jueves 21.11.2019

Podemos y la izquierda en la encrucijada

En mi anterior artículo en Nuevatribuna.es –y perdón por citarme- decía que tanto el partido de Unidas Podemos como el de Ciudadanos eran ya una crónica de una muerte anunciada, remedando el genial libro de García Márquez. Y lo eran por errores propios y no por una inercia política que llevara a su inevitabilidad. Pero confieso que veía más cerca el final de Ciudadanos que el de Podemos porque el partido de Rivera había cruzado el Rubicón de su margen de maniobra al convertirse en una copia adulterada del PP, en esa carrera desaforada por copular políticamente con el partido de Abascal. Ciudadanos ha dejado un hueco inmenso a su izquierda para que un partido liberal consecuente lo ocupe. Sin embargo la irrupción de un partido a la izquierda del PSOE como es el de Más País ha roto el calendario de ambos destinos y pareciera que el de Pablo Iglesias está más cerca de llegar a la irrelevancia política –primer paso para su desaparición- que el de Rivera.

Lo prioritario para un partido de izquierdas es asegurar un gobierno que, además, haga una política de izquierdas, incluso aun cuando algunos de los actores fueran renuentes por motivos varios a hacer esa política

Pero en este artículo me quiero centrar en el partido podemita porque me parece significativo lo que está ocurriendo en un partido supuestamente de izquierdas, pero que comete continuamente errores para sí mismo y para la causa de la izquierda. Cuando eso pasa de continuo ya no es un error coyuntural, sino una característica de su visión del mundo y de su papel en un contexto determinado. La visión trivial y periodística del problema del imposible entendimiento entre PSOE y Podemos pareciera deberse a un problema subjetivo, una cuestión de mala baba entre los dos líderes, entre Sánchez e Iglesias. Creo que ha llegado el momento de dar un paso más y caracterizar al partido que nació -recogiendo un texto de Marx- para asaltar los cielos. Para ello tiremos del hilo de cuál es la visión de su líder en Podemos, porque parece que cuenta con el apoyo de la mayor parte de la militancia y de sus posible votantes. Pablo Iglesias ha dicho que “nosotros no hemos venido para apuntalar el bipartidismo”. Este texto es mucho más significativo que cualquiera de las declaraciones que haya hecho Iglesias, incluidas las que se derivaron en su enfrentamiento con el líder del PSOE cuando parece que se intentó la investidura en julio. Parece un objetivo loable y legítimo menoscabar el bipartidismo porque eso permitiría y obligaría a formar coaliciones, bien sea de gobierno, programáticas, de legislatura, etc. El problema es si este objetivo es el prioritario para un partido de izquierdas. Incluso también si lo sería para un partido de derechas. Lo prioritario para un partido de izquierdas es asegurar un gobierno que, además, haga una política de izquierdas, incluso aun cuando algunos de los actores fueran renuentes por motivos varios a hacer esa política. En vista de las palabras de Iglesias lo anterior no es una perogrullada. ¿Cuál es el error de Iglesias al colocar en el frontispicio de su política el bipartidismo? Pues que acabar con el bipartidismo no impide necesariamente que gobierne la derecha. Lo hemos visto en Andalucía y Madrid, que ¡sin bipartidismo gobierna el PP porque las derechas –una de la cuales es fascista- se han unido en torno a una de ellas, en torno al PP! Acabar con el bipartidismo no puede ser un objetivo prioritario de la izquierda sino que es el de trincar BOE, dicho sea en el sentido más noble del término. Eso lo ha hecho la derecha dividida en tres partidos, una de la cuales se tilda a sí misma de liberal y la otra es un rescoldo del franquismo sociológico que aún persiste en una parte de los ciudadanos españoles. Un dirigente político debiera acotar el objetivo de finiquitar el bipartidismo y preguntarse a costa de qué. Y el coste para la izquierda y para la población española que ha sufrido la austeridad marianista, la ley mordaza, la reforma laboral, la prioridad de lo privado, el reforzamiento de los privilegios, etc., es dar oportunidades a la derecha para que gobierne. Ya sabemos que, por lo que respecta a Iglesias, el PSOE no va a gobernar si no está cerca de la mayoría absoluta y necesite, tan solo, del PNV y poco más. Si juzgamos a las personas y partidos –en este caso- por sus obras como pide el Evangelio cristiano, el partido de Iglesias se ha convertido en un aliado de la derecha, es decir, en un partido de derechas a pesar de su verborrea de izquierdas. Porque es posible que Iglesias tenga razón y consiga con su hercúleo esfuerzo intelectual y político acabar con el bipartidismo –ya decimos que la derecha no necesita llegar a ese extremo-, pero lo será a costa de facilitar que el “trifachito” se haga con el BOE, lo cual sería letal para lo publico y para el Estado de Bienestar, para los que no llegan a fin de mes con sus salarios y/o rentas, para muchos que buscan una vivienda, para asalariados que no llegan a fin de mes, para muchos autónomos que les pasa los mismo, para los millones de españoles que no salen del umbral de la pobreza incluso con un empleo, como estamos viendo en Andalucía y como se apunta en la Comunidad de Madrid.

Visto lo anterior se entiende la irrupción en la arena de un nuevo partido. A diferencia del hueco de Ciudadanos que se produce por su inconsistencia ideológica y por los errores tácticos de Rivera y los suyos, el error de Iglesias –por lo que se ve por su insistencia y explicación definitiva- se debe a que el Podemos de ámbito nacional es solo de izquierdas en los papeles, en su verbalismo, pero no lo es ni por sus alianzas ni por su estrategia. Eso no significa que los demás partidos no cometan errores y me refiero al propio PSOE, pero son siempre errores tácticos rectificables dentro de un contexto ideológico. El partido de Pedro Sánchez era con Felipe González –incluso con Zapatero- un partido socioliberal que no llegaba a socialdemócrata al haber abandonado el keynesianismo y agarrarse al palo mayor del neoliberalismo, a veces intervencionista a favor de intereses empresariales de grandes empresas y bancos, todo ello en medio de una tormenta económica recesionista. Pedro Sánchez ha convertido al PSOE en un partido pragmático, en un partido cuyo objetivo es el Gobierno, en un partido que puede acordar una subida del 1% el salario mínimo con Ciudadanos un mes o más del 22% con Podemos al mes siguiente, en un partido que puede aliarse con Ciudadanos o con un Podemos que no le exija una coalición de gobierno. El PSOE no da más de sí, y ni por su historia dentro de la democracia ni por su inercia le llevan a otra cosa: el chicle que se ha secado no se puede estirar sin peligro de ruptura. Precisamente el partido de Iglesias debiera cumplir la misión de socialdemocratizar al partido de Sánchez mal que le pese al propio Sánchez. En lugar de eso, Podemos, de la mano de Iglesias y de su cúpula depurada de elementos críticos, se ha convertido en una especia de quinta columna de la derecha. El nuevo partido de Errejón, Más País, no tiene de momento más fin y cometido que rectificar ese error, derribar esa columna y permitir que el conjunto de la izquierda dé la investidura al PSOE en solitario, pero con un programa acordado entre las tres izquierdas que ya están aquí. De no ser así, o gobernará las tres derechas o el PSOE con Ciudadanos. No hay más opciones. Y eso ocurrirá con bipartidismo apuntalado o con bipartidismo crepuscular; da igual, bipartidismo sí, bipartidismo no, es irrelevante en estos momentos. Iglesias se equivoca de objetivo y con él todo el partido. ¿Podrá rectificar aún? Parece demasiado tarde porque otro actor le ha quitado la silla abandonada y ya se sabe que el que fue a Sevilla … El 10N se resuelve la cuestión.

Podemos y la izquierda en la encrucijada