martes 19.11.2019

“Atelier” de lectura

Mi idea primera al escribir este artículo era ofrecer al lector una panorámica a modo de prosopografía literaria para tratar de “historizar” la experiencia y elevar ese ejercicio de testimonio de lector y escritor al que le gusta su trabajo e intenta hacerlo lo mejor posible para que usted pueda sentirse invitado, pueda sentirse implicado.

Mi idea primera al escribir este artículo era ofrecer al lector una panorámica a modo de prosopografía literaria para tratar de “historizar” la experiencia y elevar ese ejercicio de testimonio de lector y escritor al que le gusta su trabajo e intenta hacerlo lo mejor posible para que usted pueda sentirse invitado, pueda sentirse implicado. Y es que el año que estamos a punto de dejar atrás es, probablemente, el peor para España y para sus ciudadanos desde que recuperó la democracia. De manera que, aprendamos a vivir con intensidad, a fabricar motivación, expectativas e ilusión. Sirva este artículo navideño como invitación a la celebración de la lectura, el cine, la música, la reunión, la conversación, en definitiva, al arte de vivir con plenitud existencial.

Sin menoscabo de las modernas maravillas: con esa cursilada impropia del escritor Jorge Luis Borges, trato de despertar la curiosidad intelectual de los lectores a partir de la enumeración de algunas lecturas aludiendo al refranero popular: mejorando lo presente. Hay colosales ejemplos: Cervantes, Larra, Proust, Dickens, Espronceda, Hobsbawm, Ortega y Gasset, Karl Marx o E.H. Carr.

El escritor argentino, cuya droga fue el antídoto que incorporaba él mismo a sí mismo, recordaba que la tarea del arte consistía en transformar todo lo que nos asimila en objeto: real, simbólico, imaginado, olvidado; o bien en algo que pueda perdurar en el tiempo a lo largo de la vida, porque de lo contrario nos sentimos muy desdichados. Todos tomamos esa droga. Además, lo creo necesario. Al contrario, despreciar lo que se venera por naturaleza es una conducta altamente reaccionaria. Cualquier persona que se sienta realizada con su trabajo sigue una especie de ritual consuetudinario que consiste en saberse joven. Nada más. Pero tampoco nada menos. Leer es caer en esa vanidad. Es inevitable. Huxley también lo relató magistralmente en Mundo feliz.

Una soberbia hacia el lector. Una certeza del azar electivo - teoría del Manifiesto Surrealista - de André Bretón. Tanto es así, que un autor de obras como Rayuela o Sean realistas pidan lo imposible, Cortázar, lo dejó claro que necesitamos la lectura para fijar nuestra existencia, para forjar nuestra ideología y estilo de vida: “Las ideas son declaraciones”. La lectura es una herramienta tan imprescindible que lo anterior fue lógico, pero no en este momento porque el acto de observar altera el objeto observado.

Caro Baroja, historiador y lúcido relator de su tiempo y del s. XVI y XVII, enunció la lectura como terapia contra la aflicción de cuerpo y espíritu. Él siempre tuvo poca salud, y por eso, pudo preservarse de las faltas de salud que produce el exceso de salud. Los enfermos crónicos aguantan mejor que los que tienen salud. Con la lectura, aprendemos que no es el prejuicio el que fabrica la realidad, sino el modo de hacer las preguntas lo que conforma el inicio de la lógica. Siguiendo a E.P. Thompson: “el creciente conocimiento de las letras, de hecho aumenta su alcance”.

La palabra clave es alcanzar: Viéndolo de cerca, en el mundo de la inmediatez, de la red social, de la telebasura y de la superficialidad que nos inyecta en vena el deseo desenfrenado de consumir, lector y escritor son seres egoístas y procuran proceder en todo lo que puedan para mostrar su entusiasmo intelectual. Tienen absoluta pasión de sí mismos. Leen para querer saber más, escriben para cualquiera.

Pretendo despertar la curiosidad intelectual aludiendo al refranero popular: mejorando lo presente. Para conseguirlo entiendo cada vez más conveniente, a tenor de los avances científicos y técnicos, formar e informar en cualquier edad y en cualquier momento, a la sociedad en una cultura del conocimiento científico y literario. Cada persona debe ostentar su propio Atelier de lectura. Me gustan en este sentido las palabras que tuve ocasión de leer en el libro La ciencia en tus manos de García Barreno: “El conocimiento científico busca la capacitación de los ciudadanos para que sean más conscientes de la incidencia de la ciencia y la técnica en los aspectos más comunes de la vida diaria”. Tengo conciencia científica - esto es un pleonasmo - debo tenerla, porque los ciudadanos, ostentamos por el hecho de serlo, el enorme trabajo, la grave responsabilidad, de forjar o trasmitir, explicar con las lentes del analista atento, a través de acentuar la sospecha, los enlaces significativos que lleva dentro la comprensión de las cosas.

Lee ahora, porque mañana seremos nadie. Se trata de crecer ética y profesionalmente sobre la base del conocimiento y no sobre el borrón partidista de tinte parcial y naturaleza, en definitiva, temporal. Es tarea del Estado y de la administración procurar que sea real. La lectura como conducta es un terreno alejado de la especulación y muy cercano a una experiencia sibarítica que consiste en descubrir un artículo sobre la política de archivos a través de metáforas o a partir de colaciones cuentistas de Jorge Luís Borges o de Orson Welles.

En cualquier caso, al final está usted que se transfigura. La subjetividad tiene sus propias leyes objetivas. No son otra cosa que la acción de elegir, esto es, lo que entiende ha de procurar usted para sí y para los demás con sentido y finalidad de superar dificultades. Personales e intransferibles.

“Atelier” de lectura
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