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jueves. 06.10.2022

¿Cuánto nos cuesta el rescate de la monarquía?

Todo el proceso político que condujo a la elaboración de nuestra constitución de 1978, ha sido presentado por el mundo académico como ejemplo de consenso.

Todo el proceso político que condujo a la elaboración de nuestra constitución de 1978, ha sido presentado por el mundo académico como ejemplo de consenso. Es decir, que las diferentes fuerzas políticas plenamente conocedoras de nuestro pasado fratricida, llegaron a un pacto con el objetivo de no cometer los mismos errores, y, en consecuencia, redactaron una Constitución lo suficientemente amplia, para que pudieran gobernar con ella diferentes fuerzas políticas. Nada más lejos de la realidad. Nuestra constitución es producto de la presión social y sindical de la calle. Pero también del miedo a determinados poderes del régimen franquista, que permanecían intactos. De entrada, las Cortes constituyentes surgieron con una ley electoral, diseñada para que predominase el voto conservador, además que determinados partidos políticos no pudieron presentarse. Tampoco hay que olvidar que el Rey designó personalmente 41 senadores, todos ellos claramente conservadores. El poder militar ejerció un fuerte control. La iglesia, aunque resarcida con la firma de unos Acuerdos, también estuvo tutelando el proceso. En consecuencia, de consenso nada, como señala Gerardo Pisarello, ya que tres poderes fácticos como la Monarquía, la Iglesia Católica y el Ejército quedaron fuera de cualquier discusión o cuestionamiento. Uno de ellos fue la intangibilidad de la monarquía –especialmente blindada frente a eventuales reformas por el artículo 168. Otro, el reconocimiento de intereses básicos de la Iglesia Católica en materia educativa (artículo 27) y la renuncia al reconocimiento del carácter laico –y no simplemente aconfesional– del Estado (artículo 16.3). Y un tercero, la explícita atribución al Ejército de la tutela de la “integridad territorial” y del propio “orden constitucional” (artículo 8), con un doble objetivo. Por una parte, sancionar el olvido de los crímenes franquistas. Por otro, convertir a la jerarquía militar en guardiana de la “indisoluble unidad de la Nación española” y en factor disuasorio frente a las reivindicaciones de autonomía de las “nacionalidades y regiones. Estos artículos constitucionales sí que deberían ser modificados y no el 135.

Mas a pesar del blindaje constitucional de la institución monárquica y todo el descomunal apoyo mediático, lo incuestionable es que su desprestigio va en aumento, propiciado por los comportamientos nada ejemplares de algunos de sus propios miembros, como el Rey con la cacería de Boswana o el caso de Urdangarin. Recuerdo las palabras sabias de un profesor del instituto “Se hace más mal a las instituciones desde dentro que desde fuera”. Por ello, para tratar de apuntalar y restaurar la institución monárquica, en situación ruinosa, se ha organizado una campaña orquestada desde diferentes ámbitos: el político, el económico, el académico, el de los medios de comunicación.

En nuestra TVE, la que pagamos todos con nuestros impuestos, llevan ya tiempo dándonos la tabarra con la figura del Rey, con la excusa de sus 75 años. No hay telediario en el que no aparezca su figura. Nos anuncian un próximo Informe Semanal, en el que nos obsequiaran con una entrevista a su persona realizada por nada más y nada menos que el gran Jesús Hermida, además del testimonio de 25 personajes de relieve. Es agobiante. Da la impresión que la democracia se la debemos exclusivamente a su persona, y que toda su vida es un ejemplo de sacrificio por España. Por cierto, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid quiero recordar las palabras en su primer discurso oficial como Rey dedicadas al Funeralísimo, así lo llamaba Rafael Alberti, de las que todavía --que yo sepa-- no se ha arrepentido: “Una figura excepcional entra en la Historia, con respeto y gratitud quiero recordar su figura. Es de pueblos grandes y nobles saber recordar a quienes dedicaron su vida al servicio de un ideal. España nunca podrá olvidar a quien como soldado y estadista ha consagrado toda su vida a su servicio”. Su actuación en el 23-F ofrece muchos puntos oscuros, tal como lo refleja Javier Cercas en su novela Anatomía de un instante. Como ha dicho Juan Carlos Monedero, no deja de ser una venganza histórica que tuviera que venir un novelista a contar el golpe de Estado del 23-F para evidenciar el vacío dejado por una academia a la que, como no le encajaba bien la zarzuelada de Tejero con la visión idílica del proceso, prefirió ahí también pasar página.

En esta campaña promonárquica también participan el mundo editorial, el académico y las grandes cadenas comerciales. Veámoslo. Estos días visité en Zaragoza unos Grandes Almacenes, cuyo nombre no cito para no hacerle publicidad, aunque sí es el más importante, y observé en la sección de libros un stand de Novedades de Historia. Estaban expuestos y muy bien visibles 18 títulos, de los cuales siete relacionados con la familia real. Del resto, salvo uno de Manuel Castells Redes de indignación y esperanza. Los movimientos sociales en la era de Internet, ninguno estaba relacionado con las problemas que preocupan hoy en día a la gente de la calle. También, no faltaría más, estaban los prolíficos e incansables Federico Jiménez Losantos y César Vidal con El precio de la libertad. Mucho que les importa a estos la libertad. Igualmente Joaquín Leguina- vaya trayectoria que lleva este caballero que fue 11 años presidente socialista de la Comunidad de Madrid- Camino de vuelta. José Bono, el que hizo desfilar por la Castellana de Madrid a un veterano de la División Leclerc y otro de la División Azul en un plano de igualdad, con Les voy a contar. Te lo puedes guardar todo. La segunda edición de las Memorias de José María Aznar el Magnánimo. Ya las he leído dos veces. Pronto empezaré la tercera. Tampoco podía faltar la crítica al socialismo andaluz, con El cortijo andaluz del periodista Agustín Rivera, delegado de El Confidencial en Andalucía. De Pedro Carvajal Urquijo, Los Urquijo en la Guerra Civil. De la periodista Lucía Méndez 'Morder la bala', un análisis sobre el primer año de Gobierno de Rajoy. Este caballero nos ha mordido hasta los.. Tres libros de memorias de Santiago Carrillo. Mas los interesantes de verdad los he dejado para el final, como los buenos vinos. No sé por dónde empezar. Tengo profundas dudas, mas por algún sitio habrá que hacerlo. Ahí va el primero. De Ignacio Gómez-Zarzuela El Rey y el mar, cuyo prólogo lo ha escrito el príncipe Felipe, en el que se repasa no sólo la vinculación de don Juan Carlos con los deportes náuticos sino la historia que une a la familia real con el mar desde los tiempos de Alfonso XIII. Tiene que se muy interesante conocer las navegaciones marítimas de la familia real. De Fermín J. Urbiola es Palabra de Rey, un relato del compromiso personal de don Juan Carlos con España. Es la historia de su pasión por la democracia, por la libertad, por la pluralidad, por el progreso. De Cesar de Lama Juan Carlos I: Las ideas y los hechos de un reinado", en el que el autor nos dice que nunca habría un presidente de la República mejor que el Rey, aborda también el polémico viaje a Botsuana y subraya que la petición pública de disculpas pone de manifiesto "su gran talla humana" e implica "un elevado acto de humildad y a la vez de nobleza de espíritu" en un país "en el que nadie pide perdón", aún más cuando el autor cree que incluso no había motivos para que se disculpara. Del gran historiador Paul Preston Juan Carlos I, el Rey de un pueblo, en el que ha reivindicado el trabajo diario del rey Juan Carlos y su importancia como figura "neutral" en la política española con motivo de la edición revisada de su biografía del monarca. De Miguel Roig La mujer de Edipo. Las tres transiciones de la reina Sofía, en el que el autor nos dice que alabada por Franco, la Reina ha sabido «nadar y guardar la ropa» y posicionarse con discreción, hasta convencer a los españoles de la importancia de su papel institucional en la consolidación de la Corona.

Termino esta breve descripción hagiográfica sobre los personajes de la familia real con las dos últimas obras, las auténticas joyas de la corona. De María Teresa Campos con la Princesa Letizia, en el que la presentadora se mete en la piel de la esposa del heredero al trono para imaginar cómo piensa y cómo se siente doña Letizia en momentos tan complicados para la Monarquía española como los actuales. Por cierto a una señora muy emperifollada y enjoyada cuando acaba de elegir esta obra, le hice la observación que era un gran libro, producto de un largo trabajo de investigación en archivos, hemerotecas y con numerosas consultas bibliográficas. Me lanzo una mirada, que no supe calificarla. Y que haya reservado para el final esta obra, mis lectores lo podrán entender enseguida. Se trata de Infantas de José Mará Zavala, en la introducción se nos dice que son todas Borbones... pero tan distintas y deslumbrantes como las gemas orientales de un inmenso collar.¿Sabía por qué a la segunda infanta de la dinastía, María Josefa Carmela de Borbón y Sajonia, se la motejó como "la de los huesos frágiles"? ¿Y la verdadera razón de que a la infanta Carlota Joaquina se la apodase "la intrigante" o a Luisa Carlota "la celestina"? ¿Conoce por qué la infanta Elvira desfila por estas páginas como "la fogosa" y a la infanta Cristina se la denomina sin tapujos" la equilibrista"? Romances secretos, infidelidades, complots, muertes trágicas, matrimonios regios por razones de Estado... y sonados divorcios. Nuestra galería de infantas se compone de veinte inusitados retratos que abarcan los cuatro últimos siglos de la Historia de España, desembocando en pleno siglo XXI, donde la infanta Leonor se erige como inmediata sucesora de su padre el príncipe Felipe, quién sabe si Felipe VI, rey de España, algún día. En Infantas emergen con todo su esplendor las hijas de reyes y príncipes. Un recorrido apasionante por el pasado, presente y futuro de las mujeres de la dinastía borbónica, veinte infantas que pudieron reinar en España.

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