. Ha tenido que ser el gendarme de las finanzas globales, el FMI, el que venga a socorrer a la vieja Europa. El ejemplo más evidente ha sido el plan de rescate a Grecia y el mecanismo de estabilidad financiera aprobado por el Consejo Europeo de 25 y 26 de marzo. Este mecanismo comprende por una parte, financiación sustancial procedente del FMI y por otra, préstamos coordinados bilaterales de los Estados miembros de la zona euro. La UE no fue capaz por sí sola de ofrecer una respuesta a su primera gran crisis en la zona Euro por el egoísmo de algunos destacados dirigentes europeos más preocupados por su interés electoral inmediato que por el interés general europeo. Las consecuencias son, que los especuladores financieros han seguido buscando víctimas, pero la verdadera pieza de deseo de esa cacería financiera es una pieza de “caza mayor”, la destrucción del propio Euro. ¿Impensable?, hasta la agencia de calificación Moody’s se atreve ya a sugerir que no “resulta absurdo” tal posibilidad.

Pero todos estos lodos vienen de algunos polvos, que no son otros que la hegemonía de la política neoliberal también en la política europea, que construyó un relato exitoso de una visión de una Europa desregulada ante el autismo político de los líderes europeos. Una deserción de las responsabilidades de las instituciones europeas y nacionales de las que padecemos sus nefastas consecuencias económicas y que ha condenado a la UE a la anorexia política y económica. Y es que tras el estrepitoso fracaso y la pavorosa crisis financiera internacional que provocó el “capitalismo casino” con su voraz ambición durante los últimos dos años, los gobiernos europeos tuvieron que salir al rescate para evitar el colapso. Multimillonarias ayudas que no evitaron el contagio de la economía real, y fueron precisamente muchos de los principales responsables de la crisis los beneficiarios de las ayudas públicas que han contribuido de forma importante a la escalada del déficit y a los problemas de sostenibilidad de las finanzas públicas.

Hoy, esos mismos beneficiados, nada más salidos de la UVI, vuelven a especular y a exigir reformas y ajustes durísimos que afectan principalmente a los que no causaron la crisis, los ciudadanos. Y los gobiernos, bajo el lema “Europa nos obliga”, se aprestan a dar la vuelta de tuerca que satisfaga a los llamados mercados con un enorme coste social ante el estupor y una indescriptible cólera ciudadana. Y es que por ese camino corremos el riesgo de galopar veloces a ese momento idílico que los euroescépticos deseaban y que no pudieron conseguir, el fin del mito de la construcción europea. Aquel proyecto que dibujaron los padres fundadores y que nos servía de hoja de ruta, la unidad europea basada en la construcción de una Europa política, social y económica. Y es que si no conseguimos construir un relato, un horizonte y un plan de acción común comprensible para los ciudadanos, en pocos años pasaremos de aquella vieja expresión de Ortega y Gasset de “España era el problema y Europa la solución”, a que los ciudadanos consideren que es precisamente Europa el problema y no la solución. Y si eso se consolida, quizás a algún cineasta se le ocurra en unos años una nueva película de éxito a imagen y semejanza de aquella maravillosa película de Wolfgang Becker “Good by Lenin” pero esta vez bajo el título Good bye Europe. De nosotros depende reconstruir los lazos emocionales entre ciudadanos e instituciones, pero simplemente con ajustes sobre los hombros de los más débiles no es precisamente el camino para ello. El próximo Consejo Europeo del 17 de junio, tiene la oportunidad de ofrecer respuestas y acciones comunes, veremos si están a la altura del momento histórico en que vivimos.

Pau Solanilla es asesor en temas europeos y autor del libro “Europa en tiempos de cólera”.

¿Good bye Europe?
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