lunes 28/9/20

Solo la cultura puede salvarnos

Quien haya leído este apocalíptico y altisonante titular pensará que es una tontería, señalando a su autor, siendo amable, como un ingenuo. Y cierto: lo que en estos tiempos puede salvarnos es la sanidad y la ciencia; no el cine, la literatura, la música o cualquier otro producto o “artefacto cultural”, que dice la antropología. Es cierto también que, películas, libros u otros entretenimientos, están haciendo más llevadero el confinamiento y la ansiedad generada al no poder salir, ni ver físicamente a familiares o amigos. Si la gente está entretenida en casa, saldrá menos a la calle y así la curva de expansión del virus cambiará su tendencia, etc., etc. De acuerdo, pero de ahí a salvarnos...

Volviendo a la antropología, es preciso hacer una afirmación: la cultura es mucho más que dichos “artefactos”. Así, Warrnier ( La mundialización de la cultura, Gedisa, 2002), la define como una brújula que orientará las relaciones entre los elementos del ambiente, personas, instituciones y acontecimientos. Y es que cultura está íntimamente relacionada con identidad. Cultura es la valoración de lo indivual sobre lo colectivo; del negocio sobre el interés social, y son estos los preceptos del neoliberalismo. Se trata de la cultura del individualismo; de la ética del mercado; la cultura del Egoísmo Moral. Según el mismo, una acción es moralmente correcta si produce consecuencias positivas para el agente, o causante de la acción, con independencia de los resultados: deseables para el conjunto social o al contrario. Esta cultura del mercado es una versión extrema del utilitarismo, donde una acción es moralmente correcta si predominan los resultados favorables sobre los deseables para todos. Frente a esta ética, o falta de ética, del individualismo moral, se levanta el Altruismo moral. Aquí, una buena acción es aquella que produce el bien de los demás, sin considerar al agente.  Es decir: la mejor acción posible es aquella que produce el mayor bien para el mayor número de personas.

Ahora, la cultura de lo colectivo, de lo social, de lo público, se presenta, no como alternativa, si no como necesidad frente al caos ocasionado por la pandemia

En nombre de aquella cultura y sus postulados éticos, se han hecho recortes en sanidad;  en la sanidad pública: aquella que beneficia a toda la ciudadanía y que en estos días se presenta como imprescindible. Ahora, nos lamentamos de la falta de camas o equipamientos. Ahora, la cultura de lo colectivo, de lo social, de lo público, se presenta, no como alternativa, si no como necesidad frente al caos ocasionado por la pandemia.

Es cultura - cultura social y cultura cívica - quedarse en casa y no bajar a la calle varias veces para ir a comprar un poquito cada día, y a por tabaco y a la farmacia y… poniendo en riesgo a trabajadores y trabajadoras de esos servicios, además de a toda la ciudadanía, en lugar de hacerlo todo junto una vez a la semana. Es cultura pensar en el beneficio de todos y todas y no solo en la satisfacción individual.

También es cultura tener una doble moral. Criticar al gobierno por no tomar medidas más contundentes y luego saltárselas. Aplaudir en el balcón a los sanitarios, o tener en el mismo colgado una bandera, y luego intentar escaparse el “finde”, o de hecho hacerlo, a la segunda residencia. Como hemos visto más arriba: es cultura. Una cultura; una forma de pensar, que nos pone en riesgo a todos los ciudadanos y las ciudadanas, quienes estamos cumpliendo este confinamiento de  forma  mayoritaria.

A nadie nos gusta el confinamiento, es cierto, pero quienes estamos acostumbrados a disfrutar con la literatura, la música y los productos culturares, lo llevamos un poco mejor. El terreno que - además del sanitario, y eso no deja de ser una paradoja - más ha sufrido los recortes de gobiernos conservadores, ya sean en el plano nacional o autonómico, es la educación; y dentro de la misma, la educación artística. Si, precisamente esa materia que favorece el desarrollo de la creatividad y nos da herramientas para disfrutar de un ocio creativo; algo que, sobre todo en estos momentos, redundar en la salud psicológica de todas las edades. Si mi hijo o hija se pasa el día leyendo, pintando, modelando con plastilina, tocando la guitarra o la flauta – bueno, en este caso me dolerán un poco los oídos, es cierto- estará tranquilo o tranquila y yo podré dedicarme a teletrabajar, leer, escribir,  ver partidos de fútbol en Internet, si es que esa fuera mi afición, o lo que toque.

Como dice el titular, solo la cultura puede salvarnos: la cultura de lo social, de lo público y también -aunque en mucha menor medida, es cierto- la cultura de la expresión creativa frente a  los productos uniformantes que nos venden por doquier. Cuando salgamos de esa, pues saldremos, a ver si de una vez; ¡de una puta vez! -permítaseme la expresión, pero es que no encuentro otra para expresar el cabreo que me produce ver el daño que la cultura del individualismo nos ha hecho- nos ponemos las pilas como sociedad y empezamos a defender lo público, lo colectivo, lo de todos. A ver si tenemos memoria y aprendemos la lección.

Cuando comencé a perfilar las ideas que derivarían en estos párrafos, era el “día internacional de la poesía”. Me sorprendí gratamente cuando el poema “no te rindas” llegó de un par de contactos sobre quienes pensaba que, hasta el momento, considerarían a Benedetti como jugador de fútbol italiano; eso si, de segunda división pues el nombre les sonaba algo, y si fuera de primera lo conocerían perfectamente…  ¡Estos contactos han leído y enviado un poema! No está todo perdido. Y es que esta situación, esta crisis, está produciendo cambios en las personas. Esperemos que los produzca también en la sociedad.

Al igual que la pandemia de peste en el S.XIV, puso fin a los siglos de oscurantismo medieval para dar paso al Renacimiento y al Humansimo, ojala esta pandemia del S. XXI nos lleve a renacer como sociedad y después de abrazarnos todos, pues tenemos muchas ganas de hacerlo, abracemos esa ética; esa cultura de lo social de la cual venimos hablando en este escrito, pues solo ella es capaz de sálvanos; no ya como sociedad sino, incluso, como humanidad.

Solo la cultura puede salvarnos