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miércoles. 10.08.2022

Soluciones para Cataluña y España

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Como espectador y lector de lo que pasa en Cataluña con el tema catalán no deja de ser preocupante de que no se hable del futuro en Cataluña, de soluciones, de programas, sino de si independentismo sí o independentismo no. Es preocupante porque es el terreno de juego del PP y Ciudadanos. Ambos no quieren hablar de sus propuestas porque estas supondrían, de llevarse a la práctica, un retroceso de las competencias de la Autonomía. Y esta elusión es posible por la complicidad de los medios escritos de ámbito nacional como son el ABC, El Mundo, La Razón y, sobre todo y últimamente, El País, periódico de referencia fuera de nuestras provinciales fronteras, periódico que ha entrado en competencia con los anteriores por ser el portavoz oficioso del PP. Es verdad que existen las redes y otros periódicos digitales –sólo digitales- como Público que tienen puntos de vista de izquierdas, pero estos no suelen ser referencia exterior. La idea de la derecha española –PP y Ciudadanos principalmente- ha sido la de presentar el dilema independentista como eje de la campaña, como si las elecciones del día 21 tuvieran que refrendar el golpe de Estado de Rajoy con el 155, con la suspensión de la Autonomía y la suplantación del Govern por el Gobierno. Es como si el PP y Ciudadanos no se creyeran los efectos del 155, que supone que nunca jamás Cataluña será independiente de España aunque gobernaran los independentistas. La razón de ello es que Rajoy o un gobierno socialista alternativo, ante una vía unilateral anticonstitucional como la intentada, responderían con un golpe similar de signo contrario. Por tanto la vía independentista está aniquilada. También la vía pactada, porque esta dependería de que el PP y el PSOE la aceptaran y eso nunca va a ocurrir. En especial el PSOE se haría el harakiri antes que aceptar un referéndum pactado. Y sin embargo el PP y Ciudadanos –especialmente este último- están jugando como si la vía independentista tuviera alguna posibilidad por el hecho de que en el próximo Parlament hubiera una mayoría independentista. Es más, ocurriría todo lo contrario, porque nada más cerraría el camino independentista en Cataluña que gobernara el independentismo sin posibilidad real de obtener la independencia. Pero parece que el miedo a una posibilidad inexistente es la única baza electoral del PP y, especialmente, de Ciudadanos.

La izquierda en Cataluña lo tiene también complicado porque ha de presentarse como una alternativa tanto a los deseos recentralistas de PP y Ciudadanos como la de ser un valladar contra un independentismo gubernamental en el Parlament y en un posible Govern. Y los que lo tienen peor son la marca de Podemos en Cataluña, porque su propuesta de un referéndum pactado es del tipo de propuestas que parecen de sentido común, que parecen lógicas, pero que no tienen, de facto, salida política si pensamos que los partidos políticos son una continua relación dialéctica entre votantes y votados. Si los comunes siguieran insistiendo en la solución pactada estarían echando paladas de arena en su propia tumba en el resto de España; y si sólo se presentan como partido de izquierdas contrarios a cualquier salida independentistas pierden en Cataluña el voto independentistas de izquierdas y se lo quedaría enterito ERC. Un dilema insoluble. Todo esto y los vetos cruzados –algunos lógicos y otros no tanto- abogan a que el PSC va a ser el partido decisivo más allá del día 21. En realidad el partido socialista del Iglesias histórico es desde la llamada Transición el partido decisivo para bien y para mal, con sus virtudes y defectos, para aunar gobernabilidad y cambio a la vez. El problema ha sido, en mi opinión, que sus dirigentes históricos han sobrevivido políticamente en exceso, dirigentes que en su día abrazaron el neoliberalismo como solución a los problemas económicos. Y aún están ahí o lo están por vía teleñeco, como la Susana Díaz en Andalucía. Pero para los barones del PSOE, que dieron el golpe contra su entonces Secretario General –y ahora actual-, el PSC es un problema. Ahora más por dos motivos: no le ha dado en las últimas elecciones generales los escaños que antaño les daba y porque tienen al frente ahora un líder con personalidad, valentía y con cierto talento político. Creo que puede ser o lo será en un próximo futuro una alternativa al propio Pedro Sánchez. Pero para que ambos sobrevivan al presente y al próximo futuro deben convertir en máxima política la siguiente: con el PP y Ciudadanos ni a misa. La contraria, lo contrario, es la vía de los Felipe González y resto de la baronía que ha llevado al PP al Gobierno. Eso y las medidas neoliberales de Zapatero en mayo del 2010. Los medios, los poderes fácticos económicos, la Iglesia y no sabemos si lo militares, presionan al PSC y a su líder Iceta para que forme parte de un gobierno presidido por la líder de Ciudadanos en Cataluña y anti-indepentista Inés Arrimadas. Esperemos que Iceta no se deje llevar por esas presiones porque eso sería explosivo en Cataluña. No es de extrañar que el líder socialista se presente como única solución a pesar de que pueda ser el tercer o incluso el cuarto partido votado en Cataluña. Creo que Iceta se ha dado cuenta de la falacia, de la trampa de la derecha: que en Cataluña, para acabar con la vía unilateral, no pueda haber acuerdo de ningún tipo con los independentistas de Puigdemont, Junqueras y la CUP. Es una falacia porque estos partidos representan la mitad de la población y uno de esos partidos –en concreto ERC- debe y puede convertirse en un partido coherentemente de izquierdas. Para ello ha de abandonar la prioridad independentista que ha presidido sus últimos tiempos y abonarse en lo suyo, en lo social. Iceta es consciente de que sin ERC no habrá alternativa de izquierdas en Cataluña. Más aún, no se podrá formar gobierno, al igual que sin algún tipo de acuerdo o apoyo con Podemos en el Estado español no podrá gobernar Pedro Sánchez. También necesita el PSC el apoyo de los comunes, pero eso no será problemático. Más aún, será la única vía que tendrán los comunes para ser relevantes en Cataluña.

En cuanto a soluciones económicas y fiscales apenas se habla, pero existe una salida coherente con el resto del Estado, viable, aunque difícil políticamente, que es la generalización del sistema del cupo vasco al resto del Estado. No basta con presentarla como una solución sólo para Cataluña porque eso tendría la apariencia de que, gracias al independentismo, esta Autonomía habría conseguido un privilegio. Por ello ha de extenderse a todo el Estado, vía de forma obligatoria u optativa. Existe el tópico de que no sería viable para el país. Es falso, porque todo dependería del importe del “cheque” que tendrían que devolver las Autonomías a la Administración Central del Estado por el sistema del cupo. Generalizada tendría la ventaja de que no habría que calcular cada una de las competencias de las 17 autonomías –más Ceuta y Melilla-, con competencias no exactamente iguales cuando se entra en el detalle, lo que hace que se pueda caer en la arbitrariedad en el cálculo, incluso aunque esa arbitrariedad no sea buscada o interesada. Es más fácil determinar las necesidades de financiación de las competencias de la Administración Central del Estado y que se determine por ley cual sería su financiación y, por tanto, cual sería el importe de cada uno de los 17 cheques que firmarían las respectivas Autonomías. Se podría hacer sin cambiar incluso el Consejo de Política Fiscal y Financiera actual. Parte de lo devuelto al Estado Central serviría además para crear un fondo de solidaridad entre Autonomías con el fin de mantener una tendencia a disminuir la desigualdad per capita. Tendría además la virtud de estimular la lucha contra el fraude en cada Autonomía si parte de lo recaudado de más como consecuencia de ese celo fiscal se lo quedara la propia Autonomía. Más o menos como lo que ocurre actualmente con el cupo vasco. La otra solución es determinar e imputar a cada una de las Administraciones los impuestos y acabar así con los impuestos compartidos y cedidos. Pero esta solución supondría acabar con el sistema del cupo vasco en Euskadi y eso sería crear un problema más, un problema explosivo.

La salida en el tema catalán es Iceta. No es un deseo, es puro análisis político. Este dirigente sólo ha cometido un error: reclamar un perdón para la deuda catalana, todo lo demás son aciertos. Ha propuesto un indulto para los Jordis y demás independentistas que están en la cárcel antes del juicio y eso es un ejercicio de valentía casi insólito. Es verdad que apoyó el 155 pero una vez que se produjo la DUI, no antes como hizo la baronía andaluza. Además, al proponerse como solución en Cataluña, como próximo presidente de la Autonomía, sabe que debe contar con ERC porque de lo contrario las cuentas no salen. Lo sabe Pedro Sánchez y lo saben los enemigos internos de Sánchez, es decir, el resto de la baronía o casi el resto. Los independentistas no van a gobernar Cataluña salvo que tengan mayoría absoluta y los anti-independistas del PP y Ciudadanos, por su parte, están lejísimos de la mayoría absoluta. Incluso lo están con el concurso del propio PSC. Eso al menos dicen las encuestas hoy por hoy. Del talento más que del talante de Iceta depende un futuro en Cataluña sin golpismo jurídico del independentismo y sin golpismo jurídico también del PP.

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