martes 23.07.2019

Recuerdos del futuro: elecciones 28A

El 28 de abril los ciudadanos tienen la palabra y una enorme responsabilidad también: el 28 se decide el futuro de España para varias décadas

Se presentan estas nuevas elecciones con una trascendencia que no han tenido desde que Tejero, Armada, del Bosch y demás secuaces, intentaron un golpe de Estado en 1981 y que, parcialmente y políticamente, lo consiguieron. Con la aparición de Podemos un aire fresco invadió la política, al menos la posible política de izquierdas de este país y no solo la progre (la del PSOE). Indirectamente también la irrupción de Ciudadanos suponía que, por primera vez en la Historia de España, parecían compatibles derecha y democracia. Hasta entonces y más ahora mismo, el partido de la derecha que gobernaba con Rajoy y que había gobernado anteriormente con Aznar era –y ahora se ha hondado– un gigantesco rescoldo del franquismo. Más aún, del franquismo y de todo lo reaccionario y conservador a machamartillo del siglo XIX, con sus pronunciamientos militares, término eufemístico para denominar a los golpes de Estado decimonónicos. Los golpes de Estado siempre son los mismos, lo único que cambia es que en el XIX se hacía con caballos, acompañado a veces también con cañonería de la época; en el XX se hacen con tanques, que da la sensación que solo para eso pueden servir los tanques en España dada nuestra orografía. Aznar se declaró hace tiempo en un periódico digital de la Rioja “falangista independiente”. La página web de entonces ya ha sido borrada. Antes, AP y CP estaban dirigidos por exfranquistas a los que les sobraba el “ex” como Fraga y los llamados siete magníficos. Ya lo decía Aznar implícitamente, que había que gobernar sin complejos, es decir, que si se era franquista se era aunque se pusieran urnas para gobernar. Porque, para estos productos escatológicos de Montañas Nevadas, la democracia solo son urnas, urnas como obstáculos para mantenerse en el poder dado que el padre de todos ellos, es decir, Franco, Franco, Franco, lo había dejado atado y bien atado hasta el Juicio final. Y ahí también estaría Franco y la jerarquía católica integrista de entonces –que es más o menos la misma que la de ahora– para torcer en lo posible la voluntad divina en lo que atañe a la asignación entre cielo e infierno. El gran error de la tildada Transición ha sido creer que una cosa eran los políticos y otra cosa los ciudadanos que, puesto que había urnas, ya todos éramos demócratas. Mentira, como se ha demostrado en las elecciones andaluzas, donde casi 400.000 andaluces han salido del armario ideológico y han votado a un partido que, si pudiera acabaría, con la democracia. Y los que han votado son conscientes de ello vía intuición. No les importa. El peligro es que la izquierda vuelva a cometer un error similar y pueda pensar que no, que los votantes de VOX lo son porque están cabreados por diversas causas con la política y los políticos. Eso sería de nuevo un error. Pero lo de VOX tiene un aspecto positivo: podemos cuantificar a cuantos no les importaría que volviera una dictadura a España en el caso de que el gobierno que surgiera de las urnas no les gustara lo suficiente, que no soportaran que gobernara un PSOE al fin de izquierdas con la ayuda de un Podemos inteligente –aún no lo es del todo– capaz de distinguir lo necesario de lo imprescindible.

El 28 de abril es la hora de los ciudadanos –escrito con minúscula–, de la enorme responsabilidad que contraen los ciudadanos con la política en democracia. Ahí no hay gatera donde esconderse, ahí no vale la abstención porque ésta es un voto al que gana las elecciones o forma gobierno. El voto es el poder fáctico más importante de los ciudadanos en las democracias maduras. España aún no lo es pero está en camino a pesar del PP y VOX. Incluso a pesar de Ciudadanos y los independentistas. Y es madura porque el Estado de Derecho es un mecanismo inexorable que no pueden con él ni la corrupción, ni los másteres falsos o comprados, ni la tardanza de la justicia, ni el voto contra tus propios intereses, ni las mentiras goebbelianas de los Casado y Rivera, ni los periódicos y periodistas mentirosos al servicio del poder, de la empresa en la que trabajan o a la ideología a la que deben su destete como supuestos profesionales. El 28 de abril se vota progresar en un mejor reparto de la tarta de la renta y riqueza, de mantener y mejorar los derechos civiles conquistados, de seguir y mejorar el Estado de bienestar, de ser más europeos y menos provincianos, o bien de volver a las cavernas del franquismo, al catolicismo como poder fáctico sin complejos, a los espadones como símbolo fálico del poder, a la xenofobia legitimada, al machismo como signo de lo cotidiano, al ordeno y mando por cojones de los Rivera, Casado y Abascal, tres patas para un mismo banco reaccionario, machista, antiecológico, xenófobo. Los ciudadanos deciden. Pedro Sánchez, del que tengo buena opinión porque es lo más de izquierdas que se puede ser siendo a la vez Secretario general del PSOE, dijo una barbaridad, una estupidez que puede que lamentemos. Dijo que lo que votaran los ciudadanos, fuera cual fuera el resultado era lo mejor para España. Con esa lógica los trece millones que votaron al partido de Hitler en 1933 fue lo mejor. El resultado fueron más de 50 millones de muertos y otros tantos heridos e inválidos. Pedro Sánchez confunde la legitimidad del voto y la libertad indiscutida del votante con la responsabilidad del mismo. Confunde política con ética. Un error de nuevo como en las primeras elecciones, donde se pensó que, puesto que se votaba, los españoles –todos los españoles– se habían vuelto de la noche a la mañana demócratas, incluso los cientos de miles que aún en 1975 llegaban a la Plaza de Oriente y gritaban desaforadamente ¡Franco!, ¡Franco!, ¡Franco! De aquellos lodos vienen estos barros de VOX y del PP de Casado. En definitiva, el 28 de abril los ciudadanos tienen la palabra y una enorme responsabilidad también: el 28 se decide el futuro de España para varias décadas.

Recuerdos del futuro: elecciones 28A