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viernes. 01.07.2022

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NUEVATRIBUNA.ES - 28.7.2010...Es un despropósito: solo hay que esperar a que se demuestre empíricamente para que entonces podamos plantearnos un cambio de rumbo.Entretanto, parece increíble la pretensión gubernamental de hacernos creer que el empobrecimiento general de las clases medias y populares nos hará más atractivos de cara a la inversión internacional.
NUEVATRIBUNA.ES - 28.7.2010

...Es un despropósito: solo hay que esperar a que se demuestre empíricamente para que entonces podamos plantearnos un cambio de rumbo.

Entretanto, parece increíble la pretensión gubernamental de hacernos creer que el empobrecimiento general de las clases medias y populares nos hará más atractivos de cara a la inversión internacional. En un discurso totalmente opuesto al de hace ocho o diez meses, los marcos de análisis elaborados por los asesores de Economía y Presidencia llaman a tirarse de los pelos: “consolidación presupuestaria”, “recuperación de la confianza”, “aumento de la inversión exterior” y, por fin, “creación de empleo”… Al final, parece que se quiere que la economía real “financie” a la financiera. Un cambio de papeles en un momento en el que, como reflexiona Daniel Raventós (1), los capitalistas han dejado de hacer de capitalistas…

Groucho y la vuelta de la Edad Media

En medio de esta sucesión y cruce de discursos ‘grouchomarxistas’ (la reforma laboral o “la parte contratante de la primera parte más la parte contratante de la segunda parte”…) aportaría mucho más al debate –y a la formación de una ciudadanía más democrática y moderna, desde siempre el proyecto estrella del otrora ‘ZP’- que algún portavoz del Gobierno nos mostrara con un poco más de sinceridad la realidad que está detrás de bambalinas: estamos experimentando un cierto retroceso democrático que nos remite, en algunos aspectos, a escenas de hace cientos de años.

En resumen, los trabajadores tenemos que pagar indirectamente poco menos que nuestros diezmos a los “mercados financieros”, erigidos ahora en lo que en otro momento fueran los reyes o líderes eclesiásticos. Es “la vuelta de los Príncipes” de la que advertía el Profesor José Félix Tezanos en ‘La democracia incompleta’ (2). La conclusión que se deriva es que, dado el estado de las cosas, las posibilidades de una política democrática y soberana han quedado prácticamente deshabilitadas.

¿Nos merecemos el derecho a decidir?

Quizá la cuestión candente resida en si podríamos o no recuperar en cierto grado eso que muchos llaman el “derecho a decidir”. Si lo que parece que siega oficialmente nuestra autonomía económica nacional es un volumen teóricamente abultado de déficit y deuda pública, ¿por qué no lanzarnos a la aventura de activar un mecanismo institucional y colectivo de compra de deuda pública española, impulsado por el Estado y canalizado por los inversores institucionales que se dicen españoles? ¿Y si España tratara, de este modo, de ‘rescatarse’ a sí misma?

Sin violar ningún tratado monetarista europeo, esta vía, que el prestigioso economista francés Frederic Lordon sugería para su país en el número de mayo de Le Monde Diplomatique (3), podría traernos algunas ventajas, como por ejemplo la reducción del coste de nuestra deuda pública –los inversores extranjeros tendrían que suscribirla en las subastas a un tipo de interés claramente menor al actual para retenerla y seguir imponiéndonos condiciones-. Pero el principal beneficio residiría quizá en la recuperación de la soberanía en las decisiones económicas, que dejarían, en cierto grado, de estar arbitradas por los ‘animal spirits’ de lo que se ha venido a denominar de manera reduccionista e interesada “los mercados”. ¿Estamos dispuestos a jugarnos nuestro futuro y porvenir en la bolsa, con los hedge funds todavía sueltos?

El ejemplo japonés, salvando las distancias

Lordon expone el caso de Japón como paradigmático. Frente al volumen de la deuda pública española, que está alrededor del 55-60% del PIB, el montante de la japonesa supera el 200% de su producto interior bruto. Sin embargo, no hemos tenido conocimiento de fuertes ataques especulativos ni de descensos dramáticos del índice Nikkei. ¿Por qué? Sencillo y difícil al mismo tiempo: la enorme capacidad de ahorro nacional y la voluntad de sus políticos les impidieron caer seducidos por los cantos de sirena de la desregulación financiera y la entrada de capitales internacionales para financiar las actividades de la economía real. El Estado supo reconducir el ahorro patrio hacia la compra de pasivos estatales, de modo que el 95% de la deuda pública se encuentra en manos japonesas.

Esta experiencia sugiere que, de conseguir en cierto grado este objetivo –es decir, lograr ‘renacionalizar’ parte de nuestra deuda pública-, podríamos encontrarnos quizá con escenarios diferentes y más favorables al actual; por ejemplo, con algo más de flexibilidad para poner en marcha actividades que contribuyeran al desendeudamiento de nuestro sector privado. Una deuda, la procedente de familias, empresas y banca, que es la verdadera causante de nuestras dificultades de financiación exterior. Como escribió el economista Alberto Montero Soler en Público (4), está siendo la deuda privada la que resta credibilidad a los bonos públicos en los mercados financieros. Por ello, deberíamos ver la deuda pública como un medio para conseguir reducir la privada, sin duda, nuestro gran problema de cara al futuro. Por ahora, en el ratio de la pública cumplimos con Maastricht y, con menos intereses, podríamos incluso permitirnos el lujo de estirarla para crear algo de empleo.

El papel clave del fútbol, de la selección y de la creatividad

No sería un camino de rosas: precisamente es nuestro endeudamiento el que limita nuestra capacidad de ahorrar y, con ello, de canalizar dinero a esa recomendable compra de los pasivos emitidos por el Tesoro. Pero existe en España una enorme polarización de rentas y de dinero deseoso de ser invertido en actividades de cierta rentabilidad. Y un patriotismo de boquilla que en pocas ocasiones se ha puesto en marcha... En este punto, la victoria de la selección en el mundial de Sudáfrica podría jugar un papel fundamental. ¿No tendría cierto tirón ver a David Villa o a Iniesta en un anuncio de televisión recomendando la compra de “Bonos de La Roja” para salir de la crisis? “Si disfrutaste con nuestro fútbol, ahora apóyanos para salir de la crisis, y vendrán muchos más mundiales. Si te gusta la selección, compra Bonos de La Roja”. Los eslóganes podrían ser muchos. La identificación de La Roja con España ha servido para disfrutar comprometidamente del mundial y también podría tener cierto efecto en la puesta en marcha de actividades colectivas beneficiosas para nuestra difícil situación.

No es precisamente el timo del tocomocho: la inversión en letras y bonos del Estado tiene tradición de ser rentable y segura. Una buena campaña publicitaria e institucional –los campeones del fútbol han cobrado unas primas que deberían animarlos a colaborar con el Estado- puede mover montañas en una sociedad de la información, del icono y la imagen, en la que el eslogan puede terminar poco menos que gobernando. Debemos esperar confianza y decisión por parte de nuestros gobernantes, pero también cierta creatividad e inteligencia. Como esta iniciativa puede haber muchas aplicadas a distintos ámbitos. Solo se trata de quitarse las anteojeras ideológicas impuestas, que son demasiado cómodas, y pensar por nosotros mismos. ¿Podremos? ¿Querremos?

Andrés Villena es periodista y economista

Referencias:

(1) Antoni Domènech, Daniel Raventós, Gonzalo Búster. “La sabiduría asombrada y la contrarreforma del mercado de trabajo en el Reino de España”. Revista Sin Permiso (20.06.10)

(2) José Félix Tezanos (2002). La democracia incompleta. Madrid. Biblioteca Nueva

(3) Lordon, Frederic. “Empezar la desmundialización financiera”. Le Monde Diplomatique. Número de mayo de 2010.

(4) Montero Soler, Alberto. “¡Es la deuda privada, estúpido!” Público (03.06.10)


villenaoliver@gmail.com

Molestar es lo que cuenta (www.molestaresloquecuenta.blogspot.com)

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