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martes 24/5/22

¿Es Toxo un radical por defender el incremento del valor del trabajo?

La reciente celebración del congreso de Comisiones Obreras es uno de los mayores actos democráticos de nuestro país, después de las diferentes convocatorias electorales, ya que CC.OO. es la mayor organización social de España, con más de un millón doscientos mil afiliados.
La reciente celebración del congreso de Comisiones Obreras es uno de los mayores actos democráticos de nuestro país, después de las diferentes convocatorias electorales, ya que CC.OO. es la mayor organización social de España, con más de un millón doscientos mil afiliados.

El Programa de Acción ha sido aprobado por una amplia mayoría de más del 90% por ciento, mientras que el nuevo secretario general, Ignacio Fernandez Toxo lo ha sido con un 51%. Este último resultado ha transmitido una falsa sensación de división.

Este ajustado resultado responde a que es la primera vez en España que una organización del tamaño y la influencia política y social de CC.OO. decide no dar continuidad al secretario general saliente, con lo que ello significa de critica a ciertos comportamientos de la “stablishment” sindical, debido principalmente, como demuestra el acuerdo prácticamente unánime sobre el camino a seguir, a las diferencias en la gestión del día a día del sindicato.

Pero más que cómo se han reflejado estos resultados en la prensa me ha llamado la atención que importantes medios de comunicación hayan aprovechado que el Pisuerga pasa por Valladolid para cargar contra la supuesta radicalidad del nuevo secretario general de CC.OO.

El editorial de un prestigioso diario llega a vincular la prosperidad económica de nuestro país con la moderación salarial, lo que puede entenderse claramente como una critica a las palabras de Toxo sobre que no hay que tener miedo a incrementos salariales superiores a la inflación, ya que eso no significa ni más ni menos que intentar que las ganancias de productividad en las empresas no se dediquen únicamente a incrementar los beneficios empresariales, como prácticamente ha venido ocurriendo en los últimos años, y que explica en gran medida que los salarios hayan venido perdiendo peso en la renta nacional, pasando del 55% al 52% en los últimos ocho años, a pesar de la fuerte creación de empleo experimentada en ese periodo.

Pero es que esta defensa de la moderación salarial, llueva o salga el sol, es algo absolutamente incoherente con el mantra que el gobierno, los expertos económicos, y la mayor parte de los medios de comunicación repiten en relación con la salida de la crisis: debe darse un cambio de modelo productivo en el que la I+D+i sea el motor de una economía que gane competitividad.

Y es que parece que los editorialistas del mencionado periódico no se han dado cuenta que un crecimiento basado en bajos salarios, en la actualidad un 60% de los trabajadores recibe menos de 18.500 euros al año, es algo absolutamente incompatible con un crecimiento basado en la innovación tecnológica. No hay incentivo para que los empresarios apuesten por la innovación en productos y procesos productivos, si los salarios son de miseria, ya que los empresarios ya tendrían garantizados altos beneficios sin desarrollar esfuerzos en la innovación.

Por eso en Alemania, uno de los países europeos que más recursos destinan a la innovación, y que más resultados obtiene de ese esfuerzo, los sindicatos han venido defendiendo tradicionalmente que los incrementos salariales debían recoger un reparto de la productividad ganada, es decir aumentos salariales muy superiores al incremento de la inflación. Y a nadie se le ha ocurrido acusar al sindicalismo alemán de radicalidad, ya que los sindicatos alemanes han sido un claro ejemplo de corresponsabilidad en la gestión de las empresas, a escala micro, y del conjunto de la economía, a escala macro.

Esto no es algo nuevo, es tan antiguo como los romanos. La base económica esclavista del Imperio Romano supuso un importante retraso en la innovación tecnológica que habían venido desarrollando los sabios griegos, que hace casi dos mil años habían llegado a diseñar incluso algo parecido a una maquina de vapor. Ya que la aplicación práctica de esas innovaciones era, a menudo, incompatible con un sistema basado en salarios de supervivencia, como relata magníficamente Terry Jones en el libro “Roma y los barbaros” al describir como un importante ingeniero griego se dirigió al emperador romano, que afrontaba la reconstrucción de parte de Roma, ofreciéndole una maquina que era capaz, a través de sistemas hidráulicos, de levantar enormes columnas. El emperador, impresionado, le compró la maquina, e inmediatamente la desguazó concienzudamente, bajo la justificación de que lo primero era dar de comer a las miles de personas que trabajaban en la reconstrucción de Roma.

Si alguien aún cree que el futuro de la economía española esta en la economía del ladrillo y del cemento, y en los servicios descualificados, es decir, que siga estando basada en los bajos salarios como en los últimos años, y no en la economía del conocimiento, que requiere una remuneración de los trabajadores acorde a su esfuerzo formativo, esta muy equivocado. El trabajo decente es la base de una sociedad más cohesionada, y de una economía innovadora y competitiva, es decir sostenible.

A algunos les puede parecer radical que Ignacio Fernandez Toxo haya reclamado incrementar el valor del trabajo en la sociedad como eje de su política sindical. Será que las telarañas neoliberales aún no les han permitido percibir que la crisis financiera internacional va a resituar el papel del trabajo y el capital en la economía. Es absolutamente incoherente reclamar mayor regulación de los movimientos de capital, y no ser consciente de que eso mismo significará aumentar el valor del trabajo, también en nuestro país.

Bruno Estrada
Economista

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