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sábado. 04.02.2023

Los tres problemas políticos del curso que se avecina

El referéndum sobre la salida del Reino Unido de la Unión Económica, la elección de un fascista en USA y la dimisión de Renzi en Italia como consecuencia del resultado de su referéndum ha marcado la política del mundo Occidental. Hay otros problemas que vienen de antes, como los gobiernos populistas cuasi-fascistas de Polonia y Hungría y el aumento de los partidos xenófobos, antieuropeos y neonazis -como en Austria-, así como el aumento del SKIP en el Reino Unido y en Francia la consolidación de Marine Le Pen como opción a la ¡presidencia de la Republica! Todo lo anterior está laminando el Estado de Derecho y el de Bienestar en Europa, única región del planeta donde se puede hablar de ambos a la vez (con excepciones aisladas en otros lugares como las de Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica o Canadá). La sociología electoral de todos estos resultados electorales –tanto los recientes como los del pasado reciente- pone en evidencia el terrible error de las corrientes marxistas de creer que las revoluciones estaban adscritas a algunas clases sociales, al papel que jugaban los individuos en la economía. No fueron los obreros los protagonistas de la revolución mejicana porque entonces no había obreros, no lo fue de la China con su Gran Marcha de campesinos, y sólo tuvieron protagonismo compartido los obreros en la rusa de 1917 junto con los campesinos y lo soldados que abandonaban en masa el Ejercito zarista. Hoy –pero también ayer- vemos que los mismos ciudadanos que votaban a la izquierda en el alba de las democracias votan en una medida significativa y decisiva aritméticamente a la derecha y a la extrema derecha. La nueva lucha de clases –pero también la vieja- no es un dilema entre clases sociales diferenciadas por su papel en la economía, entre asalariados y capitalistas, entre obreros y explotadores supuestamente, entre proletarios de antaño del sector fabril y sus propietarios, sino es una lucha entre zoquetes e ilustrados (más o menos). Las elecciones en USA, en España, en general en toda Europa –las habidas y las que se proyectan- indican que esta es la contradicción principal, la verdadera lucha clases de hoy y de siempre. En definitiva, es el nivel cultural unido al paroxismo de un miedo sin fundamento a perder la pequeña propiedad, el egoísmo y la búsqueda del privilegio, lo que convierten a los ciudadanos con menor nivel intelectual –mayores, habitantes en zonas rurales, pensionistas- en reaccionarios, en votantes contra sus propios intereses, incapaces de distinguir la propaganda de la información, castrados intelectualmente por sus miedos y egoísmos para analizar los torrentes de información que Internet y lo digital nos invade en este siglo pero que antes fue la televisión y más atrás en el tiempo la radio.

Siguiendo con lo anterior y como un caso particular de esa lucha de clases que invade la Historia, el principal problema político de España son los más de 8 millones de votantes del PP que hacen del partido de la corrupción el partido más votado. Esto no cuestiona el derecho a estos ciudadanos a votar lo que les venga en gana, lo mismo que no se cuestiona los millones que han votado a Donald Trump en USA y lo mismo que no se ha cuestionado el derecho de los 17.277.000 millones que votaron al partido de Hitler (NSDAP) en 1933. Pero lo que no pudieron evitar entonces –ni siquiera los que se arrepintieron- fueron sus consecuencias y estar por ver si en los próximos meses seguirán satisfechos en USA los votantes del nuevo fascista al modo USA que ha salido de su rascacielos de oro desde la Gran Manzana. En España el PP no es que sea un partido con casos de corrupción, es que es el partido de la corrupción porque, sin su presencia el partido sería otro y su papel, su presencia aritmética en el Parlamento de la nación, sería menor, quizá significativamente menor. Además es el partido de la mentira generalizada, el partido que hace lo contrario de lo que promete sistemáticamente. Si los votantes de PP quisieran acabar con la corrupción de su partido e indirectamente de los casos de corrupción de los demás, sólo tendrían que dejar de votar a ese partido –al menos en las encuestas- dos millones de ellos. Indirectamente también se acabaría con los otros casos de corrupción de los otros partidos aplicando el refrán de las barbas de tu vecino. Pero a los votantes del PP no les llega la dignidad al nivel donde se alojan equivocadamente en general sus intereses objetivos económicos. A la inmensa mayoría de sus votantes no les interesa la austeridad económica del PP solicitada por la Merkel para la Unión Económica, no les interesa el aumento de 350.000 millones de Deuda Pública que van a tener que pagar alícuotamente tarde o temprano –de inmediato los intereses-, no les interesa el déficit cero, no les interesa los 5.500 millones que van a tener que acoquinar por las radiales, no les interesa que disminuyan los ingresos de la Seguridad Social a pesar que de aumenten el número de cotizantes, no les interesa los 41.000 millones aportados por el Estado –es decir, con nuestro impuestos- para supuestamente solventar los desaguisados de los Blesa y Ratos de turno en el sistema financiero, no les interesa que sólo aumente un 0,25% su pensión en el caso de los votantes pensionistas del PP cuando la inflación va a estar en el 1,50%, no les interesa la ley mordaza aunque no la valoren –democracia para qué- etc. Y no les interesan las decisiones erróneas de política económica tomadas a consecuencia de la corrupción además del coste directo de la propia corrupción. El problema es que esto no es fácil de ver si tu nivel intelectual y tu dignidad apenas sobrepasan los tobillos y si no se ve cómo la situación particular de cada individuo se conecta con lo general. Sé que esto que digo es políticamente inadecuado, va en contra tanto de los intereses de la Derecha y de los análisis tradicionales de la Izquierda, pero la realidad es tozuda y las cornamentas se acaban astillando antes los muros de los hechos.

El segundo problema político de este país sigue siendo la imposibilidad de que las distintas izquierdas –supuestas izquierdas, izquierdas a veces sólo en el terreno sociológico- se pongan de acuerdo para mandar a las derechas al muro de sus lamentaciones. Pasó en el siglo XIX, pasó en la República dentro del propio PSOE y en la llamada Guerra Civil –nombre de lo menos apropiado para tal hecho histórico- pasó entre socialistas, comunistas y anarquistas. En la dictadura franquista no tanto porque sólo hubo un partido de peso que luchara contra la misma que el fue el PCE, es decir, el Partido. Ahora, con el surgimiento de un nuevo partido a raíz del 15-M –no digo que sea su causa- que es Podemos se vuelve a esas dificultades. Nada más significativo, nada más sintomático para saber si dos o más partidos son realmente de izquierdas que comprobar si son o no son capaces de ponerse de acuerdo para un fin concreto como es el de mandar a Rajoy -en este caso- a las galeras de la Oposición. Si eso no ocurre, si no se ponen de acuerdo es que uno de los dos o los dos –me refiero, claro está y en este caso concreto, al PSOE y a Podemos- no son de izquierdas. En este caso no lo son ninguno de los dos. El PSOE porque dejó de serlo desde Suresnes, desde que Felipe González aterrizó en el partido; en el caso de Podemos porque aún no lo es. El PSOE abandonó el keynesianismo –que es la base intelectual de la socialdemocracia de la segunda mitad del siglo XX- cuando dijo, a estancias de Felipe, que abandonaba el marxismo: error histórico y mentira anudadas en una. A partir de ese momento su reconversión al neoliberalismo fue clara y notaria con la elección de los ministros de Economía Boyer y después Solchaga en los gobiernos de Felipe González. En el caso de Podemos se da el caso de que la realidad va en contra de la propaganda o de la visión periodística de sus protagonistas. En apariencia periodística la corriente pablista es de izquierdas mientras que la errojonista es transversal. La realidad es la contraria si traemos a colación el aforismo evangélico de que por sus obras les conoceréis. Y mientras no triunfe la corriente errejonista en Podemos y mientras en el PSOE no se produzca su reconversión a la socialdemocracia –no se le pide más- como la intentada aparentemente por Pedro Sánchez hasta su defenestración, defenestración auspiciada por Felipe González y sus marionetas, no será posible un pacto entre ambos partidos que mande a Rajoy a su plaza de registrador de la propiedad donde nunca ha trabajado. Tanto PSOE como Podemos han tenido la oportunidad de hacerlo, pero ambos han fallado. Lo han hecho por causas diferentes, por errores diferentes, en momentos diferentes, pero han fallado. Lo que tienen que mentalizarse ambos, sus dirigentes, sus militantes y buena parte de sus votantes, es que a corto y medio plazo, si quieren echar a Rajoy y el PP del Gobierno, han de llegar a algún tipo de acuerdo mal que les pese. Y además ahora apelando a la abstención de Ciudadanos. Difícil, pero no hay otro camino, porque ni el PSOE va a abandonar su suelo a poco que no siga defraudando a sus votantes más conservadores en su papel de socio vergonzante de la Gran Coalición a la vez que Oposición vergonzosa; rehén del PP en lo fundamental pero con propaganda para sus posibles votantes para las migajas que el partido de Rajoy lo permita. Difícil pacto mientras Podemos no se haga mayor, pegue un estirón ya, ya que no puede esperar a la adolescencia ni a la pre-adolescencia y aprendan los podemitas de Gramsci estrategia, de Lenin táctica –pero no la del Lenin de democracia para qué-, de Kant ética política y se olviden de que pueda existir un populismo de izquierdas porque eso es una contradicción en los términos. Cuando sepan de estas cosas no dudarán y cuando tengan otra vez la oportunidad de estar en la Oposición contra el Pedro Sánchez de turno en lugar de contra el Rajoy de siempre, esa vez votarán lo contrario de lo que hicieron en el 2016. Error fundamental, tremendo que no pueden volver a repetir si no quieren verse encajonados definitivamente en sus 5 millones de votos. Que son pocos o muchos según para qué fin: para estar en la Oposición riendo las gracietas de Mariano o recordando la cal viva de Felipe son más que suficientes; para ir a una alternativa a Rajoy son insuficientes, muy insuficientes. Y la oportunidad se volverá a presentar porque Podemos se consolidará como partido a pesar de los errores tremendos cometidos. Podemos ya ha agotado su carrera de errores derivados de creer que hay que elegir entre estar en la calle y en las instituciones. Ambas opciones no son contradictorias sino complementarias. Eso es ser de izquierdas, entender y desarrollar ambos caminos, ambos ámbitos, recordar algunos aciertos de Marx, creerse a Gramsci, algo de Lenin, bastante de Kant y olvidarse de Laclau y señora.

El tercer problema político es en realidad intelectual pero con consecuencias política y económicas. Es pensar y sacar conclusiones de que el neoliberalismo intervencionista ha fracasado. Lo mismo que se le achacó al keynesianismo a mediados de los 70 la existencia de estancamiento con inflación, ahora podemos concluir que la austeridad expansiva –versión vergonzante de lo neoliberal intervencionista- ha sido un fracaso y un error allí donde se ha ensayado. En USA Obama practicó un keynesianismo moderado y tuvo resultados más que aceptables; en Europa la Merkel, el BCE antes de Draghi y el FMI impusieron una austeridad a medida de Alemania y el resultado es un registro de un 26% de paro en su momento en España y alcanzar los dos dígitos en esto en Francia e Italia, por no hablar de Portugal y Grecia. Y a ello añadir que ahora los pobres son más y más pobres y los ricos son más ricos que antes de la crisis según nos dicen los índices de Gini de la OCDE. Países europeos con aumentos notables de la Deuda Pública, con déficits persistentes, con tasas de paro a veces tercermundistas, con deterioros de la Sanidad y Educación pública notables, con respuestas xenófobas a estos problemas por los ciudadanos europeos, muchos de los cuales antes votaban a la izquierda, con una juventud sin futuro, con unas pensiones amenazadas y con salvamientos millonarios de bancos y cajas a costa de nuestros impuestos. Este es el legado de la austeridad expansiva. Y en España todos estos elementos –salvo quizá la respuesta xenófoba- se exacerba. España tiene problemas propios o compartidos, pero agravados: el fraude fiscal y en las cotizaciones, la baja participación de lo público en el PIB, impuestos insuficientes, salarios ahora insuficientes para salir de la pobreza, campeones de la desigualdad –sólo nos ganan los países bálticos y el Reino Unido según la OCDE-, salario mínimo ridículo a pesar de la subida del 8%, reforma laboral lacerante, 4.320.000 parados según EPA, tasa de paro juvenil del 41,94%, 2.030.600 parados desde hace más de un año, 1.438.300 de hogares con todos sus miembros en paro, 13 millones en el umbral de la pobreza y más de 700.000 ciudadanos sin ninguna fuente de ingresos. Esta es la herencia recibida de Rajoy de manos del mismo Rajoy. A ver ahora como engaña a sus votantes. En el FMI, en Europa, en el BCE de Draghi ha comenzado el giro y se ha reconocido el fracaso de la austeridad expansiva y la de esos supuestos multiplicadores expansivos desde la austeridad. Queda ahora pasar de lo intelectual a los hechos, a nuevas políticas distintas. La base pseudo-intelectual de la austeridad ha fracasado y la desigualdad tan pronunciada de rentas y riquezas de las sociedades necesita también de mentiras intelectuales para perpetuarse, es decir, de pseudo-intelectuales. Veremos.

Los tres problemas políticos del curso que se avecina