domingo 23.02.2020

¿Solos o en compañía?

Podemos tiene 42 escaños en el Congreso que son imprescindibles para condicionar las políticas del PSOE y, en especial, los presupuestos que tienen que hacerse casi de inmediato porque Bruselas los espera como agua de mayo

En las elecciones del 28A conviene desterrar algunos errores que se están manejando sobre el resultado electoral. El primero y principal es el de que ha ganado claramente la izquierda por el hecho de que la suma de los escaños de PSOE, Podemos y Compromis superan en 18 a la suma de PP, Ciudadanos y VOX. La realidad es que solo superan estas tres izquierdas en votos a las tres derechas en 216.645, una bagatela. Lo que hay, en realidad, es un empate técnico. Si fuera proporcional estas tres izquierdas tendrían los mismos escaños que estas tres derechas o, a lo sumo, tendrían un escaño más. Es verdad que ERC ha superado en votos a los convergentes catalanes en 517.717, pero también que la suma de PNV, CC y Navarra Suma es de 638.922 votos. Aún no son los resultados definitivos porque son datos escrutados al 99,98% y faltan los votos por correo doméstico y los de los residentes ausentes (CERA). Esta vez la fragmentación de las circunscripciones (provinciales) y el tamaño mínimo de escaños por circunscripción ha favorecido a la izquierda y no a la derecha. Porque otro de los tópicos que hay que desechar es el de que es la ley D´Hont la culpable de que el sistema no sea estrictamente proporcional. Otro más de los tópicos y errores es el de que el sistema electoral ha favorecido notablemente a las formaciones nacionalistas porque eso ocurre –cuando ocurre– en una pequeña aunque no despreciable medida. Hacer, además, análisis sociopolíticos –como hacen algunos políticos y periodistas– con los escaños y no con los votos es merecedor de tarjeta roja y expulsión.

Visto lo anterior no se puede argumentar que los españoles, sean pensionistas, asalariados, autónomos, falsos autónomos, parados o estudiantes, se hayan vuelto más de izquierdas que lo eran hace un suspiro político. Y esto no lo digo para resignarse de la situación, sino para constatar la contradicción y la incoherencia de que la mitad más o menos de estos colectivos votan opciones de derechas a pesar de que éstas les perjudiquen claramente. Y ante esta situación, Pablo Iglesias ha manifestado querer un gobierno de coalición con el PSOE porque afirma que “somos una fuerza imprescindible para que haya un Gobierno  de izquierdas”, lo cual supone dos cosas: confundir las posibles políticas de izquierdas con gobiernos de coalición de izquierdas e intentar hacernos creer que Unidas Podemos, por el hecho de tener dos o tres ministerios, asegura políticas de izquierdas. En especial los votantes que fuimos de Podemos no podemos –valga la redundancia– olvidar que en el 2016, con nuestro voto, permitieron los morados que siguiera gobernando M punto Rajoy. Fue un error estratégico monumental y que, interpretando las palabras de ahora de P. Iglesias, no desechan volver a cometer. Es verdad que rectificó en el 2018, pero dio oxígeno a la derecha durante dos años y que solo la estulticia de Casado y Rivera, la ambición política legítima de Sánchez y la mitad de los votantes españoles, ha permitido rectificar. No entramos en errores menores de Iglesias porque, comparados con los del tándem del trifachito, son pecatta minuta. A Iglesias le falta señalar –como ha hecho Junqueras de ERC desde la cárcel– que ni por activa ni por pasiva permitirá un gobierno de la derecha. A Iglesias y a Podemos les falta madurez para ser consecuentemente de izquierdas y estas oportunidades no hay que desperdiciarlas. Podemos tiene 42 escaños en el Congreso que son imprescindibles para condicionar las políticas del PSOE y, en especial, los presupuestos que tienen que hacerse casi de inmediato porque Bruselas los espera como agua de mayo. Fuera del Gobierno, además, le proporcionaría a la formación morada una libertad de crítica y voto que no se la da si algunos de sus supuestos representantes tuvieran algún ministerio. El problema para Podemos es que hay mucha diferencia en escaños entre el PSOE y ellos. Quizás lo mejor que pueden hacer es la autocrítica, a ser posible acertada y no autojustificativa, por sus resultados puesto que han perdido 19 escaños de los que tenía y eso que no estaban en el Gobierno. En realidad si estuviéramos en otra época –finales del XIX y principios del XX- recuerda Podemos a aquellos partidos supuestamente radicales que se presentaban como de izquierdas pero que acaban sirviendo a la derecha. Esperemos que eso no se así, que lo del 2016 sea un pecadillo de juventud y que la lección está aprendida. Sería bueno para el conjunto de la izquierda política del país pero, sobre todo, sería bueno para el partido morado. Este mes que viene, con las citas electorales pendientes y la investidura también pendiente para la formación de Gobierno, es un buen test para lo anterior.

Hay que aprovechar la circunstancia –además de el sistema electoral– de que los tres líderes de las derechonas compiten para ver quién es el más tonto: si Casado casándose con VOX antes de las elecciones, Rivera manteniendo el “cordón sanitario” al PSOE después de las elecciones o Abascal notándosele tanto que es un excremento del franquismo defecado de las tripas del PP. Esto hay que aprovecharlo además de aprovechar que la derecha nacionalista vasca no puede coaligarse con el nacionalismo españolista de las derechonas, y que ERC, al fin, se ha dado cuenta de que, además de independentista, debieran ser de izquierdas. Claro, así se lo han dejado a huevo todos –el trifachito y Podemos– para que Pedro Sánchez no tenga más opción que formar un gobierno monocolor y Pedro, un chico obediente y yerno ideal para toda madre con hijas casaderas, se va a poner con ahínco a semejante tarea. Decían de Zapatero que tenía baraka, que en el islamismo significa bendición y que en nuestro latín vulgar –sermo vulgaris–, que es el castellano, significa suerte. En el caso del PSOE de Pedro Sánchez es que le han comprado entre todos y gratis la papeleta premiada.

¿Solos o en compañía?