sábado 14.12.2019

Algunas claves para entender el ascenso de VOX y desenmascarar su discurso

Según el discurso de Vox, que coincide con los parámetros de discurso nacionalista excluyente, todos los males de Andalucía en particular y los de España en general se deben a las acciones de “los enemigos de la patria”

Si hace poco tiempo entrábamos en schok con la victoria del ultraderechista Bolsonaro, en Brasil, aún no recuperados del mismo contemplamos sobrecogidos la adjudicación de 12 escaños al partido VOX en los resultados de las elecciones andaluzas. Si hacemos un análisis comparativo de los motivos que han llevado a esa situación en una y otra orillas del Atlántico, nos daremos cuenta de su similitud.

Brasil, el gigante económico latinoamericano, vio como más de una década de desarrollo, donde la crisis mundial iniciada en septiembre del 2008 tuvo menor influencia que en otros lugares, derivaba en una profunda crisis con una deuda pública acumulada correspondiente al 77% del PIB. Por su parte, Andalucía ha sido desde siempre la pariente pobre de España: con unas cifras de paro en el tercer trimestre de 2018 de un 22,9 % solo superadas por Extremadura y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla; con la renta per cápita más baja de todas las Comunidades o los índices de pobreza infantil más altos, por citar solo algunos ejemplos. En ambos lugares de cada una de las orillas atlánticas nos encontramos con situaciones de desigualdad e inequidad para la mayoría, cuyo resultado es una sociedad empobrecida y fracturada que se convierte en caldo de cultivo para discursos supremacistas, xenófobos y misóginos, como los del exmilitar brasileño, de los dirigentes de Vox o del Ministro de Interior italiano, Matteo Salvini.

Ese relato debe ser analizado a la luz de la nueva era que dio comienzo con la victoria del Trump en EEUU. Dicha victoria se explica como consecuencia de situaciones de polarización y desencanto en el seno de una sociedad fracturada de forma similar a la andaluza, la brasileña o la también empobrecida Italia. Recordemos también que, Estados Unidos, Italia y en el caso español, Andalucía, están fuertemente sacudidos por una inmigración irregular, Resulta entonces muy sencillo culpar a los emigrantes de la situación, pues reciben – se dice- multitud de beneficios a costa de la ciudadanía nacional. Unos beneficios -unos derechos- que escasean al haber sido previamente suspendidos o hurtados. Pero, claro, esto no se dice.

De la misa forma, podremos encontrar otras analogías entre la coyuntura mundial y la Comunidad Autónoma que nos ocupa. El mundo ha pasado de la euforia de la globalización -con su concepto de “Aldea Global” y sus “autopistas de información” que permitirían la libre circulación de capitales a lo largo del mundo convertido en un inmenso mercado capaz de potenciar un desarrollo, también global, no conocido hasta el momento – a la realidad de una situación económica que dibuja paisajes de pobreza y desigualdad.  Por su parte, en Andalucía, la euforia electoral y los discursos grandilocuentes de los Partidos Políticos, se da de bruces con la realidad cotidiana de la mayor parte de la población. En uno y otros casos, el resultado ha sido el mismo: calado del discurso patriótico y de rechazo al diferente. Un discurso patriótico que sitúa por encima de intereses individuales los de un ente abstracto llamado “patria”, que no es otra cosa que el conjunto de intereses de los grupos dominantes; eso sí, convenientemente escondidos bajo una liturgia grandilocuente de reconquista de expendedores perdidos. Recordemos las constantes apelaciones a la Reconquista en los discursos electorales de Vox, que apelan al mito del nacionalcatolicismo, tan repetido como incorrecto, de que España es una nación forjada en la lucha contra el Islam, recientemente defendido por el Catedrático de Literatura Árabe, Serafín Fanjul. Recordemos también como el mencionado partido daba inicio a su campaña para las elecciones de 2015 en Covadonga o como Aznar (El País, 23 de septiembre de 2016) pretendía que los musulmanes le pidieran perdón por haber "conquistado España y ocuparla por ocho siglos".

Según el discurso de Vox, que coincide con los parámetros de discurso nacionalista excluyente, todos los males de Andalucía en particular y los de España en general se deben a las acciones de “los enemigos de la patria”, al igual que Trump repetía una y otra vez en campaña  cómo la pérdida del patriotismo es causa de todos los males que aquejan a EEUU. Ni una sola palabra de reforma agraria, industrialización, mejora de infraestructuras o las mil y una asignaturas pendientes y necesarias en la región.  Es este sentido es mejor dejar las cosas tal y como están.

Es que Andalucía se constituye otra vez en un microcosmos reflejo de las relaciones, en este caso económicas, a escala global. Al igual que el sur del mundo sirve como suministrador de materias primas y mano de obra barata para las industrias de los países más poderosos del Norte -aunque ahora deslocalizadas pero con las sedes corporativas en aquellos países- los grupos de poder en la Comunidad del sur -el señorito andaluz- crea sus industrias en el centro y norte de España, a quien abastece igualmente de materias primas y mano de obra.

Otro punto que relaciona la victoria del Bolsonaro con el asceso de Vox es el tema de la corrupción, que ha asolado al PSOE andaluz con más de 100 “casos aislados” - como dirían los dirigentes del PP- en toda la región, poniendo al descubierto todo un conjunto de tramas al servicio de intereses particulares y clientelares. Pero en lo que más ha influido esta corrupción es en la desafección política. Mientras que, en las elecciones andaluzas de 2015, la mayor parte de la abstención correspondía a sectores conservadores -que ahora se ha “puesto las pilas” y en un voto de castigo tanto a propios como a extraños se ha definido por Vox- en el 2018 corresponde a la izquierda. Con una abstención superior en casi 4 puntos por encima de 2015, la izquierda ha negado su voto tanto al PSOE como a Unidos Podemos y sus confluencias, al no considerarlos como referentes políticos válidos.

Si la victoria de Bolsonaro en Brasil se debió en parte al apoyo de la iglesia evangélica, la mayoritaria en el país, cuyos adeptos votaron en un 68% a favor del candidato, no podemos despreciar el papel de la Iglesia Católica, en una región donde la misma tiene gran arraigo y está plenamente infiltrada en las tradiciones y formas de vida de la región, con su ideología misógina o a favor de la familia tradicional, entre otros aspectos, todos ellos coincidentes con la ideología del partido filofascista.

Por su puesto, existen algunos aspectos más que explicarían el triunfo de Vox, pero hemos tratado de ceñirnos a los principales: fundamentalmente, la situación económica, además de corrupción y desafección política de una buena parte del electorado, trayendo consigo la abstención de un buen número de votantes de izquierdas.

El conocimiento de las circunstancias que forzaron tales resultados nos aportan las claves para desmontar el limitado y repetitivo discurso del partido ultraderechista y puede contribuir a diseñar las estrategias para prevenir resultados similares en próximos compromisos electorales. Puesto que la mejor vacuna contra el fascismo es el conocimiento, valgan estas líneas como pequeña contribución a dicho conocimiento y, de este modo, como vacuna y prevención contra este tipo de discursos y partidos.

Algunas claves para entender el ascenso de VOX y desenmascarar su discurso